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Desenmascarando a los invasores: 13 paradojas de Blockstream / Core

Cuanto peor funciona la red, más fácil les resulta a los cryptoleninistas presentarse como los únicos capaces de resolver los problemas que ellos mismos han fabricado, mientras acusan de todos los males a los partidarios de eliminar la planificación centralizada de la economía –esto es, a los partidarios de mejorar, abaratar y descentralizar el sistema–, al menos ante las masas de analfabetos funcionales que habitan los foros controlados por Blockstream / Core. Cuanto peor, entonces, mejor.

El cryptoleninismo es un sistema de creencias independiente de la realidad. En ausencia de ideas meritorias que defender, la ilusión de coherencia se mantiene entre sus creyentes gracias a una serie de tácticas de manipulación psicológica bien conocidas, empleadas con maestría –esto hay que reconocerlo– por los Blockstream boys. Su dominio del garrote (del temor a los ataques por el crimen de expresar alguna objeción) y de la zanahoria (la recompensa por expresar lealtad al líder supremo) los ha liberado de la tarea de argumentar, y les ha bastado para extinguir por completo la disidencia dentro de la burbuja informativa que ellos dominan.

Cada uno de los Blockstream boys es un político de raza, tan cínico e inescrupuloso como el que más, dispuesto a todo con tal de aumentar su poder coactivo sobre los usuarios de Bitcoin. Si no entendemos esto, seguiremos adhiriendo a las reglas de un debate honesto mientras ellos se atienen a los métodos propios de una organización totalitaria –algo equivalente a jugar al ajedrez con un rival dispuesto a usar en nuestra contra un bate de beisbol–.

A efectos de repeler la invasión, desenmascarar a los invasores es hoy más importante que reiterar por enésima vez unos argumentos a los que nunca responderán. Y qué mejor manera de hacerlo que poner en evidencia algunas de las paradojas más hilarantes de Blockstream / Core:

♦ Descentralización vía centralización del desarrollo (Core = Bitcoin).

♦ Consenso mediante la eliminación de todas las opciones (bloqueo de la configuración del tamaño de los bloques).

♦ Todo el mundo debe ser capaz de mantener un nodo en un ordenador de USD 5, para supervisar transacciones por las que se paga una tarifa de USD 100.

♦ Debemos reemplazar un sistema que es atacable en teoría (aumento de la capacidad de la cadena de bloques) con un sistema que sólo funciona en teoría (Lightning network como red de malla descentralizada).

♦ Debemos interferir en el libre mercado (de espacio en los bloques) para crear un “mercado de tarifas“.

♦ No podemos aumentar el tamaño de los bloques porque nos preocupa la centralización; apoyamos Segwit, que multiplica hasta por 4 la carga de la red.

♦ No podemos tener un hard fork contencioso porque es muy peligroso (crearía dos monedas, dividiría el poder de cómputo, etc.). Si empiezan a aceptarse bloques de más de 1MB proponemos un cambio de algoritmo de prueba de trabajo vía hard fork.

♦ El poder de cómputo es más importante que el número de nodos (cuando Core superaba a XT en poder de cómputo); el número de nodos es más importante que el poder de cómputo (cuando BU superaba a Core en poder de cómputo).

♦ Es necesario limitar la capacidad de la cadena de bloques para crear un mercado de tarifas que incentive a los mineros. Para escalar, debemos llevar las transacciones y las tarifas fuera de la cadena de bloques.

♦ Bitcoin está a punto de partirse en dos por el asunto del límite al tamaño de los bloques. No hay demanda del mercado para bloques más grandes.

♦ ¡Los mineros que producen bloques vacíos están atacando a Bitcoin! Los bloques deberían ser más pequeños.

♦ Recaudamos 76 millones de dólares de mega-corporaciones transnacionales… para defender a Bitcoin.

♦ Creemos que el límite al tamaño de los bloques protegerá a Bitcoin contra el spam; nos quejamos de los “ataques de spam” cada vez que la red está congestionada.

Fuente: R/BTC

Tan disparatada es la propuesta de la gente de Blockstream / Core, que sin el enorme esfuerzo económico que ha sido destinado a la subversión de Bitcoin todo su imperio de mentiras caería en minutos.

Como un vampiro expuesto a la luz del sol, el cryptoleninismo se desintegra cuando es expuesto al examen racional. De ahí que los Blockstream boys se tomen tan en serio la fabricación y la defensa de su relato mediante la propaganda y la censura.

Pero esa no es una buena estrategia de largo plazo en la era de internet. La burbuja informativa tarde o temprano estalla, sea por el contacto con la verdad o bien por la creciente inestabilidad que generan sus propias contradicciones.

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La difícil tarea de domesticar a Bitcoin

 

Tejón melero

Con el mismo desconcierto que observamos el comportamiento aparentemente suicida de ciertos roedores, cabe observar el comportamiento de aquellos que, tras haber invertido en Bitcoin, se someten de buen grado a una organización que rechaza los principios básicos del funcionamiento de Bitcoin. Sin el más mínimo resabio de espíritu crítico, hipnotizados por la generosa barba de un ideólogo cuya propuesta, tomada en serio, implicaría la destrucción de Bitcoin, se asemejan a la grey que atribuye poderes sobrenaturales a los funcionarios a cargo de manipular el dinero fiat. No es la sustentabilidad o la solvencia del sistema lo que inspira su confianza, sino el halo de misterio que envuelve a los expertos en planificar la política monetaria.

Según los líderes del movimiento cryptoleninista, los desarrolladores no están para resolver los problemas que experimentan los usuarios de la red. Lejos de ofrecer soluciones que los usuarios son libres de adoptar o rechazar, la misión del desarrollador es darle forma a la red mediante intervenciones inspiradas en teorías a las cuales el usuario debe adaptarse con docilidad. Desde esta perspectiva, cualquier concesión a las demandas del usuario implica una capitulación ante las fuerzas del mercado –¡vade retro!– y una traición a la doctrina preconizada por la vanguardia intelectual.

La solución al problema de los generales bizantinos, cortesía de Satoshi Nakamoto, debe ser entonces abandonada y sustituida por una serie de experimentos en los que somos obligados a participar. Niégate a participar en el último plan quinquenal y serás tratado como un engranaje obsoleto, incapaz de cumplir con su nuevo rol. Tienes que resignarte; no hay tiempo para explicaciones: el poder de cómputo debe ser sustituido por encuestas de Twitter infestadas de títeres, la competencia entre implementaciones por campeonatos de berrinches en las redes sociales, el debate por maniobras políticas (léase: amenazas), el consenso emergente por cumbres de pseudo-representantes al estilo G7, entre otros rituales que no necesariamente agradan a los ingenieros sociales pero que son vistos por ellos como peldaños ineludibles en la escalera hacia la utopía cryptoleninista.

¿Te has preguntado cómo luciría, en la práctica, el sistema que los cryptoleninistas quieren imponernos? No hace falta imaginarlo, porque ellos mismos lo han explicado. Tarifas de USD 100 o más no van a ser un problema, según parece, porque Bitcoin es “oro digital”. Aparentemente no hay ninguna otra criptomoneda merodeando el almuerzo de Bitcoin, salivando con la mirada clavada en ese plato que tanto trabajo ha dado preparar. Aparentemente, las personas y las empresas que han sido empujadas fuera de Bitcoinlandia por la política de tarifas artificialmente elevadas van estar felices de mantener nodos dentro de un sistema que no pueden utilizar. Aparentemente, lo negro es blanco y arriba es abajo.

