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¿Que significa eso de que “el precio del bitcoin lo pone el mercado”?

Por Luis Rodríguez (@SomosPolvo)

Si preguntas a cualquiera de los ciudadanos de Bitcoinlandia cómo es que se determina el precio del bitcoin y el de otras criptomonedas, probablemente te responderá que es fijado por la oferta y la demanda en el mercado libre. Esta es quizás una de las primeras preguntas que todos se hacen cuando aterrizan en el país de las criptomonedas, y afortunadamente nunca faltará una persona amable que lo aclare. En lo personal, no creo que esa sea una mala respuesta. Sin embargo, también creo que no todo el mundo entiende en profundidad lo que ello implica. A menos que una persona tenga una noción más o menos clara de cómo funciona el sistema de precios y de lo que realmente encierra el concepto de “libre mercado”, es poco probable que pueda comprender quiénes y de qué forma ponen precio al bitcoin.

Como resultado de la influencia socialista a la que día a día somos expuestos a través del sistema “educativo” y los medios masivos de comunicación, y de la falta de interés de muchos en profundizar en temas relacionados con la economía y la política, no es de extrañar que muchos de nosotros tengamos o hayamos tenido ideas erradas sobre el mercado y el Estado. Una de ellas, muy común, es la de que “mercado” es un sinónimo de “los empresarios” o “las élites económicas”, lo que nos hace pensar que nosotros estamos fuera de él, que no tenemos ningún poder en “sus decisiones” y que necesitamos ser protegidos del mismo. De estas ideas derivan conclusiones que nos inclinan a favor de intervenciones estatales como el control de precios, entre otras aberraciones.

Afortunadamente, cuando entramos a Bitcoinlandia nos encontramos con que aquí la realidad es bastante diferente a la que estamos acostumbrados. No porque las comunidades bitcoiners sean inmunes a las ideas erradas –las posiciones suicidas típicas de los defensores del sistema socialista tienen también algunos partidarios en Bitcoinlandia–, sino porque los controles con los que los gobiernos dicen “protegernos del mercado” no tienen aquí el peso que tienen afuera. Si bien los gobiernos tienen el poder de crear normas perjudiciales para el conjunto de los bitcoiners, no pueden garantizar su cumplimiento al carecer de la capacidad de penetrar efectivamente en el ecosistema.

Cuando la gente empieza a internarse en el mundo de Bitcoin, frecuentemente queda impresionada por lo distinto que funcionan el decadente sistema financiero tradicional (donde el poder se concentra en los gobiernos y un sistema bancario corrupto) y la economía Bitcoin (donde el poder es devuelto a los individuos que participan en ella motivados por sus ventajas). En el primero, las regulaciones son cosa del día a día, el intervencionismo ruge, campea a sus anchas y amenaza con que en su ausencia sobrevendría el desorden y el colapso… mientras que la “bitcoinomía” simplemente se sostiene a sí misma sin necesidad de que Papá Estado lo regule todo.

Bitcoin desmiente con su ejemplo de libremercadismo a las hordas de intelectuales estatistas que presagian el caos para todo espacio adonde el gobierno no tenga sus manos metidas, y hace que millones de mentes adoctrinadas se pregunten cómo es posible que este sistema funcione sin una institución central que obligue a otros a obedecer sus designios en materia de “precios oficiales”, o estableciendo “precios justos”, “máximos de ganancia” permitidos, etc.

La naturaleza del mercado y el sistema de precios

Creo que todos en la vida habremos escuchado al menos una vez que “el Estado (o hacienda, o “lo público”) somos (o es de) todos”. Una descarada mentira que solo puede creer quien tenga el cerebro lavado por años de “educación” estatal, o quien todavía no haya tenido la oportunidad de encontrarse con alguien que le ayudase a descubrir lo evidente: que el Estado es una institución por medio de la cual una élite toma decisiones que son impuestas al resto de la sociedad, y que lo estatal (también llamado “lo público”) no es de todos, sino que está en manos de los políticos y sus aliados, y que ellos pueden hacer con ello lo que quieran (siempre que los ciudadanos lo toleremos).

Por otro lado, probablemente pocos hayan escuchado a alguien decir que “el mercado somos todos”, y seguramente muchos rechazarían semejante afirmación si la escucharan. Sin embargo, en este caso la afirmación no es una mentira, puesto que “el mercado” es una expresión usada para referirse a un espacio donde las personas se involucran en intercambios.

Cuando los bitcoiners (y los liberales) decimos que el precio del Bitcoin es fijado por el mercado libre, no nos referimos a que hay una institución o élite decidiendo por todos nosotros, sino a que las personas que participamos en intercambios libres decidimos qué valor le asignamos a esta moneda y negociamos su precio.

Algo muy importante que conviene precisar para entender todo esto, es que valor y precio no son lo mismo. A día de hoy, muchas personas siguen creyendo la vieja y errónea idea de que el valor es un atributo de las cosas que ya está dado y que hay que descubrir, cuando la verdad es que el valor es siempre subjetivo. Todo “valor” es asignado por los individuos de acuerdo a sus prioridades, prioridades que varían de persona a persona y también, según el momento y las circunstancias, en la mente de cada persona. Los precios, por otro lado, no son más que condiciones que los seres humanos ponemos para ceder algo en un intercambio. Si hay libre acuerdo entre las partes (oferta y demanda), podemos decir que hay un precio de mercado. Y si hay un precio de mercado es precisamente porque en un determinado momento las partes difieren en la valoración del producto comerciado (ejemplo: yo valoro más un lápiz que 10 centavos en mi monedero, en el mismo momento en que mi contraparte valora más 10 centavos que la posesión de ese lápiz).

Una vez que hemos entendido estos puntos fundamentales, llegar a la conclusión lógica por nuestra propia cuenta no es tan difícil. Esa idea de que el precio del bitcoin es “determinado por la relación entre oferta y demanda en el mercado” se hace mucho más clara cuando hemos comprendido que no estamos obligados a valorar algo de una forma en particular y que tampoco estamos en la obligación de aceptar un precio cuando participamos en un intercambio comercial.

El precio de mercado no es un factor que se impone coactivamente sobre la voluntad individual, es un emergente de la interacción entre los ofertantes y los demandantes, de sus valoraciones y lo que esperan recibir a cambio de lo que ofrecen.

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El mercado para el consenso

¿De qué hablan los Blockstream boys cuando hablan de consenso? No se refieren, desde luego, al proceso descentralizado ideado por Satoshi Nakamoto para garantizar tanto la evolución de Bitcoin como la inmutabilidad de sus propiedades monetarias. De hecho, el “consenso Blockstream” (“confía en los empleados de Blockstream y cierra la boca”) es exactamente lo opuesto al “consenso Nakamoto” tal como se describe en el white paper. A continuación, Mengerian enseña con diáfana claridad el funcionamiento del mecanismo que resguarda las propiedades monetarias de Bitcoin, y al hacerlo expone los motivos por los cuales el politburó de Blockstream / Core se empeña en ocultártelo.

Por Mengerian

El debate sobre el tamaño del bloque se puede entender como el debate sobre cómo se determinan las normas de consenso en Bitcoin. ¿Deberían estas ser grabadas en piedra y resultar muy difíciles de modificar -como propone la gente de Bitcoin Core– o deberían evolucionar a través de un proceso que involucra a los operadores individuales de nodos, como es la propuesta de Bitcoin Unlimited?

A mucha gente le gusta la idea de que las propiedaes de Bitcoin sean inmutables, ya que esto les da confianza en sus cualidades como moneda, en especial las que evitan que sea censurable o embargable. Pero esta es una falsa promesa. La idea de que los parámetros del consenso pueden ser “grabados en piedra” mediante un software de referencia es puramente ilusoria.

Dado que nadie puede ser obligado a usar un determinado tipo de software, ni se puede evitar que lo modifique antes de usarlo, las reglas de consenso están definidas en último caso por las elecciones de quienes participan en la red. Entender los factores que condicionan y motivan estas elecciones, y cómo las decisiones individuales de cada nodo interactúan globalmente para hacer que emerjan ciertas propiedades, puede ayudarnos a entender cómo las reglas de consenso pueden desarrollarse en el futuro. Y tal vez esta comprensión pueda servirnos para fortalecer la confianza en que las propiedades de un Bitcoin con buenas raíces en el mercado son mucho más sólidas que aquellas pretendidamente “grabadas en piedra”.

Por qué los nodos siguen reglas de consenso

Es cierto que la red Bitcoin, tal y como existe a día de hoy, sigue las reglas de consenso codificadas en el cliente de Bitcoin Core, pero esto representa simplemente uno de los posibles equilibrios estables. La razón por la que un operador de un nodo en particular decide reconocer las actuales reglas que hacen válido a un bloque, es que el resto de nodos aplican esas mismas reglas. Un minero no querrá gastar poder de cómputo produciendo un bloque huérfano ya que perdería la recompensa por su trabajo. Un vendedor no querrá vender determinados bienes a cambio de bitcoins si los mineros rechazan incluir la transacción correspondiente al pago en un bloque y se puede dar la posibilidad de un doble gasto. En estos ejemplos vemos operadores de nodos aceptando o rechazando bloques de acuerdo a las reglas de validación para mantener su adherencia al consenso de la red.

¿Pero qué pasaría en el caso de un “soft-fork” (“bifurcación suave”)? En un “soft-fork”, los mineros se coordinan para imponer reglas de validación adicionales, que no existían previamente. En este caso, la razón por la que escogerían adoptar esas nuevas reglas de validación sería para cambiar las propiedades de Bitcoin de alguna manera, añadiéndole quizás nuevas funcionalidades.

Otro ejemplo a considerar es el de los operadores de nodos de Bitcoin Unlimited en la red Bitcoin que eligen ignorar las actuales reglas de validación para el tamaño del bloque. Los nodos Unlimited pueden interactuar de forma no-conflictiva con los nodos de Core, pero si los mineros produjeran una cadena de prueba de trabajo más larga con un bloque de un tamaño mayor a 1 MB, estos nodos seguirían dicha cadena, mientras que Bitcoin Core la rechazaría. En este caso, la razón para rechazar la regla de 1 MB como tamaño maximo para los bloques es intentar influenciar las propiedades de Bitcoin como sistema. Quieren permitir un mayor tamaño para los bloques.

Así que vemos que las motivaciones de los nodos para adoptar unas reglas u otras de validación caen en dos categorías principales:

a) Nodos que aceptan las reglas para mantenerse dentro del consenso con otros nodos.

b) Nodos que adoptan ciertas reglas de validación para tratar de influir sobre las propiedades de Bitcoin como sistema.

Si todos los participantes en la red se ponen de acuerdo en las propiedades que quieren para el sistema, entonces estas dos motivaciones quedan alineadas. En este caso, decidir las reglas de validación de bloques que deberían implementar los nodos resulta algo simple: descubrimos qué reglas de validación de bloques conducen a las propiedades globales del sistema que todos queremos, y los nodos implementan esas reglas.

Es posible, sin embargo, que esos dos objetivos no estén alineados. ¿Qué pasa si tú crees que la red debería seguir ciertas reglas, pero el resto de la red no está de acuerdo? Si un grupo se siente muy seguro acerca de una propiedad que quiere para el sistema, podría tomar la decisión de iniciar su propio camino y separarse de la red, bien sea mediante una escisión que conserve el registro de transacciones, un fork de la cadena de bloques, o simplemente creando otra moneda desde cero.

Pero las cosas son mas interesantes y complicadas si los dos objetivos están mas equilibrados. Entonces tenemos una situación donde los motivos están mezclados y pueden equilibrarse entre ellos. Este tipo de dinámica de motivos mezclados fue explorada por Thomas Schelling en su libro “La estrategia del conflicto”. Schelling provee un marco teórico para comprender situaciones donde existen incentivos tanto para la competición como para la cooperación.

El análisis de Schelling es muy útil para entender las dinámicas de un Bitcoin en el que una proporción significativa de participantes tienen ideas en conflicto sobre cómo la red debería funcionar, pero a la vez tienen un fuerte incentivo para mantenerse dentro del consenso con el resto de la red.

Motivos mezclados

Las estrategias de motivos mezclados pueden verse como combinaciones de estrategias de coordinación (allí donde los intereses son coincidentes) y estrategias de negociación (allí donde los intereses son divergentes). Las estrategias de coordinación incluyen la señalización y la convergencia en puntos focales. Las de negociación incluyen estrategias orientadas a reforzar los acuerdos, típicamente con amenazas creíbles de represalias en caso de incumplimiento.

Estas estrategias suponen riesgos así como también potenciales beneficios. Para comprender el funcionamiento de estas estrategias, necesitamos entender cómo interactúan los incentivos y la tolerancia al riesgo de los participantes, cómo estos elementos dan forma al comportamiento individual, y cómo los comportamientos individuales se combinan para hacer emerger propiedades del sistema a escalas mayores.

Reglas de validación como amenaza de separación

Que un nodo adhiera a ciertas reglas de validación de bloques implica una amenaza de que ese nodo se pueda escindir de los demás nodos si estos se desvían del cumplimiento de esas mismas reglas. Los nodos influencian la aceptación de las reglas de consenso, tanto si eso significa mantener las existentes como intentar que sean aceptadas otras nuevas, amenazando con separarse de los nodos que no las adopten y formar un grupo independiente del resto. La efectividad de esta amenaza dependerá de varios factores, como ser:

♦ El número y la importancia económica de los nodos que quieren separarse.

♦ La efectividad con la que la amenaza de separación es comunicada al resto de la comunidad.

♦ El grado de compromiso con las nuevas reglas.

♦ La expectativa de viabilidad en el mercado del nuevo grupo independiente. Aquí es donde se pone de manifiesto el mecanismo descripto por Daniel Krawisz en su artículo “Quién controla Bitcoin”. En este caso, las predicciones creíbles con respecto a las reacciones de los inversores sustituyen a la separación efectiva.

Veamos algunos ejemplos:

Ejemplo 1: Regla de validación de tamaño de bloque

La mayoría de los nodos de la red actualmente aceptan la regla por la que rechazarán bloques mayores de 1MB. Si un minero produjera un bloque de un tamaño mayor, ellos “saben” (digamos que pueden predecir con alto grado de certeza) que será un bloque huérfano que no obtendrá recompensa. Incluso si una mayoría de mineros se pusieran de acuerdo en construir una cadena con bloques de mayor tamaño, si los exchanges y usuarios de Bitcoin la rechazaran, perdería su valor. Al utilizar un software que rechaza los bloques de más de 1 MB, la mayoría económica se compromete a separase de aquellos mineros que produzcan bloques de más de 1 MB. Si esto llegase a pasar, entonces el mercado se vería perturbado y se perdería valor. Pero dado que la amenaza es creíble, los mineros no producirán dicha cadena. Los mineros irán tras el dinero, y se someterán a la voluntad de la mayoría económica.

Pero imaginemos qué ocurriría si las proporciones fueran a la inversa. ¿Qué ocurriría si la inmensa mayoría de nodos relevantes (exchanges y procesadores de pagos) decidieran utilizar un software como Bitcoin Unlimited, y dejar de apoyar la regla de 1MB para la validación de bloques? En este caso, sería una acción muy arriesgada para una minoría económicamente débil seguir apoyando la regla que impide la creación de bloques de más de 1 MB. Si lo hicieran, estarían declarando que van a rechazar la cadena que contenga bloques de más de 1 MB, incluso si los mineros producen tal cadena con la mayor parte de la prueba de trabajo, lo que perjudicaría el efecto de red y, por lo tanto, el valor de Bitcoin. Ante a una situación como esta, lo mineros tendrán que sopesar la pérdida de valor por pérdida de efecto de red, por un lado, y, por otro lado, el beneficio de bloques más grandes y el valor que ellos esperan que tal cambio añada a Bitcoin. Si el beneficio que esperan de la creación de bloques más grandes supera el daño que esperan de la amenaza de una escisión en la red, entonces es posible que elijan producir bloques más grandes.

Ejemplo 2: Regla de las 21 millones de monedas

Si el tamaño del bloque es determinado por las fuerzas orgánicas del mercado, ¿qué pasa entonces con algunas reglas más importantes de validación, como la curva de emisión predeterminada y el límite de 21 millones de monedas? ¿Podría este proceso suponer una amenaza para el límite a la emisión de bitcoins, una propiedad esencial del sistema?

Consideremos una situación similar a la del último ejemplo. Una mayoría de nodos dejan de aplicar el limite de inflación de Bitcoin, tal vez porque están convencidos de que es necesario tener más inflación para evitar que los precios (medidos en bitcoins) experimenten una rápida deflación, o tal vez creen que los mineros necesitan una mayor recompensa por asegurar la red. Pero una minoría de nodos está en desacuerdo. Muchos ahorristas de larga data y, en general, los partidarios del blindaje contra la inflación arbitraria, rechazarán los bloques que violen las reglas de emisión limitada aunque estos formen la cadena más larga. Ahora los mineros tienen que hacer su propia evaluación: si minan la moneda con inflación desbocada, ¿qué probabilidad tiene la moneda clásica de persistir y mantener su valor? ¿Cómo se medirán ambas monedas en el mercado? ¿Compensará la pérdida de valor el supuesto beneficio de minar la moneda inflada? Si el riesgo de pérdida neta de valor se percibe como significativo, entonces la vieja moneda y su minoría serán capaces de detener la violación de las reglas de emisión, reglas que constituyen un “Punto de Schelling” del que resulta difícil desviarse. Además, el resto de los nodos, al evaluar la situación de una forma similar, también tenderán a elegir la moneda clásica para evitar el riesgo de escisión y pérdida de valor.

Ejemplo 3: SegWit como soft fork

En el caso de un “soft fork” (bifurcación suave), los participantes de la red se coordinan para añadir nuevas reglas de validación que previamente no se aplicaban. Este proceso es impulsado por mineros que pueden dejar huérfanos aquellos bloques que no cumplen con las nueva reglas. Los nodos de no-mineros que deciden no cumplir con las nuevas reglas aceptarán, sin embargo -y seguirán- la cadena más larga, y de esta forma se unirán pasivamente al nuevo consenso de los mineros. El hecho de que los nodos que no acepten las nueva reglas de validación acaben finalmente siguiéndolas al reconocer la cadena más larga como la válida, es presentado frecuentemente como una razón a favor de los “soft-forks”.

Los mineros pueden usar un “soft fork” para forzar cambios en el protocolo con o sin el consentimiento de los nodos no-mineros. Debemos darnos cuenta, sin embargo, de que esta maniobra no está exenta de riesgos para los que adoptan las reglas del soft fork. Si una gran parte de la comunidad decide no aplicar las nuevas reglas para la validación de bloques, seguirán la cadena más larga pero dejando la puerta abierta a que dichos cambios sean revertidos posteriormente. Por lo tanto, las nuevas reglas disminuyen las garantías de seguridad.

