Halving de Bitcoin: la otra Declaración de Independencia

halving_bitcoin_independenciaMientras hoy, 9 de Julio del 2016, los argentinos festejan el bicentenario de la Declaración de Independencia, acontecimiento que supuso el principio del fin de la dominación por parte de la monarquía española, otro importante acontecimiento tendrá lugar en la misma fecha, uno que interesa a los partidarios de la libertad en todos los rincones del planeta, y que también simboliza la resistencia a una larga dominación.

Como los habitantes de las colonias españolas del siglo XIX, hoy nosotros, los habitantes de la nueva economía descentralizada y digital, nos rebelamos contra lo que entendemos como una flagrante violación de nuestros derechos más elementales. Aunque nuestra “Declaración de Independencia” tuvo lugar el 3 de enero del año 2009 –fecha de lanzamiento de Bitcoin y primer paso hacia la separación entre Moneda y Estado–, hoy, 9 de julio de 2016, celebramos el segundo “halving”. (Así recibíamos el primer halving).

¿Halving?

Bitcoin va camino a reemplazar al oro en su rol de moneda universal e incorruptible. Para poder asegurar la escasez de las unidades monetarias, la cantidad de bitcoins que se generan cada aproximadamente 10 minutos se reduce de manera automática a la mitad cada 210.000 bloques de transacciones (lo que equivale a unos 4 años). Así, el 3/1/2009, con el primer bloque, se generaron los primeros 50 bitcoins, y siguieron generándose 50 bitcoins cada 10 minutos hasta que el 28/11/2012, llegado el bloque 210.000, la emisión se redujo a 25 bitcoins por bloque. A esta reducción a la mitad de la emisión monetaria, que es una de las reglas básicas del protocolo de Bitcoin, se le dice halving (“reducir a la mitad” en inglés), y ocurrirá hoy por segunda vez. A partir de hoy, entonces, pasarán a generarse 12,5 bitcoins cada 10 minutos por otros 4 años. Se calcula que la última fracción del último bitcoin será generada en el año 2140, y nunca habrá más de 21 millones de bitcoins (cada uno de los cuales es infinitamente divisible).

Es en gran medida en virtud de este aumento decreciente y predecible de la masa monetaria que Bitcoin compite, por un lado, con el dinero fiat emitido por los distintos gobiernos (dinero inflacionario y censurable), y por otro lado con el oro (elemento que no puede ser transmitido electrónicamente). Así pues, lo que Bitcoin permite hacer (transmitir valor a través de internet sin permisos y sin intermediarios) es tan importante, y explica tanto su creciente adopción, como lo que prohíbe hacer (emitir moneda discrecionalmente para financiar el déficit presupuestario a expensas de la población productiva). El halving demuestra que es posible poner límites al abuso de las autoridades a cargo de la política monetaria. De hecho, la propia existencia de Bitcoin demuestra que la política monetaria no es necesaria –en otras palabras, que no necesitamos un comité de “expertos” decidiendo qué hacer con el valor de nuestro dinero–.

¿Pero acaso tiene sentido hablar de “nuestro dinero” si otros pueden corromperlo fácilmente para tomar el fruto de nuestro trabajo?

Independencia monetaria

Ser dueño del propio dinero es condición de posibilidad de toda declaración de independencia verosímil, sea esta individual o colectiva. No por casualidad los movimientos independentistas siempre han buscado emitir su propia moneda, desde los sheckels de plata acuñados en Jerusalén durante la rebelión judía contra Roma en el 66-70 dC, pasando por las coronas escocesas de plata acuñadas a lo largo del siglo XIV en Edimburgo, durante las guerras de Independencia de Escocia; los billetes de Massachusetts de 1776, emitidos a principios de la Guerra de Independencia de los EE.UU.; los soles de plata y oro acuñados en 1813 y 1815 por los rebeldes de las Provincias Unidas del Río de la Plata; y más recientemente el “eurocat”, la moneda digital que se propone como medio de intercambio para la futura “República de Cataluña”.

La independencia de un pueblo con respecto a la dominación extranjera es algo digno de encomio y celebración, tanto como lo es la independencia de una minoría dentro de ese pueblo, o de una minoría dentro de esa minoría, y así hasta llegar a la persona singular, unidad soberana indivisible y fundamento último del Derecho. Nada justifica la dominacion del individuo por parte de quienes dicen encarnar un destino común (y bajo tal quimera omiten preguntarnos si adherimos al proyecto colectivo que ellos promueven).

Como cualquier otro monopolio basado en la compulsión, el monopolio sobre la moneda es moralmente inaceptable y económicamente pernicioso. Por eso nosotros, los habitantes de la nueva economía descentralizada y digital, hemos declarado nuestra independencia monetaria. Porque es lo justo, pero también porque sin ella toda otra forma de independencia se torna frágil e inestable.

Reivindicamos el derecho a elegir libremente la moneda en función de nuestras necesidades –coincidan o no con los objetivos circunstanciales de tal o cuál gobierno–, con la misma convicción y por las mismas razones que reivindicamos el derecho de cada individuo a elegir libremente su dieta, su ocupación o su pareja.

Inspirados por los patriotas de antaño, no estamos exigiendo nuestra libertad; estamos tomándola, defendiéndola, y anunciando al mundo nuestra firme intención de conservarla.

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