Por si no ha quedado claro el objetivo último de los Blockstream boys, veamos un ejemplo concreto de lo que nos tienen preparado. Supongamos que han logrado mantener artificialmente restringido el tamaño de los bloques, de modo tal que necesitas abrir un canal de pagos –lo que requiere una transacción en la cadena de bloques– para acceder al privilegio de operar fuera de la cadena de bloques. Primero tendrás que pagar el equivalente a unos USD 100 (o más, dependiendo de la tarifa en ese momento) para abrir el canal de pagos, y luego, cuando necesites cerrarlo, tendrás que pagar otro tanto. Por ende, salvo que seas un gran intermediario financiero, te verás obligado a operar exclusivamente fuera de la cadena de bloques, en esa “segunda capa” controlada por Blockstream / Core –suponiendo que no has abandonado Bitcoin mucho antes de que las tarifas alcancen ese rango–. ¿Entiendes ahora por qué AXA es el principal inversor detrás de Blockstream?

Hace ya mucho tiempo que resulta obvio para cualquier observador racional que el interés de Blockstream / Core no está centrado en producir soluciones y debatir sus méritos sino en sabotear el crecimiento orgánico de Bitcoin. Desviar las tarifas de su propósito original (recompensa para los encargados de la seguridad de la red) y dirigirlas hacia los jardines amurallados de Blockstream / Core es la mejor manera de cumplir con el objetivo último de esta organización, que es doble: debilitar a Bitcoin y ponerlo bajo el dominio de las viejas élites financieras.

Pero si domesticar a Bitcon fuera una tarea fácil, ya lo habrían logrado hace años. Por algo le dicen el tejón melero.

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Lo que protege a Bitcoin de la tiranía es el afán de lucro de inversores y mineros

Lo único que protege a Bitcoin de la tiranía es el afán de lucro de inversores y mineros. Ni la caridad de los filántropos, ni el idealismo de los activistas, ni el entusiasmo de los apóstoles, ni la inteligencia de los programadores, ni la sagacidad de los empresarios, ni la audacia de los capitalistas de riesgo, ni la opinión de una minoría circunstancial, ni la de una mayoría circunstancial… solo el afán de lucro de inversores y mineros.

Seguiré repitiéndolo hasta quedarme afónico, y cuando esté afónico seguiré escribiéndolo hasta que se me acalambren los dedos, porque si no lo entiendes –así seas un genio de la criptografía con un coeficiente intelectual estratosférico– no has entendido el aspecto más importante de Bitcoin. Tan importante que sin él Bitcoin sería una especie de PayPal maltrecho y complétamente inútil; tan importante que el propio Satoshi Nakamoto se cansó de explicarlo una y otra vez a cuanto genio cuestionaba, en los albores de Bitcoin, la viabilidad de su diseño.

Lo único que protege a Bitcoin de la tiranía es el afán de lucro de inversores y mineros; y tanto para inversores como para mineros hay una sola manera de satisfacer dicho afán: defender las reglas que otorgan valor a Bitcoin –es decir las reglas que hacen de Bitcoin una buena moneda–. No hay un mecanismo enigmático, inteligible solo para una casta de iniciados, detrás del éxito de Bitcoin en su constante defensa de sus cualidades monetarias. La única garantía de que nunca serán emitidos más de 21 millones de bitcoins –por mencionar una de las reglas que los Blockstream boys no tendrían inconveniente en eliminar (directa o indirectamente)– es –repite conmigo– el afán de lucro de inversores y mineros.

Cabe representarse a Bitcoin como una caja fuerte que automáticamente cambia el material del que está hecha según el valor que guarda en su interior. Cuando casi nadie estaba interesado en Bitcoin, la caja era de madera y eso bastaba; cuando miles de personas empezaron a prestar atención, la caja pasó a ser de aluminio; y más adelante, cuando la caja tuvo que asegurar el equivalente a miles de millones de dólares, se convirtió en una caja de acero ultra resistente.

¿Entiendes cómo es que Bitcoin se fortalece a sí mismo? Más valor invertido en Bitcoin gracias a sus cualidades monetarias atrae más inversión en equipos mineros, lo que aumenta la seguridad de la red, lo que a su vez aumenta la confianza de los inversores, lo que los motiva a invertir en Bitcoin, y el ciclo recomienza (más valor atrae más inversión en equipos mineros, etc.). Gracias a este bucle de realimentación positiva, la seguridad del sistema resulta ser directamente proporcional al valor invertido en Bitcoin en cualquier momento dado. Cuanto mayor es la recompensa por atacar exitosamente la red, más alta es la barrera que encuentran los atacantes (léase: todos aquellos que, al igual que Blockstream / Core, aspiran a extraer valor de Bitcoin sin respetar sus reglas).

El problema de Blockstream / Core es que el sistema de incentivos ideado por Satoshi Nakamoto funciona tal como él previó que funcionaría: respetar las reglas de Bitcoin sigue siendo, y siempre será, más rentable que intentar violarlas. Ingenieros sociales, reguladores estatales, opinólogos de los medios, títeres corporativos y otros ejemplares de la fauna intervencionista no entran en el bucle de realimentación positiva impulsado por inversores y mineros. De ahí la frustración que experimentan frente a Bitcoin, habituados como están a prosperar aplicando a los demás reglas que no se aplican a ellos mismos.

Si insistes en que los mineros que controlan la mayor parte del poder de cómputo son enemigos de Bitcoin porque centran su atención en maximizar su propio beneficio económico, o porque se niegan a adoptar cierta pieza de software que a ti te parece magnífica pero ellos juzgan contraria a sus intereses, no deberías haber invertido ni un centavo en este espacio, pues el éxito y la propia existencia de Bitcoin dependen de eso que consideras perjudicial para Bitcoin.

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Tecnócratas del siglo XXI

Que una persona se empeñe en sostener una posición absurda, contraria a la lógica más elemental y en abierto desafío a toneladas de evidencia empírica, podría ser simplemente una manifestación de su propia estupidez. También es posible que un obstáculo psicológico le impida arribar a conclusiones incompatibles con su visión del mundo; en otras palabras, que en su batalla personal entre razón y fantasías reconfortantes, librada a nivel inconsciente, la razón salga perdiendo. Más a menudo, sin embargo, lo que explica dicha conducta es la mera deshonestidad.

Los paralelismos entre el debate por el tamaño de los bloques y otros debates que han dejado huella en la historia son más que meras coincidencias.

Siglo XIX: creacionismo versus evolucionismo.

Siglo XX: planificación centralizada de la economía versus libre mercado.

Siglo XXI (redes P2P): consenso tecnocrático versus consenso emergente.

De un lado tenemos el reconocimiento del orden espontáneo que surge de la interacción entre agentes no del todo controlables ni predecibles –el reconocimiento de la constante alineación y realineación de fuerzas que escapan al dominio total de una cadena de mando, por más poder coactivo que le sea conferido a la autoridad–.