En el caso de cambios polémicos, este riesgo se acentúa. Los nodos que apoyan el soft fork tienen que considerar con seriedad el riesgo de quedar aislados del resto de la red, si se produce una cadena que ignora las nuevas reglas y la mayor parte de la red sigue adelante con esa cadena.

Este riesgos no son consideraciones puramente académicas. De hecho, dicho fallo en el consenso ocurrió en julio de 2015 tras el soft fork debido a BIP 66. El cambio que se implementaba no era controversial, era simplemente un ajuste de ciertas reglas vigentes para la codificación de las firmas con el fin de que siguieran un comportamiento estándar. Lo que ocurrió fue el resultado de un problema de coordinación entre los mineros. Algunos de los mineros que habían dicho que aplicarían las nuevas reglas, en realidad no estaban rechazando los bloques que no cumplían con el nuevo estándar. Cuando se producía un bloque que violaba las nuevas reglas, estos mineros extendían la cadena como si se tratara de un bloque válido, y seguían minando en esa misma cadena. Lo que esto muestra es que el riesgo de divergencia del consenso existe siempre que los nodos empiezan a aplicar nuevas normas de validación. Este riesgo es mayor cuanto más controvertido es el cambio, en especial si hay un grupo significativo que se niega someterse a las nuevas reglas.

Soft forks y hard forks

Viendo las cosas de esta forma -dándonos cuenta de que apoyar una reglas de validación equivale a amenazar con separarse de los nodos que no las apoyen-, tenemos una nueva perspectiva de los soft forks y los hard forks.

Un soft fork sucede cuando cuando los nodos aplican nuevas reglas de validación de bloques que no estaban en vigor. Esto aumenta el riesgo de que entre los nodos se produzca una ruptura del consenso, lo que comprometería la seguridad de los que habían adoptado esas nuevas reglas de validación.

Un hard fork, por el contrario, conlleva un descenso en las amenazas. Los nodos pueden aceptar un hard fork simplemente retirando el apoyo a una regla. Esos nodos seguirán la cadena más larga (la cadena con más prueba de trabajo), ya que de esa forma tienen menor riesgo de caer fuera del consenso de la mayoría económica.

Queda claro que cualquiera de los cambios a las propiedades monetarias de Bitcoin pueden lograrse tanto mediante un soft fork como mediante un hard fork. Un soft fork podría porfectamente ser usado para aumentar el límite de los 21 millones. Dado que los hard forks no resultan más peligrosos para Bitcoin y sus propiedades que los soft forks, tiene sentido para los operadores de nodos admitir la posibilidad de hard forks que no modifiquen las reglas monetarias de Bitcoin, porque de este modo reducen su riesgo de quedar al margen de la cadena con más prueba de trabajo.

Una visión para el futuro

Un red Bitcoin saludable debería en el futuro componerse de nodos que implementen múltiples proyectos en competición. Algunos proyectos se especialziarán en servir a las necesidades de los mineros o los comerciantes. Otros podrían hacer negocio sirviendo a los “clientes ligeros”, ofreciéndoles diferentes niveles de blindaje contra fraudes que ayuden a asegurar la red.

Además de competir ofreciendo nuevas funciones, los clientes Bitcoin tendrán que competir por garantizar la preservación del consenso. Los ahorristas e inversores se asegurarán de que la escasez sea preservada. Los comerciantes y procesadores de pagos se asegurarán de que sea cómodo y fácil efectuar transacciones. Los mineros trabajarán para mantener un ingreso por tarifas que financie el poder de cómputo que protege a la red.

El resultado de esta visión sería una red Bitcoin donde los fallos de consenso accidental fueran muy improbables, y los cambios deliberados capaces de incrementar el valor de Bitcoin se producirían sin sobresaltos. Las elecciones de todos los agentes económicos en función de sus propios intereses se combinarían para producir un sistema resiliente, flexible y confiable.

Conclusión

La promesa de Bitcoin es que puede proporcionar un dinero basado en el mercado que sea resiliente frente a los intentos de destruirlo. El valor de Bitcoin depende de la confianza en que sus propiedades monetarias permanecerán inmutables en el futuro. La actual situación, con una implementación dominante, centraliza la confianza y deja las propiedades básicas de Bitcoin expuestas a la posibilidad de cambios. Un futuro en el que las propiedades fundamentales de Bitcoin sean defendidas y apoyadas a traves de la interacción de los participantes del mercado es la única esperanza para la estabilidad a largo plazo.

Suponer que la comunidad de Bitcoin necesita alcanzar algún tipo de consenso social previo a la implementación de cambios sobre el protocolo es perder de vista la forma en que Bitcoin mantiene sus propiedades fundamentales. Nadie debería estar al mando, y por lo tanto nadie puede estar en posición de determinar si se ha alcanzado suficiente consenso social. Cualquiera es libre de intentar un hard-fork en cualquier momento, y es cosa del mercado decidir si la propuesta tendrá éxito o no.

No deberíamos buscar refugio en la falsa seguridad de un control vertical, en la presión social y el diseño monocultural. Las fuerzas del mercado son el auténtico baluarte que defiende las propiedades monetarias de Bitcoin. No hay mejor opción que abrazar aquellos mecanismos que facilitan un libre mercado para el consenso.

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El camino hacia un bitcoin a 10.000 dólares

Por Charles Hugh Smith

El escepticismo es siempre una actitud prudente ante cualquier asunto financiero, especialmente cuando se trata de uno especulativo, así que ponte tus gafas de lector escéptico y sigue adelante.

El problema es que ahora todo es especulativo. ¿Alguien piensa realmente que el mercado de bonos del sector privado de 100 billones (millones de millones) de dólares (es decir, la apuesta de que los deudores pagarán lo que han tomado prestado con intereses) es algo “seguro”, garantizado, a prueba de balas, en lo que no es posible perder capital, etc.? ¿Y qué me dices del mercado de bonos soberanos (gubernamentales) de 60 billones de dólares?

El problema con los bonos soberanos es que los gobiernos, mediante los bancos centrales, pueden crear dinero de la nada para pagar intereses y canjear los bonos que van venciendo, pero esto tiende a depreciar la moneda. Así que recuperar el 100% de tu inversión nominal no significa que has recuperado el 100% del valor; si la divisa en la que el bono está denominado cayó un 50%, los tenedores de bonos sufren una pérdida del 50% en el poder adquisitivo de su capital inicial. ¡Ay! ¿No es eso especulativo?

¿Y los 70 billones de dólares en acciones globales? Sí, todos “sabemos” que las acciones nunca volverán a bajar porque los bancos centrales pueden seguir inflando nuevas burbujas de crédito indefinidamente… No nos engañemos: la historia nos dice que las acciones siguen siendo una apuesta especulativa.

¿Y los 62 billones de dólares en instrumentos de deuda sin garantía? ¿Cuánto de esta deuda depende de centros comerciales que están desapareciendo rápidamente, bienes raíces a precios de burbuja o valoraciones fantasiosas en otros activos?

Los activos financieros suman aproximadamente 300 billones de dólares. Y esto no incluye bienes raíces. A nivel global, el capital invertido en bienes raíces se estima en 217 billones de dólares –aproximadamente dos tercios del total de la riqueza disponible–. En conjunto, estos activos suman más de 500 billones de dólares. Y todos son especulativos. Sí, incluso los bienes raíces.

Luego está el mercado de divisas. ¿Crees que las monedas son inversiones no especulativas? ¿Es por eso que la riqueza china está huyendo del yuan: porque está garantizado que esta moneda nunca perderá poder adquisitivo? ¿Es por eso que el euro cayó de 1,40 a 1,05 dólares: porque es una inversión segura y garantizada? Los venezolanos aprendieron de la forma más dura que el dinero fiat, cuando está mal gestionado por el país emisor / banco central, puede destruir riqueza en una escala monstruosa.

Así que ahora pasemos a Bitcoin, con una capitalización de alrededor de 14 mil millones de dólares y un máximo reciente de 18 mil millones. Compara eso con 500 billones (¡millones de millones!). Si de allí tomamos un único billón, toda la capitalización actual de Bitcoin es 1 / 70 de eso.

Imaginemos un escenario en el que decenas de billones en riqueza que se percibe en riesgo buscan súbitamente una alternativa –cualquier alternativa a permanecer en una clase de activos que empieza a circular por el desagüe–. Estamos acostumbrados a la “rotación”, aquel bonito juego en el que los bonos pueden ser vendidos para invertir en cambio en bienes raíces o acciones, o viceversa.

Estamos menos acostumbrados a que todas las clases de activos convencionales caigan como fichas de dominó. ¿Adónde se dirigen los billones que escapan de una crisis financiera global cuando las acciones, los bonos y los bienes raíces caen simultáneamente en medio de una venta masiva y caótica? El oro y la plata son refugios que han superado la prueba del tiempo, pero no es difícil prever la imposición de medidas que limiten su utilidad, como restricciones a la tenencia, el comercio o el suministro de metales preciosos. Algún porcentaje de inversores buscará alternativas.

En semejante ambiente, con una multitud buscando desesperadamente salidas cada vez más estrechas, ¿qué pequeño segmento de inversores institucionales e individuales apostará a que el bitcoin podría mantener o incluso aumentar su valor mientras otras clases de activos lo pierden?

Supongamos que 1/10 del 1% de la riqueza que huye en pánico apuesta a que Bitcoin sea un refugio más seguro que los declinantes activos convencionales.

El 1% de 300 billones de dólares en activos financieros (dejando a un lado los 200 billones de dólares en bienes raíces) es igual a 3 billones de dólares, y una décima parte de eso es igual a 300.000 millones de dólares.

¿Y qué pasaría con el precio del bitcoin si 300.000 millones de dólares llegan buscando refugio? La capitalización de mercado aumentaría 20 veces respecto al nivel actual. Y dada la inelasticidad de la oferta de bitcoins, el precio también tendría que aumentar 20 veces.

Y si 1/10 del 1% de la riqueza financiera mundial fluyendo hacia bitcoin despierta tu incredulidad, bajémoslo a 1/20 del 1%, o 150 mil millones de dólares. Aún así, la capitalización de mercado y el precio del bitcoin se multiplicarían por 10.

Ese es el camino hacia un bitcoin a 10.000 dólares. ¿Improbable? Quizás. Pero si crees que 500 billones de dólares en activos actuales podrían verse seriamente amenazados en una crisis global, entonces que una pequeña porción de esa riqueza en rápida evaporación encuentre un hogar en Bitcoin (u otras criptomonedas) no debería parecerte algo descabellado.

¿Quieres algo “descabellado”? ¿Qué tal unos 3 billones de dólares en capital huyendo en pánico hacia Bitcoin? Sí, un completo, gigantesco, enorme 1% de la “riqueza” financiera especulativa global…

(Vale la pena hacer el mismo ejercicio con el oro; solo que debes tomar 6,4 billones (millones de millones) de dólares en capitalización de mercado (es decir, todo el oro no perteneciente a los bancos centrales) en lugar de 14.000 millones de dólares, que es la capitalización de mercado actual de Bitcoin).

Las criptomonedas son intrínsecamente volátiles y especulativas. Cualquiera que esté considerando la posibilidad de invertir en criptomonedas debe tener esto en mente en todo momento. No hay seguridad “garantizada” –no hay nada garantizado–.

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Bitcoin y el próximo apocalipsis financiero

Muchas veces me he preguntado qué es lo que diferencia a los que una vez expuestos a Bitcoin quedan inmediatamente fascinados con el concepto, de los que, por el contrario, permanecen eternamente indiferentes. No importa el esfuerzo que se haga para expresar la magnitud de la transformación que Satoshi Nakamoto ha desencadenado: tanto los escépticos irracionales (bien que a menudo crédulos ante el relato oficial) como los meramente apáticos responden con un “bah…” despectivo y siguen con sus vidas como si nada fuera de lo común se les hubiera presentado, mientras que otros viven la introducción a Bitcoin como una suerte de epifanía que los arranca de la rutina y los compele a profundizar en el tema, a veces hasta el agotamiento físico.

¿Qué diferencia, entonces, a unos de otros? ¿Qué diferencia a los que se marean ante las posibilidades que inaugura Bitcoin y se dejan caer en “la madriguera del conejo” para luego emerger ilustrados, capacitados y serenos ante la perspectiva de un colapso financiero global, de los que parecen refractarios a las mejores explicaciones –cuando no directamente hostiles al concepto–?

No son, ciertamente, los conocimientos técnicos los que hacen la diferencia; caso contrario, no habríamos visto –allí por 2010 y 2011– a tantos genios de la seguridad informática, la criptografía y las redes p2p convencidos de que Bitcoin era una burda quimera. Tampoco la experiencia previa en el mundo de la inversión explica la diferencia entre los fascinados y los indiferentes; caso contrario, no habríamos visto a tantos inversores de renombre desestimar o dar por muerto a Bitcoin.

No. Lo que diferencia a los fascinados con Bitcoin de los indiferentes es que los primeros saben que el sistema monetario basado en dinero fiat no es sostenible, mientras que los segundos viven bajo la ilusión de que lo es (en este segundo grupo incluyo a los “cabeza de lingote” que creen en la restricción fiscal de los gobiernos vía patrón oro). Los indiferentes creen que sus ahorros están seguros en el banco, que el control del Estado sobre el dinero digital es un problema solo para los ricos, que en el futuro su poder adquisitivo se mantendrá intacto gracias a las pensiones que los gobiernos prometen hoy, que el crédito puede expandirse indefinidamente –e independientemente del ahorro– si hay voluntad política para ello…

En definitiva, los que insisten en ignorar a Bitcoin no tienen ni la más remota idea de lo que está ocurriendo y no pueden siquiera imaginar las inevitables consecuencias de tanto desatino. Creen en el almuerzo gratis, creen que dar nada a cambio de algo es una estrategia perfectamente aceptable y sostenible, creen que la escasez es siempre el resultado de una conspiración, que el mundo les debe todo lo que son capaces de desear, y que el Estado es el medio natural, justo y necesario para hacer fluir hacia ellos (o hacia la gente con la que ellos simpatizan hoy) los recursos que –según ellos– merecen.

Esa es la diferencia fundamental. Unos habitan un mundo fantástico en el que las leyes económicas pueden ser derogadas por consenso parlamentario, y aunque luzcan indiferentes en el fondo están luchando por conservar esa ilusión de control sobre el mercado. Los otros, en cambio, luchan por liberarse de esa ilusión y por determinar qué es lo que realmente está bajo su control.

Nunca antes el conocimiento de la historia y la educación en cuestiones monetarias y financieras había tenido un rol tan determinante en el futuro económico de una persona. Nunca antes la identificación del fraude keynesiano había resultado en beneficios tan concretos para el hereje: hasta la irrupción de Bitcoin, ver más allá de la mentira oficial y alzar la voz para denunciar el fraude solía desatar una cruel maldición sobre el insurrecto, forzado a elegir entre el falso arrepentimiento y un eterno bracear contra la corriente sin tierra a la vista; solía implicar marginación en los círculos académicos “serios”, escarnio en los medios masivos de comunicación, desprecio por parte de las mayorías entregadas a la servidumbre voluntaria… y todo eso sin una compensación económica que aliviara las amarguras propias de una batalla desigual.

Hoy, admitir y difundir la perturbadora verdad –que habitamos el ojo del huracán financiero más destructivo jamás visto y que no habrá refugio seguro dentro del sistema financiero centralmente planificado– no es precisamente la fórmula para ganar un concurso de popularidad, pero tiene su recompensa si se es coherente y se huye hacia Bitcoin para mantenerse a salvo de la rapacidad estatal.

El mundo bitcoinizado será muy diferente al mundo que despediremos en el próximo apocalipsis financiero. El mundo que nos espera, y que ya empezamos a vislumbrar, es uno que recompensa el conocimiento, el ahorro, la prudencia, la conciencia del peligro, el consumo responsable, el horizonte temporal de largo plazo, el respeto a la propiedad ajena, y la satisfacción de necesidades a través del mercado, entre otras cualidades y conductas prosociales y moralmente irreprochables.

La mayor transferencia de riqueza de la historia –un proceso que ya está en curso– será paralela –y con el tiempo le pondrá fin– a la peor, y acaso la última, depresión económica de la historia. Somos testigos afortunados de la primera etapa de una transición que dividirá épocas, y que hundirá en el desconcierto más profundo a saqueadores y oportunistas –esos grandes beneficiarios de la prehistoria financiera–.

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Brujería keynesiana

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Mientras la madre de todas las burbujas financieras continúa inflándose, las personas que todavía no han perdido la cordura se debaten entre la necesidad de digerir una verdad inquietante (no habrá recuperación económica; no habrá refugio seguro dentro del sistema financiero tradicional) y la necesidad de tomarse un respiro de tanta locura.

Solo las ovejas más tiernas del rebaño ignoran que los gobiernos ya no pueden desviarse del rumbo insensato que han trazado para la economía. De hecho, los gobiernos ya ni siquiera pueden desacelerar (y mucho menos reducir) la velocidad de este convoy suicida. Así que no hay tiempo que perder: este es el momento de arrojarse del vagón, porque mañana podría ser demasiado tarde.

Una vez a salvo, podemos relajarnos y contemplar el inexorable proceso de descarrilamiento sin perder la calma. Las futuras víctimas han sido notificadas y no han prestado atención a las advertencias; ahora solo nos queda tomar notas desde la seguridad de nuestro refugio para luego estudiar el fenómeno en detalle, como esos ingenieros que examinan una y otra vez las grabaciones de la caja negra después de un accidente.

La instrucción, sin embargo, no es incompatible con el entretenimiento. ¿Acaso no es entretenido el espectáculo que dan los académicos tratando de justificar cualquier disparate que surja de un ministerio de economía? Lo es para quienes estamos blindados contra la manipulación monetaria y financiera.

Rescates bancarios a expensas del contribuyente, flexibilización cuantitativa, tasas de interés negativas… todo puede ser bendecido con actitud solemne y jerga distractora. Al fin y al cabo, es lo que han hecho las autoridades sacerdotales durante miles de años, y nada indica que vayan a dejar de hacerlo justo cuando más alto cotizan sus servicios.

Uno de los mitos más populares de la brujería keynesiana es el del “efecto multiplicador del gasto estatal”. Con la ayuda de Mike Shedlock (@MishGEA), hoy expondremos el absurdo que se esconde tras este concepto.