Del otro lado tenemos la sumisión al orden impuesto verticalmente, el temor al libre intercambio de productos e ideas, la estricta homogeneidad de pensamiento –tan independiente de la realidad sensible como dependiente del consenso de los “expertos”–. Desde esta perspectiva, debemos el orden a que los elementos constitutivos del mundo natural y social responden y se amoldan a los mandatos de una autoridad. En consecuencia, todo lo que hace falta para resolver nuestros problemas es que unos pocos iluminados se pongan de acuerdo, firmen unos papeles en nuestro nombre, y hagan cumplir su voluntad.

¿Pero acaso alguna vez ha sido resuelto un problema real desatendiendo al mismo tiempo la lógica y la evidencia empírica –esto es, ignorando el único método que nos permite distinguir lo verdadero de lo falso–? Darle más poder a los creacionistas, o a los socialistas (de todo el espectro ideológico, desde comunistas hasta nazis), solo ha servido para ocultar mejor cualquier destello de verdad que pudiera iluminar el sinsentido de sus doctrinas.

Esta vez no es diferente. En rigor nunca hubo, ni hay, ni habrá un auténtico debate con los partidarios del modelo “mandobediente”, porque su objetivo no es poner a prueba la validez de los distintos argumentos sino mantener o incrementar su poder coactivo. La censura a la que puntualmente acuden toda vez que tienen el poder de hacerlo pone de manifiesto su temor a la libre competencia de ideas, característica distintiva de los incompetentes y los deshonestos.

El creacionismo cayó en desgracia cuando el propio Juan Pablo II declaró que la evolución “es más que una hipótesis”. El prestigio intelectual de los planificadores de la economía cayó con el muro de Berlín. La caída de los tecnócratas del siglo XXI no llevará tanto tiempo, gracias en parte a la naturaleza de internet –que impide aislar a la gente de fuentes alternativas de información–, y en parte a la naturaleza de Bitcoin –que hace económicamente inviable la oposición al consenso Nakamoto–.

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A propósito de “Consensus 2017”, algunas predicciones

Casi todos los días alguna persona me pregunta qué va a pasar en Bitcoinlandia. ¿Habrá fork? ¿Seguirá esta “guerra civil de desgaste” indefinidamente? ¿Cómo reaccionará el precio? Invariablemente, mi respuesta resulta insatisfactoria para el interesado: “No sé”. Sin embargo, lo que quiero decir en realidad es que no sé exactamente, con lujo de detalles, lo que va a pasar, o cuándo va a pasar; no quiero decir que no hay nada predecible, sino que toda predicción responsable en este campo no debe incluir fechas, o cotizaciones, y siempre debe ir precedida de un “si” condicional.

El tema de la semana es el acuerdo firmado en “Consensus 2017” para salir del punto muerto en que Blockstream / Core ha dejado a Bitcoin, según el cual Segwit (el invento de AXA para forzarnos a abandonar la cadena de bloques y entrar en sus jardines amurallados) se sumaría a un aumento del tamaño de los bloques a 2MB. ¿Qué implicaría esto?

Empecemos por establecer lo que sí es posible afirmar con un alto grado de certeza.

Por más económicamente relevantes que sean hoy ciertos individuos y empresas en Bitcoinlandia, pueden dejar de serlo en cualquier momento. Hemos visto caer a tantos mineros gigantes, inversores gigantes, brokers gigantes, exchanges gigantes, proyectos “revolucionarios” gigantes, etc., que la caída de uno más no debería sorprender a ningún bitcoiner veterano. De hecho, si hay algo de lo que no cabe dudar es que tarde o temprano, gracias a las dificultades que ofrece este entorno a quienes pretenden imponer barreras a la competencia, casi todos los gigantes de Bitcoinlandia verán significativamente reducida su influencia.

Por lo dicho, conviene tomar con pinzas lo que sea que firmen quienes hoy tienen –o creen tener– influencia en Bitcoinlandia. Es una lección que ya deberíamos haber aprendido, a casi un año y medio del infame “acuerdo de Hong Kong”, en el que un grupo de autodefinidos y autodesignados líderes de Bitcoin pretendieron imponer su “Hoja de Ruta” para la escalabilidad a espaldas del mercado.

Lo que tal o cual individuo o empresa busca no está necesariamente alineado con lo que sirve al conjunto de los habitantes de Bitcoinlandia; a saber, una buena moneda. De modo que los criptopolíticos pueden reunirse a puertas cerradas durante días enteros, discutir, negociar, y firmar acuerdos en distinguido papel lacrado; lo que nunca podrán hacer es eludir la sentencia del mercado.

A partir de este acuerdo, Bitcoin podría tomar uno de dos caminos. El primero conduciría sin mayores obstáculos hacia su Destino Manifiesto; el segundo no lo sabemos –puede que también, aunque de un modo más tortuoso–. Veamos…

1. Como el acuerdo no parece ser aceptado por los desarrolladores de Core (quienes se oponen al plan de Satoshi Nakamoto para quitar el límite de 1MB), en la práctica su implementación serviría para expulsar a este grupo de ideólogos oportunistas que tanto daño le han hecho a Bitcoin. Visto así, no importa tanto el detalle de lo acordado como que se habría dado el primer paso hacia la liberación de Bitcoinlandia. Si bien Bitcoin continuaría limitado innecesariamente, una vez probado que el fork no es más que una simple actualización del software ya nadie podrá argumentar de buena fe que en el futuro este debe ser evitado a toda costa. Tras un breve trámite burocrático, el resultado sería el mismo que el de un fork implementado con el fin de eliminar por completo la planificación central del límite al tamaño de los bloques.

2. ¿Pero qué ocurriría si prevalecieran los intereses de Blockstream / Core? No hay que descartar esta posibilidad; al fin y al cabo Barry Silbert –el principal promotor del acuerdo– es uno de los inversores que ha mantenido con vida a Blockstream durante todos estos años, y aún no queda claro si se lamenta o no por ello. Si prevalecieran los intereses de la díada Blockstream / Core, la escalabilidad dentro de la cadena de bloques permanecería artificialmente limitada para beneficio de los intermediarios financieros que sufragan el asalto a Bitcoin. Tendríamos que lidiar entonces con el caballo de Troya (Segwit) que esta organización paraestatal habría logrado introducir en el código.

El problema fundamental de Segwit es que al entregar el poder sobre el destino de Bitcoin a un grupo de desarrolladores en detrimento de los intereses de inversores, usuarios y mineros, tiende a socavar el sistema de incentivos del cual depende la seguridad (y a la larga el propio funcionamiento) de Bitcoin. Pero no hace falta entender esta amenaza oculta para rechazar la imposición de Segwit; hay muchos otros problemas que las víctimas de la propaganda ignoran mientras bailan embriagadas alrededor de este caballo de Troya. Uno de los más obvios es que Segwit permite aumentar el número de transacciones pero no el de usuarios.

Según el modelo de Core, para disfrutar de las supuestas ventajas de la Lightning Network (la red de transacciones montada sobre Bitcoin que Segwit habilitaría) es necesario que la cadena de bloques sea restringida en su capacidad y utilizada exclusivamente para el registro de grandes liquidaciones. Ahora bien, si uno quisiera acceder a la Lightning Network con bitcoins propios, tendría que acceder primero a la cadena de bloques; y con tarifas cada vez más elevadas, la inmensa mayoría de los usuarios no tendrían más opción que abandonar la cadena de bloques (para caer en manos de Blockstream) o bien abandonar Bitcoin.

Bajo el dominio de Blockstream / Core, la presión ejercida por el límite al tamaño de los bloques continuaría en aumento, lo que se pondría de manifiesto de varias maneras:

1. Descontento entre los usuarios de Bitcoin, tanto entre los casuales como entre los que rechazan el modelo experimental, inseguro y centralizado de Blockstream / Core.

2. Hemorragia de inversores y usuarios hacia las altcoins, un proceso que está en curso y que se inició con el secuestro del repositorio fundado por Satoshi Nakamoto.

3. Mineros cada vez más insatisfechos –desde el momento en que el precio del bitcoin ya no compense las pérdidas debidas a la desviación de tarifas hacia las arcas de Blockstream–, y preocupados por el auge de las altcoins –dado que sus equipos solo sirven para minar bitcoins–.

4. Una red cada vez más insegura. Una vez introducido Segwit (no como opción sino a la fuerza y a expensas de la escalabilidad de Bitcoin, como pretende Blockstream / Core), el valor hundido en Bitcoin quedaría desligado de la recompensa que reciben los mineros por su trabajo, y por lo tanto del incentivo para la adecuada protección de la red.

Si la gente de Blockstream / Core se saliera con la suya, se encontraría en una situación paradójica: habría logrado controlar transitoriamente a Bitcoin pero al precio de impedir su crecimiento, lo cual pondría fin a sus sueños de convertirse en los grandes intermediarios de Criptolandia. Cualquier idiota sabe que ahuyentar usuarios, empresarios e inversores no puede ser jamás una estrategia exitosa, pero hace falta un genio de la programación para convencer a un venture capitalist de que ese es el camino al éxito.

Perdidos en su propia nube de contratos inteligentes autoejecutados, organizaciones autónomas descentralizadas y otros entretenimientos de la imaginación futurista, muchos habitantes de Criptolandia olvidan que el 99,99% de los inversores no están interesados en “el potencial de la cadena de bloques” ni en “la internet del valor” ni en las criptomonedas 2, 3, 4 o 5.0 sino en un refugio seguro que los proteja del inevitable colapso del sistema financiero estatal. Es decir, están interesados en una buena moneda, inmune a la depreciación derivada del control centralizado, que pueda ser fácilmente utilizada en cualquier momento y sin penalidades arbitrarias. Si por miedo a los ataques de Blockstream / Core los mineros de Bitcoin que aún mantienen una posición neutral siguen resistiéndose a proveer dicho refugio, la búsqueda del estándar monetario universal continuará por fuera de Bitcoin.

Cuando la mayor parte del poder de cómputo esté bajo el control de mineros conscientes de que la competencia entre criptomonedas existe, conscientes de que Bitcoin no tiene garantizado el efecto de red por decreto de un politburó, conscientes de que sus intereses están reñidos con los intereses de Blockstream, huirán de Core como del virus del Ébola. ¿Lo harán a tiempo, o para entonces Bitcoin se habrá convertido en el “Myspace” de las criptomonedas? ¿Lo harán los mineros actuales, o tendrán que inclinar la balanza nuevos mineros que verán la oportunidad de hacer una fortuna salvando a Bitcoin?

Si me obligaran a arriesgar un vaticinio, diría lo siguiente: los amos del sistema monetario fiat no lograrán destruir a Bitcoin, por más desarrolladores corruptos que sumen a su causa, por más medios de comunicación que compren, por más propaganda, censura, estancamiento, ataques personales y ataques informáticos que financien. Bitcoin resistirá, como ha resistido todos estos años, porque el sistema de incentivos descripto en el white paper de Satoshi Nakamoto (basado en el supuesto de que los mineros se benefician adhiriendo a las reglas que el mercado valora) está diseñado específicamente para castigar a quienes se le oponen.

Predigo que la derrota de Blockstream / Core abrirá las compuertas a la mayor transferencia pacífica de riqueza de la historia.

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Extrema neutralidad

neutralidadMás de doscientas mil transacciones no confirmadas, lapsos impredecibles (varias horas o varios días, incluso pagando tarifas que tan solo semanas atrás eran absurdamente elevadas), costos de transacción aumentando exponencialmente, altcoins subiendo a un ritmo mucho más rápido que Bitcoin… ¿Qué está pasando? Nada que pueda sorprender al atento lector de este sitio; nada que no haya sido anticipado aquí hace años.

Toda persona mínimamente razonable ya se ha percatado de que el límite al tamaño de los bloques fijado por un comité central, al estilo soviético, no resulta menos desastroso que cualquier otra forma de planificación económica centralizada. Quienes apoyan a Blockstream / Core no solo tienen que desestimar el paper de Satoshi Nakamoto, ahora también tienen que desestimar el daño manifiesto producido por la política de tierra arrasada que esta organización ha decidido aplicar a un Bitcoin que se rehúsa a someterse a su plan quinquenal, tal como los idiotas útiles que antaño viajaban a la URSS invitados por la nomenklatura tenían que desestimar las hambrunas y las matanzas –porque según los ideólogos marxistas no eran para tanto, y de todos modos las víctimas merecían su destino por haber obstruido con su egoísmo burgués la marcha triunfal del proletariado, o algo por el estilo–.

Un clásico idiota útil de Blockstream / Core te dirá que Bitcoin, tal como lo diseñó Satoshi Nakamoto, no es escalable; que el aumento de la capacidad dentro de la cadena de bloques lleva inexorablemente a una centralización monopólica de los nodos, y que necesitamos darle más poder a la vanguardia intelectual de Blockstream / Core para luchar contra estas abominables tendencias del mercado. Solo así –renunciando a nuestros intereses particulares y contrarrestando el ánimo de lucro de los mineros– alcanzaremos la tierra prometida por los cryptoleninistas. Eso en el mejor de los casos; en el peor de los casos te dirá que no hay ningún problema, que así luce un Bitcoin exitoso y que no hay nada que temer y sí mucho que festejar.

Por el contrario, cualquier observador lúcido, refractario a la propaganda –esto es, guiado por la lógica y atento a la evidencia empírica–, te dirá que la solución pasa por ampliar y facilitar las opciones de todos los agentes del mercado, por permitir la emergencia de precios que expresen las cambiantes necesidades y preferencias de inversores, usuarios y mineros. Desde este punto de vista, el temor a que los mineros actúen en contra de los inversores / usuarios no es más razonable que el temor al martillo mágico de Thor, el dios del trueno. Para los mineros, como explica Zangelbert Bingledack, “lo redituable es hacer lo que el mercado demanda. Los mineros siempre han tenido la capacidad de obligar a los usuarios a aceptar cambios que no desean. Bitcoin no funciona gracias a que la gente usa un software que somete a los mineros, sino gracias a los incentivos a los que están sometidos los mineros.”.