Gasto público y PBI

La fórmula del PBI (Producto Bruto Interno) es: Y = C + I + G + (X – M).

PBI (Y) es la suma del consumo (C), la inversión (I), el gasto público (G) y las exportaciones netas (X – M).

Estupidez keynesiana

Por definición, el gasto público contribuye al PBI, no importa lo ridículo que sea gasto. Si el gobierno le pagara a la gente por escupir a la luna, eso se sumaría al PBI.

Pero las consecuencias a largo plazo de tal ridiculez deberían ser obvias.

Japón es prueba suficiente. Lo único que tiene es enormes cantidades de deuda y crecimiento lento debido a décadas de construir puentes hacia ninguna parte.

Extraterrestres al rescate

Asumamos por un segundo que hay una peligrosa escasez de demanda por parte de los consumidores y que la inflación es “demasiado baja”. ¿Qué deberíamos hacer al respecto?

En una entrevista para la CNN en 2011, Paul Krugman sugirió que los extraterrestres podrían arreglar la economía.

Dijo Krugman: “Es muy difícil lograr que haya inflación en una economía deprimida. Pero se puede lograr si se implementa un programa de gasto público sumado a una política expansiva por parte de la Reserva Federal. Si descubriéramos que un grupo de extraterrestres planean un ataque, y necesitáramos construir una enorme infraestructura para defendernos de la amenaza extraterrestre, y la inflación y el presupuesto quedaran relegados a un segundo plano, esta caída no duraría más de 18 meses. Y si luego descubrimos que…oops! hemos cometido un error (…) Hubo un episodio de Twilight Zone en el que unos científicos simulaban una amenaza alienígena con el fin de conseguir la paz mundial. Esta vez necesitaríamos esa amenaza para conseguir un poco de estímulo fiscal.”

Al parecer, si fingimos una amenaza alienígena entonces podremos crear inflación y salvar al mundo de supuestos males como la caída de los precios y la insuficiente demanda.

Lo que se ve y lo que no se ve

No cabe duda de que puede haber un gran salto en el PBI si luchamos contra los extraterrestres (reales o imaginarios). ¿Y luego qué?

Debido a que el efecto a largo plazo de asumir tontamente una deuda totalmente improductiva es negativo, los economistas keynesianos demandarán más y más estímulo fiscal, ¡tal como lo hace Krugman constantemente!

“Lo que se ve” en el contexto de la lucha contra los alienígenas es el impulso a corto plazo del PBI. “Lo que no se ve” es la sustracción neta al crecimiento en el largo plazo que los economistas keynesianos nunca toman en consideración.

La trampa

Caer en la trampa es tomar en serio a los economistas keynesianos como Krugman, ya que al hacerlo cavamos cada vez más profundo dentro del pozo de la deuda.

La solución es valuar de manera realista la deuda improductiva, no aumentar el estímulo fiscal.

Sin embargo, los bancos centrales intentan meter más y más deuda en un sistema claramente sobrecargado de deuda.

Entre todas las creencias económicas ampliamente aceptadas pero claramente falsas, está la absurda idea de que la caída de los precios al consumidor es mala para la economía y que algo se debe hacer al respecto.

En sus intentos de combatir la tendencia defalcionaria de los precios al consumidor, los bancos centrales crean burbujas de activos muy destructivas que con el tiempo estallan, provocando lo que en realidad deberían temer –la deflación de las burbujas de activos que sigue al exceso de crédito bancario invertido en activos inflados–.

Deflación de activos

Los bancos centrales deberían temer a la deflación de los activos, no a la deflación del IPC (Indice de Precios al Consumidor). Incluso el BIS (Banco de Pagos Internacionales) está de acuerdo con esa afirmación.

Sin embargo, tanto los economistas keynesianos como los bancos centrales permanecen unidos en su objetivo autodestructivo de producir inflación.

Los resultados hablan por sí solos: auges y caídas de amplitud creciente.

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Es hora de poner fin al bloqueo

Por fin, los mineros chinos han empezado a dar señales de hartazgo con la junta de Bitcoin Core. En este denso clima de rebelión, un pequeño chispazo podría hacer saltar por los aires las aspiraciones monopólicas de Blockstream en cualquier momento. Parece que nuestro largamente postergado día de la Independencia se aproxima, y desde elBitcoin.org queremos contribuir a acelerar su llegada traduciendo y publicando aquí este magnífico artículo de Roger Ver. A continuación, el “Jesús de Bitcoin” explica de manera clara y persuasiva por qué es necesario derribar el muro que el grupo de desarrolladores contratados por Blockstream ha erigido en torno a Bitcoin.

honey badger bloqueo

He escuchado a varias personas en Bitcoinlandia decir que los bloques de transacciones deben estar siempre completamente llenos. Esto es análogo a decir que la provisión de café en Starbucks debe estar siempre agotada.

El espacio en el bloque es, como el café, un bien de consumo. Cuando los consumidores compran un café, están expresando su deseo de obtener este bien de consumo. Cuando los usuarios de Bitcoin pagan tarifas de transacción para su inclusión en un bloque, están expresando su deseo de obtener otro bien de consumo: espacio en un bloque de transacciones.

En el mercado del café hay numerosos proveedores. Tenemos Starbucks, Tully’s, Costa, y muchos otros. También tenemos competidores del propio café como bien de consumo, tales como Coca-Cola, Pepsi, agua, pastillas de cafeína, y una miríada de otras opciones. Los consumidores evalúan el precio del café de los diversos proveedores, así como el de las alternativas al café. Y luego deciden qué van a comprar y en qué cantidad, en base a sus preferencias individuales.

Algunos estarán dispuestos a pagar casi cualquier precio por un café, mientras que otros simplemente optarán por privarse de adquirirlo. Si el precio ofrecido en el mercado del café es lo suficientemente alto, más proveedores se verán incentivados a entrar en el mercado y satisfacer esta demanda. Si el precio del café es bajo, los productores de café menos eficientes se verán obligados a abandonar el mercado.

Muchas opciones

La misma situación se aplica al espacio en el bloque de transacciones Bitcoin. Nosotros, los consumidores, tenemos gran cantidad de opciones: Bitcoin, Litecoin, Ripple, Ethereum, Dogecoin, y muchas, muchas otras. También tenemos opciones no basados en cadena de bloques. Estas incluyen bancos, tarjetas de crédito, PayPal, dinero en efectivo, o simplemente renunciar a una específica transacción económica.

Los usuarios potenciales de Bitcoin se fijarán en los costos relacionados con el uso de todos estos sistemas. Estos costos incluyen tarifas por uso de la red, dificultad de uso del software, número de comerciantes que aceptan la moneda, procesadores de pagos que aceptan la moneda, velocidad de confirmación del pago, seguridad, dificultad de abrir una cuenta, riesgos legales, entre muchos otros. Los consumidores elegirán el sistema que más se acerque a satisfacer sus necesidades, y ciertamente no será Bitcoin si Bitcoin no es el que sirve a sus necesidades.

Del mismo modo que sería un error por parte de Starbucks trabajar deliberadamente sin suficiente café para satisfacer la demanda de sus clientes, sería un error por parte de los mineros de Bitcoin no suministrar suficiente espacio en los bloques para satisfacer las demandas de sus usuarios.

Cada vez que un usuario de Bitcoin está dispuesto a pagar una tarifa que es mayor que el costo marginal de la inclusión de la transacción en un bloque, para el minero tiene sentido económico incluir dicha transacción. Ya sea que hablemos de venta de café o de espacio en un bloque, sólo alguien que carece de una comprensión básica de los principios de la economía o los negocios querría rechazar clientes dispuestos a pagar por el producto que ofrece.

Externalidades

Esto nos lleva al tema de las externalidades. Una externalidad es un costo o un beneficio que no surge directamente de las partes involucradas en una transacción. En un mundo ideal, encontraríamos la manera de internalizar todas las externalidades, de tal forma que los costos tuvieran su origen únicamente en las partes involucradas en cada transacción. Cuando Starbucks vende café, es probable que haya algunas externalidades que considerar.

Tal vez las personas bajo los efectos de la cafeína conducen de manera más agresiva, causando así más accidentes de tráfico. O tal vez están más alerta, y por lo tanto son más productivas en sus puestos de trabajo. Es difícil saberlo con exactitud, pero estas externalidades deben tomarse en consideración tanto en el caso de la venta de café como en el de la venta de espacio en el bloque de transacciones de Bitcoin.

Las únicas externalidades negativas que se me ocurren vinculadas a la inclusión de una transacción adicional en un bloque por parte de un minero son:

El ancho de banda adicional necesario para transmitir la transacción a través de la red.

El tiempo extra de CPU que se requiere para validar la transacción.

El espacio de almacenamiento adicional que será necesario para almacenar la transacción.

La posibilidad de que un menor número de nodos puedan ser mantenidos, debido a alguna combinación de los tres puntos anteriores.

Consideremos uno a la vez:

1. Ancho de banda adicional

Es difícil saber qué tan relevante es este problema, pero con la conectividad volviéndose cada vez más rápida, año tras año, más y más lugares en todo el mundo tendrán la capacidad de transmitir más y más transacciones cada año. Si la transmisión de un determinado bloque lleva demasiado tiempo, la probabilidad de que este quede huérfano (perjudicando económicamente al minero) aumenta. Esto supone una presión a la baja sobre el tamaño máximo del bloque que los mineros estarán dispuestos a crear.

El tamaño adecuado hoy es ciertamente diferente al tamaño adecuado el año que viene. La mejor opción es dejar que cada minero y cada nodo decida cuánto ancho de banda está dispuesto a asignar a la retransmisión de cada transacción y cada bloque de transacciones. Los mineros y nodos menos eficientes se desconectarán de la red, tal como hacen los productores menos eficientes en cualquier industria.

2. Tiempo extra de CPU

Al ser incluida en un bloque, cada transacción requiere cierto tiempo adicional para ser validada por un nodo completo, o para que un minero cree un bloque que la incluya. Sólo las partes involucradas en la transacción se beneficiarán directamente de ella, pero todos los nodos completos que forma parte de la red deben pagar el precio de validarla.

El tiempo que se tarda en añadir transacciones adicionales a un bloque aumenta la probabilidad de que dicho bloque resulte huérfano, y por lo tanto hace que el tamaño del bloque que los mineros están dispuestos a crear o retransmitir sea conservador. Debido a esto, aunque el tamaño máximo del bloque no estuviese codificado en el protocolo, en la práctica probablemente seguiría habiendo un tamaño máximo, al igual que en el punto 1.

3. Espacio de almacenamiento extra

Para mí, esta parece ser una de las externalidades más preocupantes. Todas estas operaciones adicionales necesitan ser almacenadas en la cadena de bloques, es decir por todas las personas que mantienen nodos completos. Si la cadena de bloques se vuelve demasiado grande, no habrá suficientes personas dispuestas a mantener un nodo completo. Si hay muy pocos nodos en la red, Bitcoin se vuelve más susceptible a las influencias externas y pierde parte de su resistencia a la censura.

La buena noticia es que al igual que el ancho de banda, el almacenamiento es cada vez más barato. Incluso hoy, la capacidad de almacenamiento de una computadora relativamente modesta podría lidiar con bloques de 100 MB, o 5 TB de información por año. En un futuro no muy lejano, que haya bloques de 1 GB, o incluso de 1 TB, tampoco será un problema desde el punto de vista del almacenamiento.

4. Menos nodos

Si los tres problemas mencionados anteriormente llegan a ser lo suficientemente graves, cada vez menos personas estarán dispuestas a mantener nodos completos y Bitcoin perderá parte de su resistencia a la censura. Creo que este es uno de los mayores riesgos; pero, como decía el gran Frederic Bastiat, un buen economista siempre tiene en cuenta lo que se ve y lo que no se ve.

En la actualidad contamos con alrededor de 5.000 nodos completos en todo el mundo, con una base de usuarios de unos pocos millones de personas. Si se le permite a Bitcoin escalar para llegar a tener cientos de millones de usuarios, o incluso miles de millones de usuarios, habrá un grupo mucho mayor de personas que puedan mantener nodos completos. Esto significa que es probable que el número absoluto de nodos completos sea mucho mayor, incluso si ese número representa un porcentaje menor de usuarios que mantienen nodos completos. Cuando se trata de resistencia a la censura, lo que importa es el número absoluto de nodos completos, no el porcentaje de usuarios que los mantienen.

También es importante tener en cuenta que hay docenas de externalidades positivas relacionadas con el uso masivo de Bitcoin:

♦ Los gobiernos ya no podrán inflar la oferta monetaria.
♦ Se acabará el control de capitales.
♦ Las guerras ya no podrán ser financiadas mediante inflación.
♦ A los gobiernos les será mucho más difícil ocultar los despilfarros financieros o la corrupción.
♦ La gente alrededor del mundo podrá interactuar financieramente con mucha más libertad que en la actualidad.
♦ El precio del bitcoin subirá, lo que significa que se incrementará el valor de la recompensa por bloque, lo que significa que se dedicarán más recursos a la minería, lo que significa que Bitcoin será más seguro, lo que significa que más gente va a usar Bitcoin. Es un ciclo de retroalimentación que se autorrefuerza.

Esta lista es interminable, pero es importante recordar que la mayoría de estas externalidades positivas sólo se hacen realidad si un porcentaje creciente de la población mundial comienza a usar Bitcoin. Y eso nunca sucederá si se restringe artificialmente el crecimiento de Bitcoin, el cual es necesario para satisfacer la demanda de las personas que quieren utilizarlo.

Aumentar el tamaño del bloque

Muchas personas de Bitcoin Core me han dicho que no hay ninguna razón técnica por la cual el tamaño del bloque no se puede aumentar en la actualidad. Ellos simplemente no lo están permitiendo por razones “económicas y sociales”.

Una conocida observación hecha por el gran economista Murray Rothbard es muy oportuna en esta situación, y cabe adaptarla de la siguiente manera: No es un crimen ser ignorante con respecto a las redes de consenso criptográfico distribuidas, que es, después de todo, una disciplina especializada, pero es totalmente irresponsable vociferar una opinión sobre el tema mientras uno permanece en ese estado de ignorancia.

Nunca se me ocurriría decirle al equipo actual de Bitcoin Core cuál es la forma correcta de construir una red criptográfica de consenso, pero los defensores de mantener los bloques pequeños vociferan sus opiniones sobre temas económicos acerca de los cuales son completamente ignorantes.

No hay ninguna buena razón para limitar artificialmente el tamaño de los bloques. Insistir en ello simplemente hará que los usuarios potenciales de Bitcoin utilicen otros sistemas. Es hora de dejar que los criptógrafos se dediquen a la criptografía, mientras los economistas evalúan los asuntos económicos.

Habiendo dedicado la mayor parte de mi formación académica al estudio de la ciencia económica, estoy seguro de que esta fue la razón por la que me convertí en la primera persona del mundo en invertir en empresas relacionadas con Bitcoin, incluyendo muchas de las empresas más importantes que existen actualmente en el ecosistema.

Como alguien que aún mantiene la mayor parte de su propia fortuna en bitcoins, quiero hacer todo lo posible para asegurar que Bitcoin sea un éxito en todo el mundo. Restringir artificialmente la cantidad de espacio en cada bloque es tan demencial como lo sería para Starbucks restringir artificialmente la cantidad de café que produce.

Ya es hora de terminar con el bloqueo.

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¿Son idiotas los inversores?

pavo-inversoresPor Bill Bonner  Traducido al español por majamalu

Mi viejo amigo Mark Hulbert ha hecho algunas investigaciones sobre la probabilidad de un desplome en el mercado de valores.

En un escrito para Barron’s, señala que el riesgo… o, más correctamente, la incidencia… de los desplomes históricamente ha sido muy baja:

… Considera que en los colapsos de 1987 y 1929 se produjeron las dos peores caídas intradiarias desde que el índice Dow Jones fue creado, en 1896. Teniendo en cuenta que se han producido más de 32.000 sesiones desde entonces, la conclusión, al menos para esta franja de la historia, es que en cualquier período dado de seis meses existe una probabilidad de un 0,79% de una caída intradiaria calamitosa.

Y no hay razón para creer que la frecuencia de los desplomes bursátiles en el futuro será significativamente mayor. Xavier Gabaix, un profesor de finanzas en la Universidad de Nueva York, ha publicado una fórmula de frecuencia de desplomes que según él refleja una característica universal de todos los mercados, no sólo de los mercados de valores o de los mercados en los EE.UU. De acuerdo con esa fórmula, la probabilidad de una caída de un 12,8% en cualquier período dado de seis meses es de 0,92%.

Esto significa que el inversor promedio de los últimos tres decenios ha creído que un desplome bursátil era más de 24 veces más probable de lo que la historia de EE.UU. sugería, y que los inversores creen actualmente que el riesgos es 28 veces más alto de lo que la historia sugiere.

Espera… ¿Son idiotas los inversores o qué?

Tal vez no.

Yo soy de los que felizmente sobre-estiman el riesgo de un desplome.

Esperaba uno en 1998… y otra vez en 1999… y cuando llegó en el 2000, estaba tan sorprendido como cualquiera.

Luego los precios volvieron a subir. Y de nuevo alcé la antigua bandera negra y azul: alerta de desplome. En el año 2005… en 2006… en 2007… Finalmente, en 2008, ocurrió lo que esperaba.

Y ahora que el mercado se ha recuperado de nuevo… espero lo mismo.

Los inversores y los pavos

Como señala Mark, estadísticamente, la probabilidad de que un desplome ocurra en un día determinado es pequeña. Pero eso es un poco como decirle a un pavo que no se preocupe porque la probabilidad de que sea el día de Acción de Gracias es sólo de 1 en 365.

Con el tiempo, todos los pavos y todos los inversores terminarán golpeados. Y, en general, cuanto más tiempo un mercado funcione sin corrección, más la necesitará.

Además, hay algo un tanto sospechoso en estos números.

En los últimos 20 años tuvieron lugar los citados episodios de ventas masivas en el mercado de valores –uno en el año 2000, fuertemente concentrado en el Nasdaq, y el otro más general en el 2008–. Sin embargo, la gente al invertir no piensa en términos de evitar el día específico del desplome.

A los inversores no les importa si el desplome ocurre un miércoles o un jueves. Si ellos creen que va a ocurrir en cualquier momento en un lapso de seis meses, generalmente querrán permanecer fuera del mercado, reconociendo que no es posible calcular este tipo de cosas con precisión.

Desde este punto de vista, hubo 40 períodos de seis meses en los últimos 20 años. Y las crisis ocurrieron en dos de ellos… o en uno de cada 20.