Al tratar de cubrirse del fuego que intercambian estas dos trincheras, algunos optan por darle un poco de razón a cada lado, como si la razón fuera un pastel que puede cortarse en tantas piezas como sea necesario para dejar a todos más o menos satisfechos. Estos relativistas irracionales, auténticos extremistas de la neutralidad, nunca se plantearán la posibilidad de que una de las dos posiciones pueda ser completamente errada y estúpidamente obtusa, mientras que la otra puede ser simplemente acertada. Por eso no los verás llamar al debate sino a la concordia; no los verás argumentando sino repartiendo caricias y pasteles para satisfacer momentáneamente corazones y estómagos a expensas de la claridad mental.

“Si tan solo nos abrazáramos y cantáramos todos juntos en perfecta armonía, como aquel espléndido coro de USA for Africa liderado por Michael Jackson, todos los problemas desaparecerían”. El extremista de la neutralidad prefiere entregarse a sus propias fantasías, mientras se felicita a sí mismo por la estatura de su imaginaria autoridad moral, que enfrentar la dura realidad. Admitir que sus ingenuas ilusiones no hacen más que fortalecer al sociópata que tiene enfrente –dispuesto a tomarse cualquier licencia moral con tal de imponer su voluntad— supone admitir la verdadera naturaleza de la relación (esto es: victimario-víctima o parásito-huésped). Y dado que la verdadera naturaleza de la relación no se ajusta a sus fantasías tranquilizadoras, el extremista de la neutralidad tiende a alejarse cada vez más de la evidencia, en una constante huida por las acolchadas galerías de su propio mundo imaginario. “No me hace sentir bien, ergo no existe” parece ser el principio que guía su torpe accionar.

El sentido común aconseja preguntarse, antes de buscar una solución: ¿Es este un problema real –debido a limitaciones concretas e insuperables–, o es un problema creado y cultivados por los mismos que pretenden vendernos sus “soluciones”? El sentido común, sin embargo, no es el fuerte del extremista de la neutralidad. Apaciguador a cualquier costo, él esquivará las preguntas y dirá, exhibiendo una sonrisita compasiva: “Ya hemos tenido suficiente, hermano; recemos juntos para que los Blockstream boys reflexionen, admitan sus errores y hagan lo correcto inspirados por nuestra bonhomía y pureza de corazón”.

No importa que Blockstream / Core se haya propuesto destruir la utilidad, la adopción, la seguridad y la descentralización de Bitcoin, uno de los inventos más maravillosos en toda la historia de la humanidad. Aparentemente, la prioridad número uno es apaciguar a unos agresivos antropoides con teclado empleados por Blockstream para castigar al disidente. Que nadie destape la olla, que nadie se ofenda, que nadie se estrese, que todos sientan que han ganado, ¡que reine la concordia y la fraternidad!, porque en el fondo todos queremos lo mismo… ¿no es cierto?… ¡¿no es cierto?!

No, no es cierto… A mí me llena de furia, por caso, ver que los venezolanos de a pie –desesperados por encontrar una manera de huir de la hiperinflación, de defender el poder adquisitivo de sus escasos ahorros, de recibir ayuda por fuera de los canales autorizados (ya prácticamente inexistentes), de transferir valor sin una infinidad de obstáculos arbitrarios– encuentran una barrera infranqueable que les impide acceder a Bitcoin, construida por una mafia dedicada a asegurar el dominio de las mismas instituciones financieras cuya existencia se ve amenazada por Bitcoin.

Si temes decir la verdad porque los ataques personales te quitan el sueño –o porque amenazan tu fuente de ingresos–, si cedes a las demandas de un grupo de sociópatas por temor a las consecuencias de señalar sus obvias contradicciones o sus verdaderas intenciones, no tienes que avergonzarte por ello. Pero por favor, no intentes disimular tus verdaderos motivos en un envoltorio de autoridad moral. Nadie comprará ese paquete; todo lo que conseguirás es perder credibilidad y alimentar con tu hipocresía el afán totalitario de los responsables del asalto a Bitcoin.

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Falkvinge: “Solo así cobra sentido la estrategia de Blockstream:”

Si Blockstream posee patentes relacionadas con Segwit, los confusos episodios de los últimos tres años cobran sentido – Por Rick Falkvinge

A juzgar por el modo en que se comporta la gente de Blockstream dentro de la comunidad Bitcoin, estoy absolutamente seguro de que Blockstream y/o sus propietarios poseen patentes relacionadas con Segwit, y que planean usarlas de manera ofensiva. Aún sin haber leído los documentos relacionados con dichas patentes, pues estos pueden ser mantenidos en secreto durante mucho tiempo, he llegado a esta conclusión tras observar que el comportamiento de Blockstream es exactamente igual al de muchas entidades que han ido a la quiebra en los últimos 20 años.

Al principio de mi carrera trabajé como representante de Microsoft en el desarrollo de estándares para telecomunicaciones. Una vez al mes debía reunirme con representantes de las compañías más reconocidas del sector (Nokia, Ericsson y AT&T, entre otras), para negociar qué sería incluido en el futuro en el estándar.

Durante esas negociaciones resultaba evidente que todos trataban de introducir el máximo número posible de patentes de su propia cartera en el estándar de la industria, utilizando como fachada argumentos basados estrictamente en supuestos méritos técnicos. Algunos lograban su cometido. Otros fracasaban rotundamente.

Un ejemplo típico de estos últimos eran los que planteaban que la función X debía usar el mecanismo Y (para el cual ellos tenían patentes no declaradas) apelando a un argumento técnico sin sentido. Cuando los técnicos expertos en la sala señalábamos la incoherencia, ellos repetían que la función X debía utilizar el mecanismo Y, pero ahora basándose en un argumento completamente nuevo, que tampoco tenía sentido.

La verdadera razón por la que presionaban tanto para que el mecanismo “Y” fuera utilizado, por supuesto, era que ellos tenían las patentes de dicho mecanismo y querían que su tecnología patentada fuera incluida en el estándar de la industria. Sin embargo, eran incapaces de exponer un argumento coherente, que resistiera el escrutinio de los técnicos, para explicar por qué esa era la mejor solución disponible.

En otras palabras: el clásico truco de mover el aro para impedir que el rival enceste el balón.

Llegado cierto momento, nuestro equipo técnico –formado por muchas personas de diferentes compañías– se quedaba sin paciencia y sin razones para asumir buena fe por parte de los que, apelando a falsas justificaciones técnicas, trataban de meter algo patentado en el estándar, ya que sabíamos que no eran más que inventos oportunos pero aún así teníamos que seguirles la corriente –hasta cierto punto, dado que si no se rendían aún después de haber perdido el debate técnico, todos sabíamos lo que estaba en realidad sucediendo–.

Pero la estrategia de Blockstream de mover el aro no se limita a las cuestiones técnicas.

Cuando más adelante me dediqué a la política, vi este patrón con mucha más claridad –básicamente en cada decisión que se toma en política–. Lo llamábamos la estrategia de “las razones altas y las razones bajas”. La razón “alta” –o “noble”– es aquella que se presenta al público para impulsar cierta medida política. La razón “baja” es aquella que explica por qué el político en cuestión está verdaderamente interesado en dicha medida. Muchas veces no era fácil encontrar una conexión directa entre ambas razones.

Esos conflictos entre “razones altas” y “razones bajas” se podían detectar en los pequeños detalles. Por ejemplo, cuando para defender una nueva medida de vigilancia invasiva se dijo que el objetivo era combatir el terrorismo. Luego, cuando uno leía la ley en profundidad, el texto en realidad decía “terrorismo y otros crímenes”, un detalle no menor al que nadie prestaba atención. Dos años después de aprobada la ley, resultó que los nuevos sistemas de vigilancia se habían utilizado en un 98% para combatir a los adolescentes que compartían música y películas entre sí, y que quien originalmente la había promocionado estaba estrechamente vinculado a la industria del copyright.

Como era de esperar, la estrategia de utilizar un argumento públicamente para encubrir un objetivo inconfesable también estaba presente en la política. Pero también hay otro patrón, del que nos ocuparemos más adelante: “Queremos incorporar esta función por X razón, o por cualquier otra razón”.


Antes de continuar, hagamos un resumen del diálogo de los últimos tres años entre Blockstream (BS) y la comunidad Bitcoin no-Blockstream (CB):

BS: ¡Estamos desarrollando Lightning Network como una solución de segunda capa (montada sobre la cadena de bloques)! ¡Requerirá algunas funciones adicionales que son realmente geniales!

CB: Ok, suena bien, pero también necesitamos aumentar pronto la capacidad dentro de la cadena.

BS: Hemos creado el paquete Segwit para habilitar Lightning Network. Es algo complicado, pero resuelve el problema de la maleabilidad y el del crecimiento cuadrático de los datos de las transacciones. Podría ayudar un poco a escalar también, pero no es realmente una solución de escalabilidad, por lo que no nos gusta que se lo llame así.

BC: Claro, entonces hagamos eso y también aumentemos el límite al tamaño del bloque.

BS: Entendemos que desean aumentar el tamaño del bloque.

BC: Si. En este momento sería apropiado un límite de 20 MB.

BS: Proponemos 2 megabytes, y luego aumentar a cuatro y a ocho.

BC: Eso es ridículo, pero está bien, siempre y cuando la idea sea continuar escalando exponencialmente.

BS: En realidad, cambiamos de opinión. De ninguna manera vamos a aumentar el límite al tamaño del bloque.

BC: Bien, entonces nosotros vamos a optar por Bitcoin Classic.

BS: ¡Hola mineros! ¿Firmarían un acuerdo para usar exclusivamente el software de Core a cambio de que les prometamos un hardfork a 2 megabytes (al margen de Segwit)?

Mineros: Bueno, tal vez. Pero sólo si lo firma el CEO de Blockstream.

Adam: *firma como CEO de Blockstream*

Mineros: Bien. Veamos si se puede confiar en ustedes.

Adam: *revoca su firma inmediatamente y firma como “individuo”*

Mineros: Eso es deshonesto, pero nosotros no vamos a ser deshonestos sólo porque ustedes lo sean.

BS: En realidad, cambiamos de opinión otra vez. Tampoco vamos a hacer un hardfork a 2 megabytes.

BC: Hemos analizado Segwit con más detenimiento; es un invento realmente horrible. Está muerto. Descártenlo.

BS: ¡Segwit obtendrá un 95% de apoyo! ¡Hemos hablado con TODAS las principales empresas!

BC: Ya hay un 20% del poder de cómputo que se opone a Segwit. Es imposible que alcance el 95% de apoyo.

BS: ¡Segwit es LA solución para la ESCALABILIDAD! ¡Es un VERDADERO aumento del tamaño del bloque!

BC: Necesitamos un pacto para poner fin al estancamiento.

BS: ¡Segwit FUE y ES parte del pacto! ¡No debe haber aumento del límite al tamaño del bloque! ¡Segwit es el aumento de tamaño del bloque!


Esta es sólo una pequeña muestra, pero podría seguir indefinidamente. Por ejemplo, recordando que Blockstream había dicho que el número de nodos era un asunto irrelevante cuando los nodos de Bitcoin Classic comenzaron a aumentar, y que el poder de cómputo era la única medida válida, mientras que ahora que Bitcoin Unlimited tiene entre el 40% y el 50% del poder de cómputo Blockstream dice –no, grita– exactamente lo contrario.

Este es un patrón típico de alguien que está tratando de impulsar un proyecto con objetivos encubiertos; ya que, debido a la naturaleza inmutable de la cadena, si Segwit es implementado estará en Bitcoin para siempre.

Pero hay aún más. Otra conducta típica de quien pretende distraer y confundir a la comunidad es intentar fabricar enemigos externos. Los “halcones” en los gobiernos siempre hacen eso cuando quieren ir a la guerra: imponen un relato de manera agresiva, llaman traidor y saboteador a cualquiera que desafíe ese relato, y hacen sonar los tambores de guerra. Es una cosa tribal, pero funciona. En este caso, Blockstream ha señalado a dos individuos como “enemigos”, y ha animado a las personas que quieran sentirse parte de la comunidad a agredirlos, en una actitud que remeda escenas de la película 1984.

Y todo esto solo para introducir su patente en Bitcoin, sin importar si en el proceso tanto Bitcoin como la comunidad son destruidos.

No hay otra manera de explicar su conducta. Nuevamente quiero enfatizar que no he leído ninguna de las solicitudes de patente de Blockstream. De todos modos, sería inútil intentarlo porque no podría acceder al texto completo, dado que las patentes pueden mantenerse en secreto por alrededor de 18 meses. Pero basándome en el comportamiento de Blockstream, puedo decir con absoluta certeza que he visto este mismo comportamiento muchas veces en el pasado, y siempre en personas que presentan razones al público diferentes a las que verdaderamente motivan el curso de acción propuesto.

Dicho esto, Blockstream cuenta con algo llamado “Compromiso de Patente Defensiva”. Es un texto legal que básicamente dice que sólo usarán sus patentes para acciones defensivas, o para cualquier otra acción.

¿Leyeron esa última parte?

Esa frase es llamativamente similar a “terrorismo y otros crímenes”, donde “y otros crímenes” forma un conjunto que incluye a “terrorismo”, y por lo tanto le quita relevancia a la primera parte de la frase.

El político dice: “Terrorismo y otros crímenes”.

El público oye: “Terrorismo”.

El verdadero significado es: “Cualquier crimen, incluyendo cruzar mal la calle”.

El Compromiso de patente defensiva de Blockstream tiene exactamente ese patrón: Blockstream sólo usará sus patentes de manera defensiva, o de cualquier otra manera que considere apropiada.

Blockstream dice: “Solamente con fines defensivos, o con cualquier otro fin.”

El público oye: “Solamente con fines defensivos”.

El verdadero significado es: “Con cualquier otro fin”.

Asumamos por un momento que Greg Maxwell y Adam Back, de Blockstream, actúan de buena fe, que realmente no tienen ninguna intención de usar patentes de manera ofensiva, y que suscriben el compromiso de patentes con toda su credibilidad personal.

Aún así no sirve de nada.

En caso de quiebra, todos los activos de Blockstream –incluidas estas patentes— irán a un liquidador, cuyo trabajo es sacar el máximo provecho de los activos en juego, y que no estará obligado a cumplir con ninguna promesa que haya hecho la administración previa a la bancarrota.