Si los inversores realmente pensaran que las probabilidades de un desplome son 28 veces más altas que 1 de cada 20, entonces creerían que ocurrirá un desplome cada seis meses. Y estarían fuera del mercado todo el tiempo.

Es como la ruleta rusa.

Además, las estadísticas que cita Mark en realidad no miden el “riesgo” de un desplome. Se refieren sólo a la frecuencia.

Imagina a un borracho que coloca una bala en un revólver, hace girar la cámara y se pone la pistola en la sien.

“Sólo hay una chance en seis de que esto me mate”, dice.

Estadísticamente, tiene razón. Las probabilidades están a su favor. Pero ¡qué mala apuesta!

La verdadera medida del riesgo involucra algo más que simplemente la probabilidad estadística. La frecuencia debe ser multiplicada por la gravedad del evento si queremos ver el panorama completo.

El inversor típico tiene alrededor de 50 años. Si el próximo desplome brusátil es seguido por un gran rebote, como el de los otros dos desplomes de los últimos 20 años, él estará feliz de no haber prestado atención a nuestras advertencias y haber dejado su dinero en acciones.

Pero ¿y si el desplome de la bolsa de 2016 resulta ser más bien como el del ’29 o el mercado bajista del ’66? Podría tener que esperar 20 años para recuperarse por completo.

Y si es como el desplome que ocurrió en Japón en 1990, tendría que esperar hasta el 2042.

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Entrevista a Konrad S. Graf: un antídoto contra el analfabetismo económico

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Si quieres ir más allá de los personajes e identificar las ideas que subyacen a las distintas posiciones en el famoso debate por el tamaño del bloque, sírvete una buena copa de vino, relájate y disfruta de esta clase magistral de Konrad S. Graf.

Fuente: news.bitcoin.com – Traducido al español por majamalu para elBitcoin.org

Konrad S. Graf ha publicado varios trabajos sobre teoría monetaria y filosofía del derecho en relación a Bitcoin. En 2015 publicó “¿Son poseíbles los bitcoins?”, una monografía sobre Bitcoin y teoría de los derechos de propiedad. Su artículo “Mercancía, escasez y teoría del valor monetario a la luz de Bitcoin” fue publicado en el “Journal of Prices & Markets” en 2014. Su monografía de 2013 sobre los orígenes de Bitcoin fue una de las tres finalistas en el Blockchain Award de 2014 al mejor trabajo académico (ganó Satoshi). Su trabajo está reunido en konradsgraf.com. Puedes seguir a Graf en Twitter: @KonradSGraf.

Bitcoin.com (BC): Usted me ha dicho que ha pasado mucho tiempo pensando acerca del límite al tamaño del bloque, pero no ha hablado públicamente sobre ello. ¿Porqué?

Konrad S. Graf (KSG): He estado pensando en ese asunto desde otoño de 2014, y he estado trabajando en un borrador, pero nunca sentí que había llegado a obtener un producto final, y mi enfoque fue alternando con otros proyectos. Estoy hablando de esto ahora principalmente porque usted me lo ha pedido, pero también creo que este es el momento indicado dentro de mi propio proceso intelectual para decir algunas cosas. Me tomo en serio el principio de primero comprender para luego ser comprendido (hábito de Covey 2). En este tema, no es poco lo que hay para entender –hay muchas cosas nuevas que asimilar–, pero llega un momento en que también es importante hacerse entender.

BC: Bien, vamos al grano entonces: ¿Cuál es su posición en el debate acerca de la escalabilidad de Bitcoin y el tamaño del bloque?

KSG: Mi posición deriva de la forma en que lo veo. Hace poco hablé con alguien que veía el debate como un conflicto entre gente de negocios que busca seguir expandiendo la capacidad ahora, por un lado, y por otro lado técnicos que son cautelosos con la arquitectura del sistema a largo plazo. Le dije: “Sí, y por otro lado estoy yo”, lo que significa que también hay, al menos, un tercer punto de vista.

Mi atención se centra en el análisis económico y jurídico de las estructuras e instituciones sociales, muy cerca de lo que solía llamarse “economía política”. Bitcoin es una nueva mezcla de servicio, producto, negocio, cultura e institución. Tiene múltiples capas técnicas, comerciales y económicas. Eso lo hace interesante, pero también puede dar lugar a confusión. Así que si esa persona tenía razón y muchos otros tienden a ver a Bitcoin en primer lugar como un sistema técnico que ha de ser cuidadosamente ajustado, o bien como un modelo de negocio que ha de ser optimizado, yo veo un mercado, que es una criatura muy diferente. Economía no es negocios y no es ingeniería; es una tercera cosa.

Si un mercado es tratado como un objeto a ser manipulado por ingenieros o por hombres de negocios (véase el capitalismo de amigos –la “selección de ganadores”–), hay ciertas implicancias, ninguna de ellas buena. Ejemplos de “ingeniería de la economía” son los ajustes arbitrarios de las tasas de interés y los tipos de cambio para lograr “estabilidad” (¿cómo está funcionando eso?), la cartelización de industrias, la eliminación de la competencia mediante regulaciones, etc.

Cuando los métodos y modos de pensar de la ingeniería se aplican a factores del mercado a través del gobierno, eso se llama intervención económica. Un problema con la “ingeniería económica”, y hay muchos, es que se trata a las personas como si fueran partes móviles en el modelo del planificador. Sin embargo, esas personas tienen sus propios planes. Y a pesar del típico relato del planificador, el plan maestro no necesariamente resulta ser lo mejor para todas esas personas.

Una contribución importante de la economía como disciplina durante los últimos siglos ha sido explicar que –y cómo– las intervenciones en el mercado producen despilfarro, escasez, desempleo, dislocaciones y pérdida de riqueza en la sociedad. Y esos son sólo los efectos directos. “La economía” no es una máquina, ni un producto, ni un servicio. No es ni siquiera un “negocio” gigante. Es un orden creado por infinidad de interacciones voluntarias entre seres conscientes, que aprenden y se adaptan, en constante evolución. Los límites impuestos distorsionan los procesos de coordinación dinámicos, impiden la ocurrencia de descubrimientos y favorecen los métodos menos eficientes por sobre los más eficientes, lo conocido por sobre lo todavía no conocido, el status quo por sobre la innovación.

Pero es aún peor. Las intervenciones no pueden ser “neutrales”; siempre introducen una dinámica de ganadores / perdedores, lo que alimenta la polarización y la politización. Las personas sienten que deben luchar para influir en la política para beneficiarse con la intervención a expensas de otros, porque otras personas seguramente también tratarán de influir en perjuicio de sus intereses. Mientras que las relaciones de mercado son por definición ganar / ganar, en el sentido de que no hay operaciones que se lleven a cabo sin el consentimiento mutuo, cualquier intervención en el mercado supone al menos algún grado de dinámica ganar / perder, al estilo de los juegos del hambre. Todo el mundo recibe algo para luchar en un juego de suma cero, y luego siente la necesidad, o incluso la responsabilidad, de influir en la manera en que se implementan las medidas de intervención.

BC: ¿Cómo describiría lo que es el mercado en relación con el límite al tamaño del bloque? La gente habla de la necesidad de un mercado de tarifas, por ejemplo.

KSG: En primer lugar, la expresión “mercado de tarifas” surge de un error. Las tarifas son pagadas; lo que se compra es un producto o un servicio. Por lo que al hablar de “mercado de tarifas” oscurecemos el producto real. Los usuarios envían transacciones con una tarifa como una oferta pública, con la esperanza de que sean confirmadas. Algunas investigaciones indican que una tarifa más alta no es necesariamente mejor por encima de un cierto nivel, pero hacer una oferta por debajo de ese nivel tiende a provocar un aumento de las probabilidades de retraso.

Así que lo correcto es hablar de un mercado de servicios de inclusión de transacciones. Los usuarios hacen ofertas para que los mineros incluyan las transacciones en los bloques candidato. La inclusión en más bloques candidato –especialmente en relación con el total del poder de cómputo minando para esos candidatos– eleva las probabilidades de una confirmación más rápida. En igualdad de circunstancias, los usuarios prefieren una confirmación más rápida a una más lenta, por lo que el factor tiempo es clave. Se trata entonces de un mercado de priorización de confirmaciones.

La inclusión de cada transacción en un bloque candidato implica un cierto coste marginal para los mineros. Cada transacción tiene que ser recibida, validada, y ser incluida, o no, en un determinado bloque candidato en un determinado lapso de tiempo, todo a un costo que nunca es igual a cero. Cuanto más grande se torna un determinado bloque candidato de un minero, por ejemplo, mayor es el riesgo de que el bloque resulte huérfano. A medida que dichos costos y riesgos aumentan con los años y el aumento del volumen de transacciones, cada minero / poool se enfrenta a decisiones en relación a las condiciones en que opera, la conectividad, los costos, la evaluación de riesgos, etc. Todo lo cual informa a cada minero acerca de los pros y los contras de incluir una determinada transacción en un momento dado, y condiciona decisiones de inversión en diferentes niveles de capacidad y conectividad, y así sucesivamente.

Los mineros, por lo tanto, compiten entre sí dentro de una industria de servicios. Al prestar estos servicios, cada minero desea incrementar su potencial de ingresos en concepto de tarifas (sobre todo porque la recompensa fija por bloque hallado disminuye con el paso de los años), pero tiene que encontrar un equilibrio entre ese potencial y sus costos en el tiempo. Por cierto, la fuente de una transacción –ya sea un usuario final, una empresa o un sistema de canales de pagos– no debería importar, per se, desde el punto de vista de un minero.

BC: Sin embargo, ningún gobierno controla el límite al tamaño del bloque. ¿Puede el modelo de intervención realmente aplicarse aquí?

KSG: Si el límite restringe la cantidad máxima de servicios que la industria minera puede suministrar, esto funciona como una intervención en el mercado. No importa quién establece la restricción, o por qué. Las intenciones y las identidades no cambian el efecto económico de una política. Los motivos son irrelevantes. La distorsión del mercado tiene lugar debido a la naturaleza de la política en cuestión, independientemente de cómo llegó a establecerse o quién la estableció o quién la mantiene. Cuanto mayor sea la restricción que el límite impone al volumen de mercado, más alta es la probabilidad de tenga consecuencias negativas.

Veamos un ejemplo de lo que estoy diciendo. Digamos que el salario real más bajo en una economía, en promedio, es de alrededor de $ 7, pero el gobierno establece un salario mínimo de $ 5. ¿Qué pasa? Bueno, nada. No tiene importancia. Ahora, digamos, este mínimo se eleva a $ 6, y luego a $ 7. Aún así, no sucede gran cosa. Algunas personas que de otro modo podrían haber conseguido un trabajo ahora están desempleadas, pero esto pasa mayormente desapercibido. Ahora supongamos que se establece por decreto un salario mínimo de $ 8. La política empieza a surtir efecto. Luego $ 9, luego $ 10, y más. Con cada aumento, cada vez más personas que de otro modo podrían haber conseguido o mantenido un trabajo con un salario menor que el mínimo decretado pasan a engrosar el número de desempleados. Cada vez más empresas frustradas (proyectadas pero nunca iniciadas), encogidas, reubicadas y quebradas nunca llegan a proporcionar este empleo inexistente.

De manera similar, pero a la inversa, el límite al tamaño del bloque constituye un tope a la producción en toda la industria que se ha mantenido fijo mientras el volumen de datos ha continuado aumentando hasta alcanzarlo. Este mismo límite fijo ha estado en vigor desde septiembre de 2010, pero nunca antes había importado en la práctica. Cuanto más influye el límite en el verdadero volumen de mercado potencial, más daño cabe esperar a la cohesión económica y social, por lo que está lejos de ser una estrategia sin costo –y los costos totales son fáciles de subestimar–.

Bitcoin ha sido emocionante para algunos como un dinero de libre mercado. Un tema central en mi trabajo ha sido la definición de Bitcoin como un medio de intercambio que ha surgido de sectores no estatales, no coercitivos, de la sociedad. Algunos observadores de Bitcoin con conocimientos de economía pueden haber partido de esta idea general y luego asumido que, dado que la intervención es algo propio de un gobierno, el límite al tamaño del bloque no puede considerarse tal, ya que emerge del sector no coercitivo.

Sin embargo, en un mercado con múltiples fuentes de oferta y demanda, un techo de producción interfiere en la relación entre los proveedores de servicios y sus clientes, a la vez que impide que nuevos participantes se unan para romper ese techo. El análisis económico de esa política en este mercado (el mercado de inclusión de transacciones en la cadena de bloques) no cambia si es una agencia gubernamental la responsable de la imposición, si bien el estatus “normativo” es diferente.

Los dos casos están claramente separados desde el punto de vista de la teoría del derecho, pero no tanto desde el análisis económico. La imposición de un techo de producción por parte de un gobierno sólo puede tener éxito a través de la amenaza o la agresión efectiva oficialmente sancionada contra cualquier persona inocente que se resista. Por el contrario, la participación en Bitcoin sigue siendo totalmente voluntaria, independientemente de tal o cual ajuste dentro del código. Pero si hacemos un análisis económico, los resultados de un techo de producción son los mismos independientemente de su origen y método de aplicación.

Este caso tampoco encaja en el (mítico) modelo de un cártel estable en un libre mercado. Tales acuerdos teóricos son naturalmente inestables. En ausencia de coacción legal, cualquier participante puede beneficiarse desertando y superando el techo. Y cualquier nuevo participante en el mercado puede empezar a producir sin tener que unirse al cártel. En el caso que nos ocupa, sin embargo, ningún renegado o recién llegado puede, por sí solo, hacer que un hard fork suceda con el fin de romper el techo de producción.

Así que la situación, aunque ciertamente novedosa, sigue siendo económicamente más parecida a lo que vemos cuando un techo de producción es impuesto legalmente a toda una industria. De esto podemos inferir una conclusión que no es especialmente alentadora: Bitcoin no sólo ha demostrado que son posibles algunas cosas buenas que muchos consideraban imposibles sin un gobierno, a saber, la producción de dinero; también amenaza con mostrar que son posibles algunas cosas malas que muchos consideraban imposibles sin un gobierno, a saber, la imposición exitosa de un techo de producción a toda una industria.

Esto empieza a hacer de Bitcoin más una “moneda de economía mixta” en este sentido no normativo sino económico, y menos una moneda de libre mercado. Las ventajas de permitir que los procesos de coordinación e innovación dentro del mercado sean optimizados resultan parcialmente vedadas. Si el protocolo de Bitcoin es análogo a la “ley” de este nuevo territorio, entonces estamos en presencia de una conversión en cámara lenta de un mercado liberado a su natural evolución, en un entorno de economía mixta.

BC: ¿Y qué hay del argumento según el cual en realidad añadir una transacción representa un costo despreciable para el minero, por lo que no hay un incentivo para excluir aquellas transacciones que pagan tarifas muy bajas?

KSG: Una relación discernible entre tarifa / byte y el tiempo hasta la primera confirmación ya ha sido constatada durante mucho tiempo. Es todo lo que se necesita. Esto ha sido así incluso durante los primeros años, cuando la recompensa por bloque hallado superaba abrumadoramente a los ingresos por tarifas. Si el costo de la inclusión de transacciones se ha mantenido prácticamente irrelevante, esto sugiere que los productores todavía no se han topado con limitaciones naturales capaces de afectar el costo de una manera lo suficientemente significativa como para que la relación entre tarifa / byte y tiempo hasta la primera confirmación sea más importante. Los operadores de nodos y los mineros no han considerado que valga la pena negarse a retransmitir o incluir muchas de las transacciones que representan ingresos muy bajos, todavía. No ha valido la pena inventar y poner en práctica más formas de obtener beneficios económicos de los servicios de retransmisión que ofrecen los nodos, todavía. Los usuarios no han sentido la urgencia de incluir mayores tarifas / byte de las que han incluido, todavía. Y así.

Estas cosas pueden suceder en cualquier momento, pero no hay forma de predecir cuándo, o incluso si van a ocurrir. Podría ser el próximo año, o en cinco o diez años, o nunca. Podría haber alguna otra solución que se desarrolle cuándo tenga suficiente sentido, si es que llega a tenerlo. Con el mantenimiento de un techo a la producción, sin embargo, los incentivos y oportunidades para resolver problemas reales a medida que estos emergen se reducen, y la innovación es desviada. En lugar de resolver problemas reales, los actores del mercado se ven obligados a resolver problemas creados artificialmente por el propio techo de producción.

El diseño de Bitcoin incluye un largo programa de transición cuidadosamente concebido. Julio de 2016 nos traerá sólo el segundo de muchos más halvings de la recompensa para los mineros por bloque hallado. Durante más de un siglo, los ingresos procedentes de la emisión de nueva moneda tenderán a desvanecerse mientras que los ingresos procedentes de la inclusión de transacciones tenderán a aumentar. Si el éxito del sistema se mantiene, los ingresos de la minería deberían ser cada vez más el múltiplo de tres elementos fundamentales: la tarifa / byte, el volumen de datos correspondientes a transacciones minadas, y el poder adquisitivo real del bitcoin.

Cabe esperar que al menos dos esas variables, sino las tres, muestren una tendencia ascendente. Sin embargo, el límite al tamaño del bloque está empezando a limitar una (el volumen de datos) por primera vez. La controversia en relación a ello ha estado limitando muy probablemente una segunda variable (el poder adquisitivo –“precio”– del bitcoin). Un argumento a favor de un límite estrecho al tamaño del bloque ha sido que este puede (tal vez) elevar artificialmente las tarifas / byte. Sin embargo, cualquier intento de manufacturar un (posible) aumento de las tarifas / byte en el corto plazo podría producirse a un enorme costo para todo el sistema por otras razones, tales como un precio y un volumen de transacciones artificialmente limitados, y la distorsión de las vías de innovación.

BC: Otro argumento a favor de un límite inferior es que este reduce los costos para los nodos debido a que tienen menos tráfico para retransmitir y una cadena de bloques más pequeña que almacenar. ¿Qué pasa si, en ausencia de límite, quedan muy pocos nodos?

KSG: Cuando parece que hay una “tragedia de los comunes”, la primera pregunta que uno debe hacerse es quién posee qué y si hay algo importante que permanece sin dueño y, como tal, sin protección. La pregunta paralela aquí es cómo los proveedores de servicios pueden cobrar por sus servicios. Si ellos no están cobrando, podría ser simplemente porque para ellos no vale la pena –todavía– buscar e implementar la manera de hacerlo.

Muchos operadores de nodos ofrecen sus servicios voluntariamente. Algunos mantienen nodos como complemento de su actividad comercial, con el fin de mejorar el rendimiento y la seguridad para ellos mismos y / o sus clientes. Pero algunos operadores podrían también encontrar formas de cobrar por servicios urgentes o premium.