Además, los propietarios de Blockstream pueden reemplazar a sus directivos –y yo predigo que lo harán–, en cuyo caso las promesas personales de los individuos que han sido reemplazados no tienen peso alguno para la nueva gerencia. Si una empresa hace una declaración acerca de sus intenciones, también es libre de declarar lo opuesto en el futuro, y es probable que lo haga cuando sean otras las personas que hablen por la empresa.

Esto nos lleva a preguntar quiénes son los propietarios de Blockstream: ¿quién saldría ganando en caso de que los directivos sean reemplazados?

Los propietarios de Blockstream son instituciones financieras tradicionales –en especial AXA, la que más ha invertido– que tienen todo que perder si las criptomonedas siguen ganando terreno.

Y han comprado (“han invertido en”) una compañía que tiene la oportunidad de poseer patentes asociadas a la cadena de Bitcoin, y por lo tanto de prohibir directamente su uso a determinadas personas, o bien obtener una buena renta de cualquiera que la utilice.

Aquí la conclusión es ineludible: la estrategia de Blockstream de mover el aro de lugar constantemente ha tenido como objetivo encubierto que los propietarios de Blockstream se adueñen efectivamente de Bitcoin a través del derecho otorgado por las patentes.

Aunque esa afirmación suene aterradora, es la única –la única– que explica el accionar de Blockstream durante los últimos tres años.

Leer texto original, en inglés

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Bitcoin y la resistencia “noviolenta”

Por Luis Rodríguez (@SomosPolvo)

A muchos de los que hemos tenido la “suerte” de vivir bajo una dictadura, la naturaleza del poder se nos presenta como una cuestión de lo más interesante. ¿De dónde proviene? ¿Cómo evitar sus grandes concentraciones? ¿Cómo resistirlo? Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos quienes no hemos sucumbido ante la coacción y el descarado adoctrinamiento propio de sistemas que exigen un creciente recorte de nuestras libertades. Preguntas cuyas respuestas, tomadas en serio por una masa crítica de individuos, tienen el potencial de liberarnos de la tiranía.

A esas mismas preguntas intenta dar respuesta el filósofo, activista y escritor estadounidense Gene Sharp en su tesis de “resistencia noviolenta”. Este método de lucha, que ha denominado también “jiu-jitsu político”, se basa en la no confrontación de las fuerzas represivas, y aboga por la cohesión y organización de la sociedad civil en torno a las ideas de justicia y libertad. En cuanto a las formas que puede tomar la lucha noviolenta, el propio Sharp enumera 197 métodos de resistencia que entrarían dentro de esta definición, y recomienda usar la creatividad a quienes quieran llevarla a la práctica para encontrar nuevas maneras de aplicarla.

Para entender un poco más a fondo el concepto de “noviolencia” (traducción del término sánscrito “ahimsa”), es importante enfatizar que este se diferencia del de “no violencia” en que no se limita a una negación pasiva del uso de la violencia, sino que se extiende hasta abarcar el respeto radical por la vida –y, por tanto, la no cooperación, aún pasiva, con quienes amenazan la vida–, la abstención de la confrontación violenta –por considerar que es un terreno donde el Estado tiene ventaja, y que tarde o temprano toda coacción institucional resulta contraproducente para los represores–, y la resistencia estoica ante el abuso de la autoridad en cuestión.

Además de eso, esta tesis sostiene que el ostracismo hacia quienes contribuyan con la legitimidad y estabilidad de la dictadura es parte fundamental del ejercicio de la auténtica resistencia. Por lo cual comúnmente se ha de rechazar el liderazgo de partidos políticos y organizaciones que aún llamándose “oposición” muestren sumisión o afinidad a la misma. Se recomienda en cambio la organización en torno a instituciones sociales y grupos de confianza para coordinar las acciones.

En relación a esto, Bitcoin se muestra como una excelente alternativa como medio de resistencia. No solo por las facilidades que ofrece como medio de intercambio, sino fundamentalmente por la forma en que puede ayudar a las personas a combatir la dependencia y el control del cual se sirve el autoritarismo.

Sin lugar a dudas, el espíritu de Bitcoin es afín al planteamiento de la tesis que hace Sharp en “De la dictadura a la democracia” (entre otras de sus obras) y a las enseñanzas de otros exponentes de la lucha noviolenta como Gandhi, Martin Luther King Jr., entre otros. Esta afinidad se pone de manifiesto en el uso de Bitcoin en beneficio de las acciones de resistencia al poder coactivo, y en la constatación de que la noviolencia sirve también a la propia defensa de Bitcoin, tanto ante los ataques provenientes de regímenes dictatoriales como ante los abusos que puedan darse dentro de sistemas democráticos.

La acción noviolenta puede ser la mejor forma de defender a Bitcoinlandia frente a quienes temen o no comprenden la naturaleza libertaria de su protocolo, o los principios y beneficios de los mercados libres. Puede ser la mejor forma de reivindicar la libertad que estamos intentando recuperar haciendo uso de esta moneda, y de oponernos a los intentos de concentrar el poder en torno a una élite.

No debemos olvidar que Bitcoin mismo está fundamentado sobre un acto noviolento de rebelión ante los privilegios concedidos a la banca, el inflacionismo y el monopolio de la emisión de moneda, y que su mera existencia es un reto a la autoridad y una prueba de que el poder no es intrínseco a hombres o instituciones, sino que deriva de la obediencia de aquellos a quienes se intenta someter. Cuando estos no se dejan, el tirano pierde todo su poder.

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Cryptoleninismo

Si has llegado a Bitcoinlandia con las últimas olas de inmigrantes provenientes del mundo fiat, puede que te resulte un tanto confuso el paisaje intelectual que ofrece hoy este mundo ya de por sí extraño.

Quizás te sorprenda ver a un grupo de autodenominados “cypherpunks” asociado con la industria bancaria, o comprando medios de comunicación con el fin de censurar toda opinión inconveniente, o atacando con virulencia a quienes expresan voces críticas, o promoviendo la inflación arbitraria, o declarando la guerra al dinero electrónico P2P (en inglés “P2P electronic cash”, tal como Satoshi Nakamoto definió a Bitcoin) en favor de sistemas que requieren intermediarios financieros.

Puede que te preguntes: ¿no eran acaso los cypherpunks unos intransigentes paladines de la sociedad abierta? Si eres nuevo aquí, mereces una explicación. El conflicto que ha empantanado a Bitcoin en su avance hacia su Destino Manifiesto nada tiene que ver con cuestiones científicas o tecnológicas, y mucho tiene que ver con la emergencia del cryptoleninismo, una doctrina según la cual el desarrollo de Bitcoin no debe estar sujeto a las leyes del mercado sino a los dictados de un Comité Central. Lo de cypherpunk no es más que un oportuno disfraz, tan representativo de su espíritu como la “República Democrática de Alemania” lo era del espíritu republicano o democrático.

Financiado por AXA (la segunda compañía con más poder económico en el mundo –después de Barclays– y una de las más expuestas a derivados financieros) a través de Blockstream, y apoyado por una campaña propagandística que Joseph Goebbels habría considerado excesivamente sucia, el cryptoleninismo está hoy poniendo a prueba la capacidad de Bitcoin para “reconocer la censura como daño y eludirla” mediante el consenso Nakamoto –por usar la célebre formulación acuñada por un auténtico cypherpunk–.