Recuerde que en el mercado de inclusión de transacciones lo que interesa a los usuarios es la probabilidad y la velocidad de la confirmación. Cada uno de los bloques candidatos actuales de los mineros podría resultar validado en cualquier momento, y si lo es, cualquier transacción que esté incluida en ese bloque pasará a formar parte de la cadena de bloques, mientras que las que no están incluidas quedarán circunstancialmente afuera. Nadie puede saber cuándo llegará ese momento y para quién, por lo que el tiempo siempre es un factor esencial para todas las partes. Cualquier factor que influya en esta dinámica en lo más mínimo puede llegar a ser económicamente relevante, y por lo tanto pasible de ser sometido a eventuales modelos de monetización.

Los mineros quieren incluir transacciones rentables lo antes posible, y los usuarios quieren enviar transacciones y que estas sean confirmadas lo antes posible. Hay una armonía de intereses entre estos grupos. Los nodos funcionan como intermediarios entre los emisores de transacciones y los mineros, facilitando la interacción mutuamente provechosa entre postores y tomadores en cada transacción exitosamente minada. Los nodos están sentados sobre un recurso económico –están en una posición única para conectar a los postores (usuarios que pagan por el servicio de inclusión de transacciones) con los tomadores (mineros que buscan incluir transacciones rentables)–. La preferencia por concretar la transacción “lo antes posible” también está en armonía entre ambos lados.

Pero los nodos todavía están ofreciendo este servicio de forma gratuita. Eso podría seguir así por varias razones, pero si alguna forma de monetización pareciera tener sentido en la práctica, quienes mantienen nodos podrían adoptarla. ¿Acaso alguna red de retransmisión con prioridad para suscriptores, tal vez conectada con determinadas carteras? ¿Acaso micropagos a los nodos usando algo similar a la API de 21? El software de Multibit ya había incluido una pequeña tarifa por transacción para apoyar su propio desarrollo. Aunque Multibit ha retirado esta tarifa recientemente, ideas como esa pueden considerarse para futuros conceptos de monetización. Estas son solo algunas de las posibilidades. Así que mientras que la primera respuesta a la preocupación por la existencia de “muy pocos nodos” sigue siendo el consejo estándar de dar un paso adelante y mantener uno mismo más nodos, una segunda respuesta podría ser la de ayudar a descubrir modelos adicionales de monetización y ver si funcionan, ya sea ahora o en algún momento en el futuro, cuando puedan resultar más atractivos y útiles que ahora.

BC: Algunos han argumentado que cambiar el límite al tamaño del bloque sería cambiar a Bitcoin de una manera fundamental, algo así como cambiar el tope de 21 millones a la creación de moneda. El límite es parte de Bitcoin y así debe permanecer. ¿Como respondería usted a eso?

KSG: El tamaño medio de los bloques no ha tenido relación con el límite al tamaño del bloque hasta hace muy poco tiempo. El límite fue establecido a finales de 2010, unos 20 meses después del lanzamiento de Bitcoin, a un nivel que superaba en 1.200 veces el tamaño medio de los bloques en ese momento. Fue defendido como una medida de protección temporal contra ciertos ataques potenciales a la red, aunque no faltaron voces en contra ya en ese entonces, argumentando que era peligroso incluirlo a nivel de protocolo. Decían que podía ser mucho más difícil de lo esperado cambiarlo más adelante, pues grupos de intereses especiales, con razones para mantenerlo, podían desarrollarse en el futuro. Esto fue dicho en 2010.

La expectativa era que el límite simplemente sería elevado o retirado más adelante, cuando fuera necesario. ¡Por supuesto que podría elevarse más adelante! –respondían los partidarios de establecer un límite fijo–, si es que algún día el sistema de alguna manera llega a tener tanto éxito como para requerir tal medida. Es fácil olvidar que en 2010 el éxito de Bitcoin a largo plazo era una idea descabellada para la mayoría de la gente, incluyendo a muchos expertos en criptografía, redes P2P, economía, etc. “Simplemente lo elevaremos más adelante” parecía una opción razonable, pues empujaba hacia un escenario improbable en el largo plazo los posibles inconvenientes que algunos habían anticipado. Pero “el largo plazo” tiene la desagradable costumbre de llegar, y finalmente ha llegado.

La posición más conservadora es ajustar el límite de manera tal que siempre se mantenga muy por encima del promedio de tamaño de los bloques. Un límite dinámico, ubicado en algún lugar muy por encima del volumen medio, podría mantener esta relación por tiempo indefinido sin ningún cambio posterior del código. Un límite dinámico aún podría funcionar como protección (en la medida en que realmente sirva como protección –un tema que los técnicos aún debaten–) sin interferir en el mercado de inclusión de transacciones. El límite podría volver a ser simplemente un oscuro ajuste del que nadie habla.

BC: ¿Qué opina de la idea de que la recompensa por bloque hallado es un subsidio que baja artificialmente el costo de las transacciones en la actualidad?

KSG: Los que dicen eso acusan a quienes hoy remiten transacciones Bitcoin de gorrones descarados. Dado que estos “usuarios parásitos” están absorbiendo como esponjas el “subsidio” –piensan los que sostienen esta idea–, merecen un aumento de los precios que pagan por realizar transacciones, mediante una mayor restricción de la oferta de servicios.

Veo esto como –en el mejor de los casos– un mal empleo del término subsidio. La recompensa en monedas y los ingresos por transacciones son bienes que los mineros reciben en un mismo paquete. Por subsidio, en cambio, en general se entiende una cantidad independiente de dinero inyectado por la burocracia para promover algún producto o comportamiento que la burocracia prefiere. En Bitcoin, sin embargo, la recompensa por bloque hallado y los ingresos por transacciones fueron diseñados desde el principio como una única e inseparable retribución para los mineros. No hay ningún “subsidio” exterior añadido. En lugar de eso, la composición de este singular paquete de bienes va cambiando con el transcurso del tiempo (con los sucesivos halvings de la recompensa por bloque hallado y la evolución del mercado de transacciones). Esto no sólo es una parte del diseño original de Bitcoin, sino que también es parte de lo que define a Bitcoin.

BC: ¿Qué piensa usted acerca de las soluciones de escalabilidad fuera de la cadena de bloques, como Lightning Network y las cadenas laterales? ¿Son alternativas viables a elevar el límite al tamaño del bloque?

KSG: Lo que he comentado hasta ahora no implica una respuesta a la pregunta de qué clase de transacciones convendría llevar a cabo en la cadena de bloques versus fuera de la cadena, pero sí coloca la pregunta bajo una luz diferente. ¿Quién debería juzgar esto? La discusión al estilo Politburó acerca de si los cafés deben ser comprados dentro o fuera de la cadena de bloques es justo la clase de absurdo que siempre resulta de la politización de los factores del mercado.

Tales problemas sólo pueden resolverse adecuadamente a través de la competencia en un libre mercado, bajo las condiciones siempre cambiantes del mundo real. Los empresarios ofrecen ciertos servicios. Diferentes personas vienen a utilizar estos servicios, a menudo de manera imprevista. Los costos de producción, los precios y las ventajas y desventajas relativas de cada opción evolucionan con el tiempo y también con relación a las otras opciones. De esta manera, lo que funcione mejor en la cadena de bloques tenderá a darse allí; lo que funcione mejor a través de servicios basados en cuentas centralizadas gravitará hacia ellos (como ya ocurre en cierta medida); lo que funcione mejor en las cadenas laterales tenderá a darse en ellas; y lo que funcione mejor en canales de pagos tenderá a darse en ellos. Pero estos son resultados que se irán revelando con el tiempo, gracias a la rivalidad entre los oferentes de servicios en competencia unos con otros.

Por eso las medidas de intervención pueden causar graves daños. La intervención impide que las mejores soluciones y los mejores balances entre distintas soluciones sean descubiertos; distorsiona el desarrollo de la industria y provoca despilfarro; beneficia a algunas empresas y tipos de usuario a expensas de otros… El problema es que las pérdidas a menudo se esconden más fácilmente que las ganancias. Se puede engañar a las personas para que piensen que ha habido una ganancia neta para la “industria” o la “economía” cuando en realidad se ha producido una pérdida neta. Las pequeñas ganancias son visibles mientras que las grandes pérdidas (todo el desarrollo que debido a la intervención ha sido abortado o ni siquiera considerado) son invisibles.

Cuando leí el paper inicial de las cadenas laterales, publiqué inmediatamente una respuesta (25 de octubre de 2014) que planteaba la cuestión de si esas monedas conservarían la misma cotización que los bitcoins en la cadena principal. Todavía pienso que es una pregunta abierta a tener en cuenta. Los canales de pagos son prometedores en este aspecto en la medida en que incrementan el control de sub-unidades de una transacción Bitcoin especifica en la cadena de bloques, de manera tal que añaden valor para las partes involucradas. La construcción de una red de canales de pagos, sin embargo, podría añadir una cantidad de complejidad tal que los comerciantes podrían acabar por no tratar a esas unidades como “sustitutos perfectos” –en el sentido de la teoría monetaria– de los bitcoins en la cadena de bloques. Pero eso sólo puede ser constatado en la práctica. E incluso con una amplia aceptación por parte de los usuarios reales, podrían crearse y alimentarse de forma imprevista una serie de riesgos sistémicos latentes.

Este tema me recuerda una frase memorable de la película La Red Social: “Si tú hubieras inventado Facebook, habrías inventado Facebook.” La versión aquí es: “Si fuera lo mismo que un bitcoin en la cadena de bloques, sería un bitcoin en la cadena de bloques”. Dado que no es un bitcoin en la cadena de bloques, los costos de contabilidad mental, la posibilidad de retrasos adicionales, los riesgos vinculados a la liquidez, la reducción de la flexibilidad a la hora de utilizarlo, los riesgos sistémicos, las diferencias de seguridad, etc. etc. crean la posibilidad de que esas unidades se negocien con un descuento en relación con los bitcoins en la cadena (la posibilidad de que unos y otros difieran en su cotización). Que el software defina una paridad cambiaria entre unidades fuera y dentro de la cadena de bloques no garantiza automáticamente una paridad económica a los ojos de los comerciantes. Podría suceder o no; únicamente el uso real puede demostrarlo. Los usuarios tienen que experimentar los beneficios como algo que supera los riesgos, y también tienen que aceptar como justificados los costos de decisión y de investigación, incluyendo la posibilidad de siquiera molestarse en examinar la cuestión.

Cabe recordar una vez más que prácticamente todos los expertos estaban convencidos de que Bitcoin fallaría –hasta que no lo hizo–. Pero, ¿cuál es la otra cara de esta lección? La otra cara es lo que ocurre con algo como la Lightning Network en este momento: aunque una gran cantidad de expertos creen que va a funcionar, muy bien podría fallar –a menos que no lo haga–.

Un asunto vital a la hora de considerar las distintas soluciones de escalabilidad fuera de la cadena es que las personas también deben seguir siendo capaces de usar Bitcoin directamente en la cadena. El lema “sé tu propio banco” ha sido uno de los principales atractivos de Bitcoin, y por muy buenas razones. Una unidad de bitcoin en la cadena de bloques es el equivalente más cercano en la esfera Bitcoin a la imagen clásica de una moneda de plata o de oro en el bolsillo. Esta es la unidad que no tiene ningún riesgo adicional propio de los sistemas basados en capas montadas sobre el protocolo, sustitutos imperfectos, expansión del crédito, inflación, contrapartes, etc.

Mantener un camino fácil y siempre abierto de huida hacia la cadena de bloques de Bitcoin es fundamental para que los que ofrecen servicios fuera de la cadena se vean obligados a probar siempre su honestidad y a competir siempre entre sí. Ese camino de huida es el que falta en los sistemas monetarios convencionales. Falta, por supuesto, ¡porque ha sido eliminado!

BC: Ha habido una batalla argumental entre quienes están a favor de un mayor tráfico dentro de la cadena de bloques y quienes proponen un mayor tráfico por fuera de la misma, pero pareciera que usted sugiere otra manera de encarar este tema…

KSG: Sí, esto es fundamental porque muchos han argumentado que Bitcoin tendrá que convertirse en un ecosistema formado por capas con diferentes servicios construidos sobre la cadena principal como protocolo de base. Comparto la visión de que es muy probable que esto vaya a suceder en alguna medida, y que de hecho ya está sucediendo dentro de ciertos límites. Pero hay una gran diferencia. A menudo, este argumento se fundamenta en la suposición de que el límite al tamaño del bloque se debe mantener estrecho para restringir el crecimiento del tráfico dentro de la cadena. Pero esa es una pretensión completamente diferente y adicional. Por otro lado, muchos parecen imaginar que de no existir un límite al tamaño del bloque, el tráfico dentro de la cadena eventualmente sería muy alto (“niveles similares a Visa”), para mejor o para peor. Esto no es necesariamente así.

En ausencia de un límite, yo esperaría que el tamaño real del bloque continúe reflejando la realidad económica para los numerosos participantes y colaboradores en el ecosistema, a través de un proceso descentralizado capaz de reflejar verdaderamente (y no según tal o cual modelo) precios, costos, velocidades de transmisión, optimizaciones, y la totalidad de pros y contras de todas las opciones realmente existentes en el mercado. No es conveniente que estas cuestiones sean “decididas” de antemano. Son propiedades que deberían surgir de los mismos procesos complejos e ingobernables que Bitcoin ha desencadenado. Si los productores no llegan a sentir la natural presión de abastecer a la demanda que es propia del crecimiento real, es poco probable que se lleven a cabo las innovaciones necesarias para mantener dicho crecimiento. En lugar de ello, la evolución de la industria será redirigida sobre la base de presiones imaginadas y modeladas. Bitcoin se convertirá en un sistema que lidiará muy bien con una serie de condiciones introducidas en modelos experimentales y bajo límites arbitrarios, pero muy mal con la realidad.

El mejor contexto en el que se puede desarrollar cualquier industria es uno de auténtica competencia abierta entre los diversos servicios a medida que estos van surgiendo. De lo contrario, terminamos con un grupo de gente que toma el rol de planificador económico, y que inevitablemente busca “seleccionar a los ganadores” (posiblemente incluyéndose a sí mismo). Se establecen así los incentivos para una batalla por controlar y dar forma a dicha planificación económica en un sentido u otro. El solo hecho de que este tipo de cosas exista tiene sus propios costos sistémicos que son fáciles de subestimar.

Cuando se opera con señales económicas auténticas, con el correr del tiempo los empresarios ofrecen servicios mejores y más baratos a los usuarios finales, en un proceso dinámico y adaptativo. La producción económica tiende a proporcionar servicios de mejor calidad y en mayor cantidad, con mayor rapidez y a precios más bajos, siempre atendiendo a la evolución real de las limitaciones a la producción “en el terreno” desde el punto de vista de cada participante.

El modelo opuesto es el de menos servicios, de menor calidad, más lentos y más caros. Este patrón suele observarse sólo en las pseudo-industrias altamente politizadas y distorsionadas, como “educación” o “salud”, o en compañías o agencias manejadas indirectamente por el Estado. Pero ahora vemos que este patrón se va introduciendo en la prestación de servicios dentro de la cadena de bloques de Bitcoin, para evitar todas las catástrofes que supuestamente ocurrirían si “al mercado se lo dejara funcionar libremente”. Tenemos que actuar ahora para “salvar a la industria de sí misma”. Tenemos que evitar que los “precios excesivos” “expulsen a los pequeños productores”. Es la vieja cantinela intervencionista, que se repite tantas veces que es difícil no sumarse al coro. Lo que yo llamo “argumento de la repetición” –simplemente decir lo mismo una y otra vez sin importar la veracidad de lo dicho– sigue siendo, por desgracia, una de las estrategias persuasivas más poderosas.

Además, es importante comprender que las soluciones por fuera de la cadena también compiten contra las transacciones dentro de la cadena, es decir, contra los mineros; aunque también puede haber algún grado de sinergismo. Algunas de las transacciones llevadas a cabo por fuera de la cadena podrían haberse llevado a cabo dentro de la cadena. Esto viene a ser competencia por sustitución. A la inversa, si la apertura y el cierre de canales de pagos producen demanda de transacciones dentro de la cadena que de otra manera no se habrían realizado dentro de la cadena, tenemos un efecto sinérgico. Mientras tanto, el uso creciente de opciones tanto dentro como fuera de la cadena puede elevar el poder adquisitivo del bitcoin, lo que representa un punto positivo para los mineros de todas maneras. Con esta mezcla impredecible de sinergia y competencia, una política que limite la capacidad de los mineros para competir con opciones por fuera de la cadena es distorsiva. Si un segmento de la industria se ve perjudicado por una política que beneficia a otro segmento de la industria, se genera un balance económico negativo y los usuarios finales pierden.

Aún no lo he analizado en profundidad, pero hay quienes afirman que Lightning Network podría ser capaz de habilitar millones de transacciones a un costo de casi cero por transacción. Eso suena bastante improbable a primera vista, pero si se diera el caso y la gente empezara a usarlo de esa manera, esto generaría tráfico dentro de la cadena para abrir y cerrar los canales. Y si se mantuviera restringida la oferta de servicios de inclusión de transacciones dentro de la cadena de bloques de Bitcoin, estas pronto se volverían aún más lentas y caras en comparación. Es decir que los servicios que los mineros proveen a cambio de sus ingresos se tornarían más lentos y caros en comparación. Sin embargo, de estos mismos servicios dependerán cada vez más los ingresos de los mineros, pues están destinados a desplazar gradualmente –y algún día a reemplazar por completo– las recompensas por bloque hallado.

Así que los mismos que hablan de la necesidad de proteger a los mineros promueven: 1) medidas que limitan la capacidad de los mineros para competir con los servicios de transacciones por fuera de la cadena y 2) el desarrollo de diferentes alternativas que son supuestamente mucho más rápidas y más baratas que los propios servicios de los mineros. Con esto, ya podemos empezar a vislumbrar una futura ronda de llamados en el mismo espíritu modelador-planificador-intervencionista para que “se haga algo” en relación al volumen dentro de la cadena, pero esta vez en sentido contrario. En poco tiempo, podríamos empezar a escuchar que “¡Tenemos que incluir más transacciones dentro de la cadena! ¡Apoyemos a los mineros!” Esto no me sorprendería, dadas las numerosas oscilaciones ad hoc sin fundamento alguno que hemos visto en la historia de las regulaciones.