Blockstream, la cara visible del cryptoleninismo, se propuso dominar Bitcoin –y no Freicoin, digamos– por la misma razón que en su momento Fidel Castro se propuso dominar Cuba y no una isla desierta. Si Castro hubiera extendido una invitación desde una isla desierta a todo aquel que deseara migrar allí para adoptar voluntariamente el comunismo, el resultado habría sido la reducción de su propio estándar de vida a la mera subsistencia en soledad. Un destino equivalente al de Freicoin, aquel proyecto que introdujo en el mundo de las criptomonedas la brillante idea de la erosión programada del poder adquisitivo (para forzar a la gente a usar sus freicoins), y que lleva unos cuantos años agonizando en el basurero de las altcoins aberrantes. No es de extrañar que semejante burrada haya sido concebida por individuos que más adelante serían contratados por Blockstream.

Al igual que otros dirigentes de movimientos totalitarios, los cryptoleninistas no nos invitan a unirnos a su proyecto. Por el contrario, buscan imponerlo a una sociedad ya establecida y lo suficientemente funcional como para haber acumulado esa riqueza que aspiran a saquear. Bien saben que nadie en sus cabales adoptará su sistema de buen grado –aunque probablemente lo sepan más por experiencia que por haber comprendido los motivos de tan obstinado rechazo–.

El analfabetismo económico ha mantenido a los cryptoleninistas mayormente al margen de Bitcoin como inversión, pues les ha impedido entender por qué Bitcoin tuvo éxito allí donde Freicoin fracasó. Pero no les ha impedido ponerse al servicio de una organización dictatorial y parasitaria con el fin de extraer por la fuerza el valor que de otro modo no supieron obtener de Bitcoin.

Puedes ser un excelente y exitoso programador e ignorar los principios más elementales de la economía. Puedes ser un excelente y exitoso programador y –mientras tu conciencia no te lo reproche– trabajar para Kim Jong Un. ¿Por qué no? ¿Acaso necesitas entender conceptos tales como “mercado” o “incentivo económico” si el que paga tu salario es Kim AXA? No: basta con seguir las instrucciones del líder supremo y jamás cuestionarlo. Y si alguien sugiere que tus actos podrían verse influenciados por un obvio conflicto de intereses, basta con tacharlo de paranoico o bien acusarlo de ignorar la complicada ingeniería social que garantiza el éxito del proyecto cryptoleninista.

El asalto de los cryptoleninistas es lo único que está manteniendo el precio del bitcoin en los niveles actuales, así que puedes agradecerles a ellos la oportunidad de adquirir bicoins por debajo de 10.000 dólares. Imagina si pudieras adquirir una propiedad en Pionyang con la certeza de que el régimen de Kim Jong Un caerá pronto y será reemplazado por un gobierno decidido a importar el modelo económico de Singapur. Esa es la situación en la que te encuentras.

Pero solo puedes considerarte afortunado si eres capaz de aprovechar esta oportunidad, y no podrás aprovecharla si te dejas llevar por el canto de sirena de la planificación centralizada –por las promesas de un cryptoparaíso independiente de las fuerzas del mercado–. No puedes darte el lujo de ignorar las contradicciones de los cryptoleninistas, ni sus velados intereses. Caso contrario, verás malas señales allí donde hay buenas (como la resistencia de los mineros al asalto de Blockstream / Core), y viceversa.

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Cómo Blockstream planea matar a Bitcoin

El experimento de Satoshi Nakamoto fue diseñado para dar una respuesta al siguiente interrogante: ¿qué ocurre si se le permite a la población productiva conservar el fruto de su trabajo, y sus ahorros se vuelven resistentes tanto a la voracidad fiscal como a la devastación del ciclo económico? ¿Qué ocurre, en definitiva, si adoptamos un sistema monetario justo, uno que no está diseñado para favorecer a los parásitos a expensas de los que agregan valor?

El experimento aún está en curso, y lo que hemos visto hasta ahora no era muy difícil de predecir: por un lado, el beneplácito de la población productiva; por otro lado, una fuerte reacción por parte de las élites financieras.

Recordemos que los parásitos no aspiran tanto a la riqueza (pues ésta les dura muy poco) como al control de la riqueza producida por otros, y lucharán a muerte antes de renunciar a sus privilegios. Si nos guiamos por la evidencia histórica, es más probable que los veamos desarrollar alas de colores y volar como mariposas que optar por ganarse la vida honradamente.

¿Cómo intentarán esta vez, entonces, inclinar el campo de juego a su favor? En otras palabras, ¿cómo es que Blockstream planea matar a Bitcoin? Según Justus Ranvier, apelando a una estrategia similar a la que usaron los gobiernos para matar al oro como patrón monetario.


Por Justus Ranvier

– La Lightning Network (el sistema que Blockstream pretende montar a la fuerza sobre la cadena de bloques) se convertirá en una red de pagos de distribución radial (hub-and-spoke), porque no existe un algoritmo de enrutamiento P2P con un rendimiento aceptable, y también porque es necesario inmovilizar grandes cantidades de capital para hacer que los canales de pagos funcionen.

Los centros de actividad de la Lightning Network (LN) serán, en la práctica, bancos.

– Los canales de pagos pueden “llenarse”, y en ese estado son incapaces de aceptar nuevos flujos de fondos en un rumbo particular.

– Cuando se llena un canal de pagos, la única manera de reanudar el flujo de fondos es abrir un nuevo canal.

– La apertura de un nuevo canal de pagos requiere una cantidad importante de capital y también una transacción en la cadena de bloques.

– El retraso en la apertura de nuevos canales deteriora la experiencia del usuario de la LN. A veces la LN funciona bien, pero a veces tu canal se llena y no puede recibir más fondos hasta que logres registrar en un bloque una transacción destinada a abrir un nuevo canal.

– El tiempo que demora la red en confirmar tu transacción es impredecible (puede llevarle horas o días, dependiendo de la demanda).

– No hay ninguna limitación técnica que impida que un cliente de LN trabaje con un canal que no esté aún confirmado en la cadena de bloques.

Con el fin de resolver el problema de los retrasos y el problema de la imposibilidad de predecir el tiempo que demorará la confirmación de las transacciones, ambos ocasionados por la necesidad de abrir nuevos canales de pagos, los bancos empiezan a ofrecer carteras “mejoradas” que funcionan con canales no confirmados en la cadena de bloques.

– La mayoría de los usuarios aceptan felizmente esta mejora en el rendimiento.

– Una vez que los clientes de la LN comienzan a aceptar canales no confirmados, los bancos empiezan a preguntarse qué sentido tiene molestarse con la confirmación de los canales en la cadena de bloques.

– Algunos bancos empiezan a manejar los fondos de sus clientes exclusivamente en canales no confirmados, manteniendo sólo la cantidad de bitcoins reales (en la cadena de bloques) necesaria para las liquidaciones con otros bancos.

– Estos bancos empiezan a operar con reserva fraccionaria, y atraen a los clientes de los bancos que operan con reserva completa mediante cuentas que pagan intereses.

Cuando todos los bancos operan con reserva fraccionaria, pueden intercambiar el sistema de liquidaciones basado en Bitcoin por cualquier otro.

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