Del mismo modo, en base a varios modelos se nos dice que habrá “muy pocos” mineros y una “deficiente producción de seguridad” para la red. En un momento el objetivo parece ser el de proteger a los mineros pequeños, pero luego, de repente, el objetivo pasa a ser el de “proteger” a los mineros más grandes (actualmente en China), ¡debido a que sus conexiones de Internet son más lentas! Si lo importante es la “descentralización”, no sería aconsejable proteger a los actuales líderes del mercado precisamente en una de las únicas áreas en las que actualmente tienen una desventaja competitiva.

BC: Si el debate por el tamaño máximo del bloque se vuelve irreconciliable, ¿es realista asumir que otra criptomoneda será capaz de romper el efecto de red de Bitcoin y suscitar un éxodo masivo?

KSG: No creo probable que ocurra algo grave si el límite se mantiene por un tiempo. Probablemente el peor resultado a corto plazo sea el aumento de la politización y la incertidumbre que esto inyecta en el mercado. Parte del tráfico que podría haber ocurrido dentro de la cadena simplemente nunca se producirá. Dicho esto, después de pasar varios años entrando y saliendo de todo tipo de pantanos de “pánico-incertidumbre-duda” (FUD en inglés) al investigar acerca de Bitcoin, esta es la primera vez que un asunto me ha dejado una cierta preocupación persistente. No es una preocupación del tipo todo-o-nada, sino más del tipo “esto es peor cuando podría ser mejor”. El riesgo es que Bitcoin sea convertido parcialmente, desde adentro, en una moneda de economía mixta, por miedo a que posiblemente, tal vez, sea convertido en una moneda de economía mixta desde afuera. Estos temores se basan en el estudio de modelos que muestran una supuesta “baja producción de seguridad”, muy parecidos a esos escenarios de catástrofe inminente basados en análisis demasiado simples que tanto gustan a los periodistas. Tratar de evitar algún posible escenario negativo futuro por medio de medidas que tienen sus propios efectos negativos concretos en la actualidad es un error característico de un pacto fáustico.

Cuando se trata de sistemas complejos, como la economía, el clima, o incluso el mercado de valores, los modelos de predicción son muy poco fiables. Los índices y los monos a menudo superan a los modelos con los que se pretende predecir el desempeño de las acciones. Las “tendencias actuales” –en la típica narrativa de catástrofe– casi nunca “continúan”. Y los fatalistas no se caracterizan por volver a examinar objetivamente la totalidad de sus predicciones fallidas. Los milenaristas que al despertarse verifican que el mundo aún existe, sólo tienen que reprogramar la fecha exacta en la que será el fin del mundo, y seguir adelante. Por eso es muy valiosa la función que cumplen sitios como Bitcoin Obituaries, que hacen un seguimiento de la creciente lista de obituarios de Bitcoin. Otro de estos sitios podría realizar un seguimiento de las advertencias de inminentes ataques del 51% que nunca fueron llevados a cabo por pools de minería que ya no existen.

El fenómeno Bitcoin tiene aspectos de producto y de servicio; sin embargo, algunos de sus aspectos importantes también son el cimiento de mercados. Las características de producto y servicio deben ser ajustadas, optimizadas y gestionadas desde el punto de vista de la ingeniería y los negocios. Sin embargo, los aspectos relacionados específicamente con el mercado, que se manifiestan en los precios y las cantidades suministradas por el conjunto de la industria, deben dejarse en manos de los usuarios y proveedores de servicios para que se desarrollen con el tiempo, a través de auténticos procesos de innovación competitivos guiados por la realidad y no por el modelado –inevitablemente parcial y siempre sospechoso– de sistemas complejos. Ha sido fácil reconocer que el trading de bitcoins es un mercado –es un ejemplo típico de un mercado–, pero la inclusión de transacciones es un mercado de servicios emergente, uno que, en esta etapa todavía muy temprana, no es tan fácil percibir y considerar como tal.

BC: Muchas gracias. ¿Quiere agregar algún comentario a modo de conclusión?

KSG: En este debate se ha puesto mucho énfasis en las personas y los grupos, aunque esto también es muy común en otros campos. Hay argumentos de autoridad, argumentos de credenciales, y los argumentos de que tal y cual han dicho esto o aquello. Escuché una entrevista relacionada con el límite al tamaño del bloque hace un tiempo y me pareció que cerca del 90% del tiempo se había hablado de personalidades y credenciales. Así que volví y analicé las marcas de tiempo, y resultó ser aún peor. Sólo en el 4,6% de la grabación se hablaba de lógica y evidencia sustantiva sobre el tema.

Por eso es importante seguir esforzándonos por volver a las ideas y al contenido de los argumentos, sin importar quién es el que los expone. Sigamos dejando atrás el quién y volviendo al qué. Esa es también una disciplina que debemos practicar, una disciplina esencial para la civilización.

Leer texto original, en inglés

La entrada Entrevista a Konrad S. Graf: un antídoto contra el analfabetismo económico aparece primero en Bitcoin en Español.

Entrevista a Konrad S. Graf: un antídoto contra el analfabetismo económico de Bitcoin Core

ksg

Si quieres ir más allá de los personajes e identificar las ideas que subyacen a las distintas posiciones en el famoso debate por el tamaño del bloque, sírvete un vaso de vino, relájate y disfruta de esta clase magistral de Konrad S. Graf.

(Fuente: news.bitcoin.com – Traducido al español por majamalu para elBitcoin.org).

Konrad S. Graf ha publicado varios trabajos sobre teoría monetaria y filosofía del derecho en relación a Bitcoin. En 2015 publicó “¿Son poseíbles los bitcoins?”, una monografía sobre Bitcoin y teoría de los derechos de propiedad. Su artículo “Mercancía, escasez y teoría del valor monetario a la luz de Bitcoin” fue publicado en el “Journal of Prices & Markets” en 2014. Su monografía de 2013 sobre los orígenes de Bitcoin fue una de las tres finalistas en el Blockchain Award de 2014 al mejor trabajo académico (ganó Satoshi). Su trabajo está reunido en konradsgraf.com. Puedes seguir Graf en Twitter: @KonradSGraf.

Bitcoin.com (BC): Usted me ha dicho que ha pasado mucho tiempo pensando acerca del límite al tamaño del bloque, pero no ha hablado públicamente sobre ello. ¿Porqué?

Konrad S. Graf (KSG): He estado pensando en ese asunto desde otoño de 2014, y he estado trabajando en un borrador, pero nunca sentí que había llegado a obtener un producto final, y mi enfoque fue alternando con otros proyectos. Estoy hablando de esto ahora principalmente porque usted me lo ha pedido, pero también creo que este es el momento indicado dentro de mi propio proceso intelectual para decir algunas cosas. Me tomo en serio el principio de primero comprender para luego ser comprendido (hábito de Covey 2). En este tema, no es poco lo que hay para entender –hay muchas cosas nuevas que asimilar–, pero llega un momento en que también es importante hacerse entender.

BC: Bien, vamos al grano entonces: ¿Cuál es su posición en el debate acerca de la escalabilidad de Bitcoin y el tamaño del bloque?

KSG: Mi posición deriva de la forma en que lo veo. Hace poco hablé con alguien que veía el debate como un conflicto entre gente de negocios que busca seguir expandiendo la capacidad ahora, por un lado, y por otro lado técnicos que son cautelosos con la arquitectura del sistema a largo plazo. Le dije: “Sí, y por otro lado estoy yo”, lo que significa que también hay, al menos, un tercer punto de vista.

Mi atención se centra en el análisis económico y jurídico de las estructuras e instituciones sociales, muy cerca de lo que solía llamarse “economía política”. Bitcoin es una nueva mezcla de servicio, producto, negocio, cultura e institución. Tiene múltiples capas técnicas, comerciales y económicas. Eso lo hace interesante, pero también puede dar lugar a confusión. Así que si esa persona tenía razón y muchos otros tienden a ver a Bitcoin en primer lugar como un sistema técnico que ha de ser cuidadosamente ajustado, o bien como un modelo de negocio que ha de ser optimizado, yo veo un mercado, que es una criatura muy diferente. Economía no es negocios y no es ingeniería; es una tercera cosa.

Si un mercado es tratado como un objeto a ser manipulado por ingenieros o por hombres de negocios (véase el capitalismo de amigos –la “selección de ganadores”–), hay ciertas implicancias, ninguna de ellas buena. Ejemplos de “ingeniería de la economía” son los ajustes arbitrarios de las tasas de interés y los tipos de cambio para lograr “estabilidad” (¿cómo está funcionando eso?), la cartelización de industrias, la eliminación de la competencia mediante regulaciones, etc.

Cuando los métodos y modos de pensar de la ingeniería se aplican a factores del mercado a través del gobierno, eso se llama intervención económica. Un problema con la “ingeniería económica”, y hay muchos, es que se trata a las personas como si fueran partes móviles en el modelo del planificador. Sin embargo, esas personas tienen sus propios planes. Y a pesar del típico relato del planificador, el plan maestro no necesariamente resulta ser lo mejor para todas esas personas.

Una contribución importante de la economía como disciplina durante los últimos siglos ha sido explicar que –y cómo– las intervenciones en el mercado producen despilfarro, escasez, desempleo, dislocaciones y pérdida de riqueza en la sociedad. Y esos son sólo los efectos directos. “La economía” no es una máquina, ni un producto, ni un servicio. No es ni siquiera un “negocio” gigante. Es un orden creado por infinidad de interacciones voluntarias entre seres conscientes, que aprenden y se adaptan, en constante evolución. Los límites impuestos distorsionan los procesos de coordinación dinámicos, impiden la ocurrencia de descubrimientos y favorecen los métodos menos eficientes por sobre los más eficientes, lo conocido por sobre lo todavía no conocido, el status quo por sobre la innovación.

Pero es aún peor. Las intervenciones no pueden ser “neutrales”; siempre introducen una dinámica de ganadores / perdedores, lo que alimenta la polarización y la politización. Las personas sienten que deben luchar para influir en la política para beneficiarse con la intervención a expensas de otros, porque otras personas seguramente también tratarán de influir en perjuicio de sus intereses. Mientras que las relaciones de mercado son por definición ganar / ganar, en el sentido de que no hay operaciones que se lleven a cabo sin el consentimiento mutuo, cualquier intervención en el mercado supone al menos algún grado de dinámica ganar / perder, al estilo de los juegos del hambre. Todo el mundo recibe algo para luchar en un juego de suma cero, y luego siente la necesidad, o incluso la responsabilidad, de influir en la manera en que se implementan las medidas de intervención.

BC: ¿Cómo describiría lo que es el mercado en relación con el límite al tamaño del bloque? La gente habla de la necesidad de un mercado de tarifas, por ejemplo.

KSG: En primer lugar, la expresión “mercado de tarifas” surge de un error. Las tarifas son pagadas; lo que se compra es un producto o un servicio. Por lo que al hablar de “mercado de tarifas” oscurecemos el producto real. Los usuarios envían transacciones con una tarifa como una oferta pública, con la esperanza de que sean confirmadas. Algunas investigaciones indican que una tarifa más alta no es necesariamente mejor por encima de un cierto nivel, pero hacer una oferta por debajo de ese nivel tiende a provocar un aumento de las probabilidades de retraso.

Así que lo correcto es hablar de un mercado de servicios de inclusión de transacciones. Los usuarios hacen ofertas para que los mineros incluyan las transacciones en los bloques candidato. La inclusión en más bloques candidato –especialmente en relación con el total del poder de cómputo minando para esos candidatos– eleva las probabilidades de una confirmación más rápida. En igualdad de circunstancias, los usuarios prefieren una confirmación más rápida a una más lenta, por lo que el factor tiempo es clave. Se trata entonces de un mercado de priorización de confirmaciones.

La inclusión de cada transacción en un bloque candidato implica un cierto coste marginal para los mineros. Cada transacción tiene que ser recibida, validada, y ser incluida, o no, en un determinado bloque candidato en un determinado lapso de tiempo, todo a un costo que nunca es igual a cero. Cuanto más grande se torna un determinado bloque candidato de un minero, por ejemplo, mayor es el riesgo de que el bloque resulte huérfano. A medida que dichos costos y riesgos aumentan con los años y el aumento del volumen de transacciones, cada minero / poool se enfrenta a decisiones en relación a las condiciones en que opera, la conectividad, los costos, la evaluación de riesgos, etc. Todo lo cual informa a cada minero acerca de los pros y los contras de incluir una determinada transacción en un momento dado, y condiciona decisiones de inversión en diferentes niveles de capacidad y conectividad, y así sucesivamente.

Los mineros, por lo tanto, compiten entre sí dentro de una industria de servicios. Al prestar estos servicios, cada minero desea incrementar su potencial de ingresos en concepto de tarifas (sobre todo porque la recompensa fija por bloque hallado disminuye con el paso de los años), pero tiene que encontrar un equilibrio entre ese potencial y sus costos en el tiempo. Por cierto, la fuente de una transacción –ya sea un usuario final, una empresa o un sistema de canales de pagos– no debería importar, per se, desde el punto de vista de un minero.

BC: Sin embargo, ningún gobierno controla el límite al tamaño del bloque. ¿Puede el modelo de intervención realmente aplicarse aquí?

KSG: Si el límite restringe la cantidad máxima de servicios que la industria minera puede suministrar, esto funciona como una intervención en el mercado. No importa quién establece la restricción, o por qué. Las intenciones y las identidades no cambian el efecto económico de una política. Los motivos son irrelevantes. La distorsión del mercado tiene lugar debido a la naturaleza de la política en cuestión, independientemente de cómo llegó a establecerse o quién la estableció o quién la mantiene. Cuanto mayor sea la restricción que el límite impone al volumen de mercado, más alta es la probabilidad de tenga consecuencias negativas.

Veamos un ejemplo de lo que estoy diciendo. Digamos que el salario real más bajo en una economía, en promedio, es de alrededor de $ 7, pero el gobierno establece un salario mínimo de $ 5. ¿Qué pasa? Bueno, nada. No tiene importancia. Ahora, digamos, este mínimo se eleva a $ 6, y luego a $ 7. Aún así, no sucede gran cosa. Algunas personas que de otro modo podrían haber conseguido un trabajo ahora están desempleadas, pero esto pasa mayormente desapercibido. Ahora supongamos que se establece por decreto un salario mínimo de $ 8. La política empieza a surtir efecto. Luego $ 9, luego $ 10, y más. Con cada aumento, cada vez más personas que de otro modo podrían haber conseguido o mantenido un trabajo con un salario menor que el mínimo decretado pasan a engrosar el número de desempleados. Cada vez más empresas frustradas (proyectadas pero nunca iniciadas), encogidas, reubicadas y quebradas nunca llegan a proporcionar este empleo inexistente.

De manera similar, pero a la inversa, el límite al tamaño del bloque constituye un tope a la producción en toda la industria que se ha mantenido fijo mientras el volumen de datos ha continuado aumentando hasta alcanzarlo. Este mismo límite fijo ha estado en vigor desde septiembre de 2010, pero nunca antes había importado en la práctica. Cuanto más influye el límite en el verdadero volumen de mercado potencial, más daño cabe esperar a la cohesión económica y social, por lo que está lejos de ser una estrategia sin costo –y los costos totales son fáciles de subestimar–.

Bitcoin ha sido emocionante para algunos como un dinero de libre mercado. Un tema central en mi trabajo ha sido la definición de Bitcoin como un medio de intercambio que ha surgido de sectores no estatales, no coercitivos, de la sociedad. Algunos observadores de Bitcoin con conocimientos de economía pueden haber partido de esta idea general y luego asumido que, dado que la intervención es algo propio de un gobierno, el límite al tamaño del bloque no puede considerarse tal, ya que emerge del sector no coercitivo.

Sin embargo, en un mercado con múltiples fuentes de oferta y demanda, un techo de producción interfiere en la relación entre los proveedores de servicios y sus clientes, a la vez que impide que nuevos participantes se unan para romper ese techo. El análisis económico de esa política en este mercado (el mercado de inclusión de transacciones en la cadena de bloques) no cambia si es una agencia gubernamental la responsable de la imposición, si bien el estatus “normativo” es diferente.

Los dos casos están claramente separados desde el punto de vista de la teoría del derecho, pero no tanto desde el análisis económico. La imposición de un techo de producción por parte de un gobierno sólo puede tener éxito a través de la amenaza o la agresión efectiva oficialmente sancionada contra cualquier persona inocente que se resista. Por el contrario, la participación en Bitcoin sigue siendo totalmente voluntaria, independientemente de tal o cual ajuste dentro del código. Pero si hacemos un análisis económico, los resultados de un techo de producción son los mismos independientemente de su origen y método de aplicación.

Este caso tampoco encaja en el (mítico) modelo de un cártel estable en un libre mercado. Tales acuerdos teóricos son naturalmente inestables. En ausencia de coacción legal, cualquier participante puede beneficiarse desertando y superando el techo. Y cualquier nuevo participante en el mercado puede empezar a producir sin tener que unirse al cártel. En el caso que nos ocupa, sin embargo, ningún renegado o recién llegado puede, por sí solo, hacer que un hard fork suceda con el fin de romper el techo de producción.

Así que la situación, aunque ciertamente novedosa, sigue siendo económicamente más parecida a lo que vemos cuando un techo de producción es impuesto legalmente a toda una industria. De esto podemos inferir una conclusión que no es especialmente alentadora: Bitcoin no sólo ha demostrado que son posibles algunas cosas buenas que muchos consideraban imposibles sin un gobierno, a saber, la producción de dinero; también amenaza con mostrar que son posibles algunas cosas malas que muchos consideraban imposibles sin un gobierno, a saber, la imposición exitosa de un techo de producción a toda una industria.

Esto empieza a hacer de Bitcoin más una “moneda de economía mixta” en este sentido no normativo sino económico, y menos una moneda de libre mercado. Las ventajas de permitir que los procesos de coordinación e innovación dentro del mercado sean optimizados resultan parcialmente vedadas. Si el protocolo de Bitcoin es análogo a la “ley” de este nuevo territorio, entonces estamos en presencia de una conversión en cámara lenta de un mercado liberado a su natural evolución, en un entorno de economía mixta.

BC: ¿Y qué hay del argumento según el cual en realidad añadir una transacción representa un costo despreciable para el minero, por lo que no hay un incentivo para excluir aquellas transacciones que pagan tarifas muy bajas?

KSG: Una relación discernible entre tarifa / byte y el tiempo hasta la primera confirmación ya ha sido constatada durante mucho tiempo. Es todo lo que se necesita. Esto ha sido así incluso durante los primeros años, cuando la recompensa por bloque hallado superaba abrumadoramente a los ingresos por tarifas. Si el costo de la inclusión de transacciones se ha mantenido prácticamente irrelevante, esto sugiere que los productores todavía no se han topado con limitaciones naturales capaces de afectar el costo de una manera lo suficientemente significativa como para que la relación entre tarifa / byte y tiempo hasta la primera confirmación sea más importante. Los operadores de nodos y los mineros no han considerado que valga la pena negarse a retransmitir o incluir muchas de las transacciones que representan ingresos muy bajos, todavía. No ha valido la pena inventar y poner en práctica más formas de obtener beneficios económicos de los servicios de retransmisión que ofrecen los nodos, todavía. Los usuarios no han sentido la urgencia de incluir mayores tarifas / byte de las que han incluido, todavía. Y así.

Estas cosas pueden suceder en cualquier momento, pero no hay forma de predecir cuándo, o incluso si van a ocurrir. Podría ser el próximo año, o en cinco o diez años, o nunca. Podría haber alguna otra solución que se desarrolle cuándo tenga suficiente sentido, si es que llega a tenerlo. Con el mantenimiento de un techo a la producción, sin embargo, los incentivos y oportunidades para resolver problemas reales a medida que estos emergen se reducen, y la innovación es desviada. En lugar de resolver problemas reales, los actores del mercado se ven obligados a resolver problemas creados artificialmente por el propio techo de producción.

El diseño de Bitcoin incluye un largo programa de transición cuidadosamente concebido. Julio de 2016 nos traerá sólo el segundo de muchos más halvings de la recompensa para los mineros por bloque hallado. Durante más de un siglo, los ingresos procedentes de la emisión de nueva moneda tenderán a desvanecerse mientras que los ingresos procedentes de la inclusión de transacciones tenderán a aumentar. Si el éxito del sistema se mantiene, los ingresos de la minería deberían ser cada vez más el múltiplo de tres elementos fundamentales: la tarifa / byte, el volumen de datos correspondientes a transacciones minadas, y el poder adquisitivo real del bitcoin.

Cabe esperar que al menos dos esas variables, sino las tres, muestren una tendencia ascendente. Sin embargo, el límite al tamaño del bloque está empezando a limitar una (el volumen de datos) por primera vez. La controversia en relación a ello ha estado limitando muy probablemente una segunda variable (el poder adquisitivo –“precio”– del bitcoin). Un argumento a favor de un límite estrecho al tamaño del bloque ha sido que este puede (tal vez) elevar artificialmente las tarifas / byte. Sin embargo, cualquier intento de manufacturar un (posible) aumento de las tarifas / byte en el corto plazo podría producirse a un enorme costo para todo el sistema por otras razones, tales como un precio y un volumen de transacciones artificialmente limitados, y la distorsión de las vías de innovación.

BC: Otro argumento a favor de un límite inferior es que este reduce los costos para los nodos debido a que tienen menos tráfico para retransmitir y una cadena de bloques más pequeña que almacenar. ¿Qué pasa si, en ausencia de límite, quedan muy pocos nodos?

KSG: Cuando parece que hay una “tragedia de los comunes”, la primera pregunta que uno debe hacerse es quién posee qué y si hay algo importante que permanece sin dueño y, como tal, sin protección. La pregunta paralela aquí es cómo los proveedores de servicios pueden cobrar por sus servicios. Si ellos no están cobrando, podría ser simplemente porque para ellos no vale la pena –todavía– buscar e implementar la manera de hacerlo.

Muchos operadores de nodos ofrecen sus servicios voluntariamente. Algunos mantienen nodos como complemento de su actividad comercial, con el fin de mejorar el rendimiento y la seguridad para ellos mismos y / o sus clientes. Pero algunos operadores podrían también encontrar formas de cobrar por servicios urgentes o premium.

Recuerde que en el mercado de inclusión de transacciones lo que interesa a los usuarios es la probabilidad y la velocidad de la confirmación. Cada uno de los bloques candidatos actuales de los mineros podría resultar validado en cualquier momento, y si lo es, cualquier transacción que esté incluida en ese bloque pasará a formar parte de la cadena de bloques, mientras que las que no están incluidas quedarán circunstancialmente afuera. Nadie puede saber cuándo llegará ese momento y para quién, por lo que el tiempo siempre es un factor esencial para todas las partes. Cualquier factor que influya en esta dinámica en lo más mínimo puede llegar a ser económicamente relevante, y por lo tanto pasible de ser sometido a eventuales modelos de monetización.

Los mineros quieren incluir transacciones rentables lo antes posible, y los usuarios quieren enviar transacciones y que estas sean confirmadas lo antes posible. Hay una armonía de intereses entre estos grupos. Los nodos funcionan como intermediarios entre los emisores de transacciones y los mineros, facilitando la interacción mutuamente provechosa entre postores y tomadores en cada transacción exitosamente minada. Los nodos están sentados sobre un recurso económico –están en una posición única para conectar a los postores (usuarios que pagan por el servicio de inclusión de transacciones) con los tomadores (mineros que buscan incluir transacciones rentables)–. La preferencia por concretar la transacción “lo antes posible” también está en armonía entre ambos lados.

Pero los nodos todavía están ofreciendo este servicio de forma gratuita. Eso podría seguir así por varias razones, pero si alguna forma de monetización pareciera tener sentido en la práctica, quienes mantienen nodos podrían adoptarla. ¿Acaso alguna red de retransmisión con prioridad para suscriptores, tal vez conectada con determinadas carteras? ¿Acaso micropagos a los nodos usando algo similar a la API de 21? El software de Multibit ya había incluido una pequeña tarifa por transacción para apoyar su propio desarrollo. Aunque Multibit ha retirado esta tarifa recientemente, ideas como esa pueden considerarse para futuros conceptos de monetización. Estas son solo algunas de las posibilidades. Así que mientras que la primera respuesta a la preocupación por la existencia de “muy pocos nodos” sigue siendo el consejo estándar de dar un paso adelante y mantener uno mismo más nodos, una segunda respuesta podría ser la de ayudar a descubrir modelos adicionales de monetización y ver si funcionan, ya sea ahora o en algún momento en el futuro, cuando puedan resultar más atractivos y útiles que ahora.

BC: Algunos han argumentado que cambiar el límite al tamaño del bloque sería cambiar a Bitcoin de una manera fundamental, algo así como cambiar el tope de 21 millones a la creación de moneda. El límite es parte de Bitcoin y así debe permanecer. ¿Como respondería usted a eso?

KSG: El tamaño medio de los bloques no ha tenido relación con el límite al tamaño del bloque hasta hace muy poco tiempo. El límite fue establecido a finales de 2010, unos 20 meses después del lanzamiento de Bitcoin, a un nivel que superaba en 1.200 veces el tamaño medio de los bloques en ese momento. Fue defendido como una medida de protección temporal contra ciertos ataques potenciales a la red, aunque no faltaron voces en contra ya en ese entonces, argumentando que era peligroso incluirlo a nivel de protocolo. Decían que podía ser mucho más difícil de lo esperado cambiarlo más adelante, pues grupos de intereses especiales, con razones para mantenerlo, podían desarrollarse en el futuro. Esto fue dicho en 2010.

La expectativa era que el límite simplemente sería elevado o retirado más adelante, cuando fuera necesario. ¡Por supuesto que podría elevarse más adelante! –respondían los partidarios de establecer un límite fijo–, si es que algún día el sistema de alguna manera llega a tener tanto éxito como para requerir tal medida. Es fácil olvidar que en 2010 el éxito de Bitcoin a largo plazo era una idea descabellada para la mayoría de la gente, incluyendo a muchos expertos en criptografía, redes P2P, economía, etc. “Simplemente lo elevaremos más adelante” parecía una opción razonable, pues empujaba hacia un escenario improbable en el largo plazo los posibles inconvenientes que algunos habían anticipado. Pero “el largo plazo” tiene la desagradable costumbre de llegar, y finalmente ha llegado.

La posición más conservadora es ajustar el límite de manera tal que siempre se mantenga muy por encima del promedio de tamaño de los bloques. Un límite dinámico, ubicado en algún lugar muy por encima del volumen medio, podría mantener esta relación por tiempo indefinido sin ningún cambio posterior del código. Un límite dinámico aún podría funcionar como protección (en la medida en que realmente sirva como protección –un tema que los técnicos aún debaten–) sin interferir en el mercado de inclusión de transacciones. El límite podría volver a ser simplemente un oscuro ajuste del que nadie habla.

BC: ¿Qué opina de la idea de que la recompensa por bloque hallado es un subsidio que baja artificialmente el costo de las transacciones en la actualidad?

KSG: Los que dicen eso acusan a quienes hoy remiten transacciones Bitcoin de gorrones descarados. Dado que estos “usuarios parásitos” están absorbiendo como esponjas el “subsidio” –piensan los que sostienen esta idea–, merecen un aumento de los precios que pagan por realizar transacciones, mediante una mayor restricción de la oferta de servicios.

Veo esto como –en el mejor de los casos– un mal empleo del término subsidio. La recompensa en monedas y los ingresos por transacciones son bienes que los mineros reciben en un mismo paquete. Por subsidio, en cambio, en general se entiende una cantidad independiente de dinero inyectado por la burocracia para promover algún producto o comportamiento que la burocracia prefiere. En Bitcoin, sin embargo, la recompensa por bloque hallado y los ingresos por transacciones fueron diseñados desde el principio como una única e inseparable retribución para los mineros. No hay ningún “subsidio” exterior añadido. En lugar de eso, la composición de este singular paquete de bienes va cambiando con el transcurso del tiempo (con los sucesivos halvings de la recompensa por bloque hallado y la evolución del mercado de transacciones). Esto no sólo es una parte del diseño original de Bitcoin, sino que también es parte de lo que define a Bitcoin.

BC: ¿Qué piensa usted acerca de las soluciones de escalabilidad fuera de la cadena de bloques, como Lightning Network y las cadenas laterales? ¿Son alternativas viables a elevar el límite al tamaño del bloque?

KSG: Lo que he comentado hasta ahora no implica una respuesta a la pregunta de qué clase de transacciones convendría llevar a cabo en la cadena de bloques versus fuera de la cadena, pero sí coloca la pregunta bajo una luz diferente. ¿Quién debería juzgar esto? La discusión al estilo Politburó acerca de si los cafés deben ser comprados dentro o fuera de la cadena de bloques es justo la clase de absurdo que siempre resulta de la politización de los factores del mercado.

Tales problemas sólo pueden resolverse adecuadamente a través de la competencia en un libre mercado, bajo las condiciones siempre cambiantes del mundo real. Los empresarios ofrecen ciertos servicios. Diferentes personas vienen a utilizar estos servicios, a menudo de manera imprevista. Los costos de producción, los precios y las ventajas y desventajas relativas de cada opción evolucionan con el tiempo y también con relación a las otras opciones. De esta manera, lo que funcione mejor en la cadena de bloques tenderá a darse allí; lo que funcione mejor a través de servicios basados en cuentas centralizadas gravitará hacia ellos (como ya ocurre en cierta medida); lo que funcione mejor en las cadenas laterales tenderá a darse en ellas; y lo que funcione mejor en canales de pagos tenderá a darse en ellos. Pero estos son resultados que se irán revelando con el tiempo, gracias a la rivalidad entre los oferentes de servicios en competencia unos con otros.

Por eso las medidas de intervención pueden causar graves daños. La intervención impide que las mejores soluciones y los mejores balances entre distintas soluciones sean descubiertos; distorsiona el desarrollo de la industria y provoca despilfarro; beneficia a algunas empresas y tipos de usuario a expensas de otros… El problema es que las pérdidas a menudo se esconden más fácilmente que las ganancias. Se puede engañar a las personas para que piensen que ha habido una ganancia neta para la “industria” o la “economía” cuando en realidad se ha producido una pérdida neta. Las pequeñas ganancias son visibles mientras que las grandes pérdidas (todo el desarrollo que debido a la intervención ha sido abortado o ni siquiera considerado) son invisibles.

Cuando leí el paper inicial de las cadenas laterales, publiqué inmediatamente una respuesta (25 de octubre de 2014) que planteaba la cuestión de si esas monedas conservarían la misma cotización que los bitcoins en la cadena principal. Todavía pienso que es una pregunta abierta a tener en cuenta. Los canales de pagos son prometedores en este aspecto en la medida en que incrementan el control de sub-unidades de una transacción Bitcoin especifica en la cadena de bloques, de manera tal que añaden valor para las partes involucradas. La construcción de una red de canales de pagos, sin embargo, podría añadir una cantidad de complejidad tal que los comerciantes podrían acabar por no tratar a esas unidades como “sustitutos perfectos” –en el sentido de la teoría monetaria– de los bitcoins en la cadena de bloques. Pero eso sólo puede ser constatado en la práctica. E incluso con una amplia aceptación por parte de los usuarios reales, podrían crearse y alimentarse de forma imprevista una serie de riesgos sistémicos latentes.

Este tema me recuerda una frase memorable de la película La Red Social: “Si tú hubieras inventado Facebook, habrías inventado Facebook.” La versión aquí es: “Si fuera lo mismo que un bitcoin en la cadena de bloques, sería un bitcoin en la cadena de bloques”. Dado que no es un bitcoin en la cadena de bloques, los costos de contabilidad mental, la posibilidad de retrasos adicionales, los riesgos vinculados a la liquidez, la reducción de la flexibilidad a la hora de utilizarlo, los riesgos sistémicos, las diferencias de seguridad, etc. etc. crean la posibilidad de que esas unidades se negocien con un descuento en relación con los bitcoins en la cadena (la posibilidad de que unos y otros difieran en su cotización). Que el software defina una paridad cambiaria entre unidades fuera y dentro de la cadena de bloques no garantiza automáticamente una paridad económica a los ojos de los comerciantes. Podría suceder o no; únicamente el uso real puede demostrarlo. Los usuarios tienen que experimentar los beneficios como algo que supera los riesgos, y también tienen que aceptar como justificados los costos de decisión y de investigación, incluyendo la posibilidad de siquiera molestarse en examinar la cuestión.

Cabe recordar una vez más que prácticamente todos los expertos estaban convencidos de que Bitcoin fallaría –hasta que no lo hizo–. Pero, ¿cuál es la otra cara de esta lección? La otra cara es lo que ocurre con algo como la Lightning Network en este momento: aunque una gran cantidad de expertos creen que va a funcionar, muy bien podría fallar –a menos que no lo haga–.

Un asunto vital a la hora de considerar las distintas soluciones de escalabilidad fuera de la cadena es que las personas también deben seguir siendo capaces de usar Bitcoin directamente en la cadena. El lema “sé tu propio banco” ha sido uno de los principales atractivos de Bitcoin, y por muy buenas razones. Una unidad de bitcoin en la cadena de bloques es el equivalente más cercano en la esfera Bitcoin a la imagen clásica de una moneda de plata o de oro en el bolsillo. Esta es la unidad que no tiene ningún riesgo adicional propio de los sistemas basados en capas montadas sobre el protocolo, sustitutos imperfectos, expansión del crédito, inflación, contrapartes, etc.

Mantener un camino fácil y siempre abierto de huida hacia la cadena de bloques de Bitcoin es fundamental para que los que ofrecen servicios fuera de la cadena se vean obligados a probar siempre su honestidad y a competir siempre entre sí. Ese camino de huida es el que falta en los sistemas monetarios convencionales. Falta, por supuesto, ¡porque ha sido eliminado!

BC: Ha habido una batalla argumental entre quienes están a favor de un mayor tráfico dentro de la cadena de bloques y quienes proponen un mayor tráfico por fuera de la misma, pero pareciera que usted sugiere otra manera de encarar este tema…

KSG: Sí, esto es fundamental porque muchos han argumentado que Bitcoin tendrá que convertirse en un ecosistema formado por capas con diferentes servicios construidos sobre la cadena principal como protocolo de base. Comparto la visión de que es muy probable que esto vaya a suceder en alguna medida, y que de hecho ya está sucediendo dentro de ciertos límites. Pero hay una gran diferencia. A menudo, este argumento se fundamenta en la suposición de que el límite al tamaño del bloque se debe mantener estrecho para restringir el crecimiento del tráfico dentro de la cadena. Pero esa es una pretensión completamente diferente y adicional. Por otro lado, muchos parecen imaginar que de no existir un límite al tamaño del bloque, el tráfico dentro de la cadena eventualmente sería muy alto (“niveles similares a Visa”), para mejor o para peor. Esto no es necesariamente así.

En ausencia de un límite, yo esperaría que el tamaño real del bloque continúe reflejando la realidad económica para los numerosos participantes y colaboradores en el ecosistema, a través de un proceso descentralizado capaz de reflejar verdaderamente (y no según tal o cual modelo) precios, costos, velocidades de transmisión, optimizaciones, y la totalidad de pros y contras de todas las opciones realmente existentes en el mercado. No es conveniente que estas cuestiones sean “decididas” de antemano. Son propiedades que deberían surgir de los mismos procesos complejos e ingobernables que Bitcoin ha desencadenado. Si los productores no llegan a sentir la natural presión de abastecer a la demanda que es propia del crecimiento real, es poco probable que se lleven a cabo las innovaciones necesarias para mantener dicho crecimiento. En lugar de ello, la evolución de la industria será redirigida sobre la base de presiones imaginadas y modeladas. Bitcoin se convertirá en un sistema que lidiará muy bien con una serie de condiciones introducidas en modelos experimentales y bajo límites arbitrarios, pero muy mal con la realidad.

El mejor contexto en el que se puede desarrollar cualquier industria es uno de auténtica competencia abierta entre los diversos servicios a medida que estos van surgiendo. De lo contrario, terminamos con un grupo de gente que toma el rol de planificador económico, y que inevitablemente busca “seleccionar a los ganadores” (posiblemente incluyéndose a sí mismo). Se establecen así los incentivos para una batalla por controlar y dar forma a dicha planificación económica en un sentido u otro. El solo hecho de que este tipo de cosas exista tiene sus propios costos sistémicos que son fáciles de subestimar.

Cuando se opera con señales económicas auténticas, con el correr del tiempo los empresarios ofrecen servicios mejores y más baratos a los usuarios finales, en un proceso dinámico y adaptativo. La producción económica tiende a proporcionar servicios de mejor calidad y en mayor cantidad, con mayor rapidez y a precios más bajos, siempre atendiendo a la evolución real de las limitaciones a la producción “en el terreno” desde el punto de vista de cada participante.

El modelo opuesto es el de menos servicios, de menor calidad, más lentos y más caros. Este patrón suele observarse sólo en las pseudo-industrias altamente politizadas y distorsionadas, como “educación” o “salud”, o en compañías o agencias manejadas indirectamente por el Estado. Pero ahora vemos que este patrón se va introduciendo en la prestación de servicios dentro de la cadena de bloques de Bitcoin, para evitar todas las catástrofes que supuestamente ocurrirían si “al mercado se lo dejara funcionar libremente”. Tenemos que actuar ahora para “salvar a la industria de sí misma”. Tenemos que evitar que los “precios excesivos” “expulsen a los pequeños productores”. Es la vieja cantinela intervencionista, que se repite tantas veces que es difícil no sumarse al coro. Lo que yo llamo “argumento de la repetición” –simplemente decir lo mismo una y otra vez sin importar la veracidad de lo dicho– sigue siendo, por desgracia, una de las estrategias persuasivas más poderosas.

Además, es importante comprender que las soluciones por fuera de la cadena también compiten contra las transacciones dentro de la cadena, es decir, contra los mineros; aunque también puede haber algún grado de sinergismo. Algunas de las transacciones llevadas a cabo por fuera de la cadena podrían haberse llevado a cabo dentro de la cadena. Esto viene a ser competencia por sustitución. A la inversa, si la apertura y el cierre de canales de pagos producen demanda de transacciones dentro de la cadena que de otra manera no se habrían realizado dentro de la cadena, tenemos un efecto sinérgico. Mientras tanto, el uso creciente de opciones tanto dentro como fuera de la cadena puede elevar el poder adquisitivo del bitcoin, lo que representa un punto positivo para los mineros de todas maneras. Con esta mezcla impredecible de sinergia y competencia, una política que limite la capacidad de los mineros para competir con opciones por fuera de la cadena es distorsiva. Si un segmento de la industria se ve perjudicado por una política que beneficia a otro segmento de la industria, se genera un balance económico negativo y los usuarios finales pierden.

Aún no lo he analizado en profundidad, pero hay quienes afirman que Lightning Network podría ser capaz de habilitar millones de transacciones a un costo de casi cero por transacción. Eso suena bastante improbable a primera vista, pero si se diera el caso y la gente empezara a usarlo de esa manera, esto generaría tráfico dentro de la cadena para abrir y cerrar los canales. Y si se mantuviera restringida la oferta de servicios de inclusión de transacciones dentro de la cadena de bloques de Bitcoin, estas pronto se volverían aún más lentas y caras en comparación. Es decir que los servicios que los mineros proveen a cambio de sus ingresos se tornarían más lentos y caros en comparación. Sin embargo, de estos mismos servicios dependerán cada vez más los ingresos de los mineros, pues están destinados a desplazar gradualmente –y algún día a reemplazar por completo– las recompensas por bloque hallado.

Así que los mismos que hablan de la necesidad de proteger a los mineros promueven: 1) medidas que limitan la capacidad de los mineros para competir con los servicios de transacciones por fuera de la cadena y 2) el desarrollo de diferentes alternativas que son supuestamente mucho más rápidas y más baratas que los propios servicios de los mineros. Con esto, ya podemos empezar a vislumbrar una futura ronda de llamados en el mismo espíritu modelador-planificador-intervencionista para que “se haga algo” en relación al volumen dentro de la cadena, pero esta vez en sentido contrario. En poco tiempo, podríamos empezar a escuchar que “¡Tenemos que incluir más transacciones dentro de la cadena! ¡Apoyemos a los mineros!” Esto no me sorprendería, dadas las numerosas oscilaciones ad hoc sin fundamento alguno que hemos visto en la historia de las regulaciones.

Del mismo modo, en base a varios modelos se nos dice que habrá “muy pocos” mineros y una “deficiente producción de seguridad” para la red. En un momento el objetivo parece ser el de proteger a los mineros pequeños, pero luego, de repente, el objetivo pasa a ser el de “proteger” a los mineros más grandes (actualmente en China), ¡debido a que sus conexiones de Internet son más lentas! Si lo importante es la “descentralización”, no sería aconsejable proteger a los actuales líderes del mercado precisamente en una de las únicas áreas en las que actualmente tienen una desventaja competitiva.

BC: Si el debate por el tamaño máximo del bloque se vuelve irreconciliable, ¿es realista asumir que otra criptomoneda será capaz de romper el efecto de red de Bitcoin y suscitar un éxodo masivo?

KSG: No creo probable que ocurra algo grave si el límite se mantiene por un tiempo. Probablemente el peor resultado a corto plazo sea el aumento de la politización y la incertidumbre que esto inyecta en el mercado. Parte del tráfico que podría haber ocurrido dentro de la cadena simplemente nunca se producirá. Dicho esto, después de pasar varios años entrando y saliendo de todo tipo de pantanos de “pánico-incertidumbre-duda” (FUD en inglés) al investigar acerca de Bitcoin, esta es la primera vez que un asunto me ha dejado una cierta preocupación persistente. No es una preocupación del tipo todo-o-nada, sino más del tipo “esto es peor cuando podría ser mejor”. El riesgo es que Bitcoin sea convertido parcialmente, desde adentro, en una moneda de economía mixta, por miedo a que posiblemente, tal vez, sea convertido en una moneda de economía mixta desde afuera. Estos temores se basan en el estudio de modelos que muestran una supuesta “baja producción de seguridad”, muy parecidos a esos escenarios de catástrofe inminente basados en análisis demasiado simples que tanto gustan a los periodistas. Tratar de evitar algún posible escenario negativo futuro por medio de medidas que tienen sus propios efectos negativos concretos en la actualidad es un error característico de un pacto fáustico.

Cuando se trata de sistemas complejos, como la economía, el clima, o incluso el mercado de valores, los modelos de predicción son muy poco fiables. Los índices y los monos a menudo superan a los modelos con los que se pretende predecir el desempeño de las acciones. Las “tendencias actuales” –en la típica narrativa de catástrofe– casi nunca “continúan”. Y los fatalistas no se caracterizan por volver a examinar objetivamente la totalidad de sus predicciones fallidas. Los milenaristas que al despertarse verifican que el mundo aún existe, sólo tienen que reprogramar la fecha exacta en la que será el fin del mundo, y seguir adelante. Por eso es muy valiosa la función que cumplen sitios como Bitcoin Obituaries, que hacen un seguimiento de la creciente lista de obituarios de Bitcoin. Otro de estos sitios podría realizar un seguimiento de las advertencias de inminentes ataques del 51% que nunca fueron llevados a cabo por pools de minería que ya no existen.

El fenómeno Bitcoin tiene aspectos de producto y de servicio; sin embargo, algunos de sus aspectos importantes también son el cimiento de mercados. Las características de producto y servicio deben ser ajustadas, optimizadas y gestionadas desde el punto de vista de la ingeniería y los negocios. Sin embargo, los aspectos relacionados específicamente con el mercado, que se manifiestan en los precios y las cantidades suministradas por el conjunto de la industria, deben dejarse en manos de los usuarios y proveedores de servicios para que se desarrollen con el tiempo, a través de auténticos procesos de innovación competitivos guiados por la realidad y no por el modelado –inevitablemente parcial y siempre sospechoso– de sistemas complejos. Ha sido fácil reconocer que el trading de bitcoins es un mercado –es un ejemplo típico de un mercado–, pero la inclusión de transacciones es un mercado de servicios emergente, uno que, en esta etapa todavía muy temprana, no es tan fácil percibir y considerar como tal.

BC: Muchas gracias. ¿Quiere agregar algún comentario a modo de conclusión?

KSG: En este debate se ha puesto mucho énfasis en las personas y los grupos, aunque esto también es muy común en otros campos. Hay argumentos de autoridad, argumentos de credenciales, y los argumentos de que tal y cual han dicho esto o aquello. Escuché una entrevista relacionada con el límite al tamaño del bloque hace un tiempo y me pareció que cerca del 90% del tiempo se había hablado de personalidades y credenciales. Así que volví y analicé las marcas de tiempo, y resultó ser aún peor. Sólo en el 4,6% de la grabación se hablaba de lógica y evidencia sustantiva sobre el tema.

Por eso es importante seguir esforzándonos por volver a las ideas y al contenido de los argumentos, sin importar quién es el que los expone. Sigamos dejando atrás el quién y volviendo al qué. Esa es también una disciplina que debemos practicar, una disciplina esencial para la civilización.

Leer texto original, en inglés

La entrada Entrevista a Konrad S. Graf: un antídoto contra el analfabetismo económico de Bitcoin Core aparece primero en Bitcoin en Español.

Peter Todd, el inflacionista

Fue quizás en 2012 la primera vez que escuché a Peter Todd, uno de los desarrolladores de Bitcoin Core, decir que Bitcoin no era un sistema escalable. Eran otros tiempos: en aquel entonces la censura financiada por Blockstream no existía, el sentido común prevalecía en los foros, y prácticamente todos coincidían en que el propio crecimiento de Bitcoin iba a promover la escalabilidad de mil maneras diferentes –no todas imaginables de antemano– y simultáneas. Así que la visión pesimista de Todd resultaba una mera curiosidad, un gatillo de controversias más o menos ociosas y nada más que eso. Nadie sospechaba entonces que las llamativas declaraciones de Todd eran, en el mejor de los casos, el resultado de una mezcla de analfabetismo económico, narcisismo y megalomanía (en el peor de los casos, una deliberada maniobra para frenar el crecimiento de Bitcoin), y mucho menos que unos años después el discurso de Todd iba a ser tomado en serio por los demás desarrolladores de Bitcoin Core.

todd

Otra cosa que llamó mi atención allí por 2012 fue la insistencia de Todd en señalar que todas las decisiones de los desarrolladores involucrados en el proyecto Bitcoin eran en el fondo decisiones políticas. ¿A qué se refería Todd? Me llevó tiempo descubrir que él solo estaba proyectando en los demás sus propias aspiraciones, algo finalmente confirmado durante la reunión a puertas cerradas con los mineros chinos (realizada, por supuesto, en nombre de la descentralización), en la que Todd puso a prueba sus naturales dotes para la manipulación de seres humanos y se dio el gusto de mostrarse ante las cámaras como una auténtica diva en la alfombra roja. Así retratábamos el encuentro:

Como víctimas de la “Revolución Cultural” firmando su propia condena frente a una pandilla de guardias rojos, unos pocos representantes de las granjas y pools mineros chinos –algunos de los cuales previamente se habían manifestado a favor de Bitcoin Classic— juraron recientemente fidelidad a la “hoja de ruta” de Blockstream1, la compañía que ha comprado a los desarrolladores del cliente Bitcoin Core con el fin de monopolizar el desarrollo de Bitcoin, y que pretende mantener el tamaño de los bloques artificialmente restringido para su propio beneficio. Lo han hecho a puertas cerradas y en contra de la voluntad de la inmensa mayoría de usuarios, ahorristas, inversores, comerciantes, procesadores de pagos y sitios de intercambio, pero principalmente en contra de sus propios intereses de mediano y largo plazo –ya que menos transacciones por bloque significa menos ingresos por tarifas para los mineros, además de la necesidad de apurar “soluciones” de escalabilidad que desvían aún más tarifas hacia las arcas de Blockstream–. Cabe afirmar que le han confiado la planificación de su propio futuro a su principal competidor.

Todd combina a la perfección todos los vicios del “ingeniero social” con las peores cualidades del animal político. Cree verdaderamente que puede planificar los próximos cien años de Bitcoin, cuando lo cierto es que ni siquiera entiende lo que viene ocurriendo desde hace siete años. Su inconmensurable arrogancia, comparable a la de otros ingenieros sociales que han llenado la historia de sangre, también sería fatal si Bitcoin no tuviera la capacidad de despedirlo como lo que es –algo más cercano a un parásito intestinal que a un héroe del criptoanarquismo (como él gusta presentarse)– y arrojarlo a la letrina de la historia junto a todos los arribistas que pretenden lucrar a expensas de Bitcoin.

No hacía falta un ejemplo más para ilustrar cómo y por qué fracasa el socialismo una y otra vez, pero ya que lo estamos padeciendo en tiempo real podemos aprovechar la oportunidad y convertir la estulticia de Peter Todd y compañía en material didáctico para nuestros hijos. Echemos un vistazo a las últimas deyecciones que este sujeto ha dejado caer en Twitter:

@matthew_d_green IMO Bitcoin should have had an explicit 1%/year or so security tax, implemented via inflation… [1/2]

— Peter Todd (@petertoddbtc) February 10, 2016

“En mi opinión, Bitcoin debería haber tenido un impuesto explícito a la seguridad, de 1% / año más o menos, implementado mediante inflación …”

A lo cual Wences Casares respondió:

@petertoddbtc @jgarzik @matthew_d_green I disagree. IMO the hard cap of 21 million Bitcoin is one of Bitcoin’s best attributes

— Wences Casares (@wences) April 23, 2016

“No estoy de acuerdo. En mi opinión, el límite infranqueable de 21 millones de bitcoins es uno de los mejores atributos de Bitcoin.”

Todd remató con una petulante exhibición de ignorancia, típica de esa peligrosa mezcla de lobo y asno que es el animal político:

Wishful thinking.

Bitcoin’s inflation rate is an economic engineering tradeoff between sound money and security. https://t.co/7Br8V9m8JC

— Peter Todd (@petertoddbtc) April 23, 2016

“Ingenua expresión de deseos. La tasa de inflación de Bitcoin es un balance de ingeniería económica entre buena moneda y seguridad.”

Palabras dignas de un Presidente de la Fed. La mejor respuesta a esta última burrada es la de un tal Richard Thomas:

@petertoddbtc It’s a tradeoff between sound money and bootstrapping adoption.

— Richard Thomas (@tmpacct111) April 24, 2016

“Es un balance entre buena moneda e impulso a la adopción.”

Para cualquier persona mínimamente instruida es imposible disimular una mueca de desagrado al percibir el hedor a socialismo rancio que despiden estas declaraciones de Todd, aunque parece que ningún otro desarrollador de Core lo ha notado. Ya sabemos que el “Official Maintainer” de Core se halla al menos tan desorientado en materia de economía como Todd, ¿pero tan aislado de la realidad está ese grupo que no hay nadie capaz de filtrar algo de cordura? ¿Tan difícil es entender que sin el tope al incremento de la masa monetaria el grueso de la inversión que ha hecho posible el despegue de Bitcoin habría encontrado otros destinos?

Primero propusieron cambiar la recompensa por bloque hallado con el fin de moderar el golpe a la rentabilidad de los mineros tras el halving —golpe que, en caso de tener lugar, será debido a la restricción arbitraria al tamaño de los bloques que ellos mismos han impuesto–. Ahora ya hablan del límite de 21 millones como si fuera un problema a resolver –evidentemente, otra bárbara reliquia que obstaculiza los planes de Blockstream–. Y van a seguir proponiendo cambios radicales, puesto que lo único que no está en sus planes es consentir el crecimiento natural de Bitcoin.

La propuesta de Satoshi era muy simple: que las tarifas aportadas por un número creciente de transacciones compensaran la escalonada disminución de la recompensa para los mineros, y financiaran de esa manera la seguridad de la red. Una idea demasiado elegante para el adicto a la planificación de vidas ajenas. ¿Qué sería de su vida si tuviera que admitir que Bitcoin funciona muy bien sin su “ayuda”? Satoshi, nos dicen los Blockstream boys, estaba equivocado: todo es cuestión de dejar que los ingenieros a sueldo de Blockstream inventen nuevas reglas, y luego otras reglas para paliar las consecuencias de las anteriores, y así hasta que el Bitcoin de Satoshi quede enterrado bajo una montaña de código que solo ellos puedan manipular.

Según Peter Todd, la cadena de bloques de Bitcoin no debe usarse para transacciones comunes con dinero electrónico P2P (nótese que el propio Satoshi Nakamoto definió a Bitcoin en su célebre white paper como “A Peer-to-Peer Electronic Cash System”), sino para el registro de grandes liquidaciones ocasionales a un costo que excede ampliamente las posibilidades del usuario común. También según Peter Todd, el límite de 21 millones de bitcoins es una ingenua expresión de deseos. ¿Cómo es posible, me pregunto, que un tipo como Peter Todd no sea expulsado de Bitcoinlandia y condenado al ostracismo más absoluto? Y me respondo: mientras este personaje siniestro sirva a los intereses de Blockstream, conservará su influencia sobre Bitcoin Core –pero ni un minuto más–.

No es casualidad que entre los empleados de Blockstream haya dos desarrolladores de Freicoin, un proyecto basado en la idea de que es necesario forzar el consumo mediante la “oxidación” (pérdida de valor) de la moneda. Si no es el objetivo último, la depreciación es de todas formas el resultado inevitable de las acciones motivadas por el desconocimiento de los principios más elementales de la ciencia económica –en otras palabras, de la incapacidad de concebir un sistema complejo que es un producto de la acción humana y no necesariamente del diseño humano–.

Así que en eso estamos ahora: tanto esfuerzo invertido en liberarnos de la mafia de los bancos centrales, para caer en las redes de un grupo de “expertos” convencidos de que la solución de fondo es entregarles a ellos el control total de la política monetaria (un concepto que gracias a Satoshi parecía condenado a desaparecer) y cruzar los dedos. En un giro que Satoshi no hubiera sospechado ni en sus peores pesadillas, los supuestos custodios de las propiedades de Bitcoin y paladines del criptoanarquismo se han vuelto partidarios de la centralización total del desarrollo, y ahora hablan abiertamente acerca de las bondades de la inflación y los subsidios discrecionales.

¿Qué hacer frente a tamaño despliegue de estupidez?

1- En primer lugar, señalar la estupidez cuando se manifiesta: no dejarse intimidar por las credenciales de los expertos en un área cuando invaden áreas que desconocen, y no dejarse influenciar por el vergonzoso –bien que ordinario– fenómeno del “pensamiento grupal”.

2- Educar a los que realmente quieren entender.

3- Apoyar a los que proponen soluciones.

4- Armarse de paciencia con los que hacen daño. Si el Banco Central opta por inflar la moneda que estamos obligados a utilizar, el problema es nuestro; pero si Todd quiere un Bitcoin inflacionario, el problema es de Todd: es él quien tendrá que convencer de las bondades de la inflación a los poseedores de bitcoins, o bien lanzar Toddcoin y competir con Bitcoin.

No necesitamos una nueva constitución o un nuevo par de tablas de la ley para protegernos del ataque de Blockstream. Bitcoin es una criatura del mercado, y el mercado se expresa y se defiende a través de los forks. Dejemos que Peter Todd se salga con la suya: cuando el valor del bitcoin se vea seriamente afectado por sus propuestas, la mayoría económica le mostrará el dedo medio y lo dejará hundirse en sus delirios megalomaníacos –mientras Bitcoin sigue navegando hacia su destino manifiesto–.

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