Brujería keynesiana

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Mientras la madre de todas las burbujas financieras continúa inflándose, las personas que todavía no han perdido la cordura se debaten entre la necesidad de digerir una verdad inquietante (no habrá recuperación económica; no habrá refugio seguro dentro del sistema financiero tradicional) y la necesidad de tomarse un respiro de tanta locura.

Solo las ovejas más tiernas del rebaño ignoran que los gobiernos ya no pueden desviarse del rumbo insensato que han trazado para la economía. De hecho, los gobiernos ya ni siquiera pueden desacelerar (y mucho menos reducir) la velocidad de este convoy suicida. Así que no hay tiempo que perder: este es el momento de arrojarse del vagón, porque mañana podría ser demasiado tarde.

Una vez a salvo, podemos relajarnos y contemplar el inexorable proceso de descarrilamiento sin perder la calma. Las futuras víctimas han sido notificadas y no han prestado atención a las advertencias; ahora solo nos queda tomar notas desde la seguridad de nuestro refugio para luego estudiar el fenómeno en detalle, como esos ingenieros que examinan una y otra vez las grabaciones de la caja negra después de un accidente.

La instrucción, sin embargo, no es incompatible con el entretenimiento. ¿Acaso no es entretenido el espectáculo que dan los académicos tratando de justificar cualquier disparate que surja de un ministerio de economía? Lo es para quienes estamos blindados contra la manipulación monetaria y financiera.

Rescates bancarios a expensas del contribuyente, flexibilización cuantitativa, tasas de interés negativas… todo puede ser bendecido con actitud solemne y jerga distractora. Al fin y al cabo, es lo que han hecho las autoridades sacerdotales durante miles de años, y nada indica que vayan a dejar de hacerlo justo cuando más alto cotizan sus servicios.

Uno de los mitos más populares de la brujería keynesiana es el del “efecto multiplicador del gasto estatal”. Con la ayuda de Mike Shedlock (@MishGEA), hoy expondremos el absurdo que se esconde tras este concepto.


Gasto público y PBI

La fórmula del PBI (Producto Bruto Interno) es: Y = C + I + G + (X – M).

PBI (Y) es la suma del consumo (C), la inversión (I), el gasto público (G) y las exportaciones netas (X – M).

Estupidez keynesiana

Por definición, el gasto público contribuye al PBI, no importa lo ridículo que sea gasto. Si el gobierno le pagara a la gente por escupir a la luna, eso se sumaría al PBI.

Pero las consecuencias a largo plazo de tal ridiculez deberían ser obvias.

Japón es prueba suficiente. Lo único que tiene es enormes cantidades de deuda y crecimiento lento debido a décadas de construir puentes hacia ninguna parte.

Extraterrestres al rescate

Asumamos por un segundo que hay una peligrosa escasez de demanda por parte de los consumidores y que la inflación es “demasiado baja”. ¿Qué deberíamos hacer al respecto?

En una entrevista para la CNN en 2011, Paul Krugman sugirió que los extraterrestres podrían arreglar la economía.

Dijo Krugman: “Es muy difícil lograr que haya inflación en una economía deprimida. Pero se puede lograr si se implementa un programa de gasto público sumado a una política expansiva por parte de la Reserva Federal. Si descubriéramos que un grupo de extraterrestres planean un ataque, y necesitáramos construir una enorme infraestructura para defendernos de la amenaza extraterrestre, y la inflación y el presupuesto quedaran relegados a un segundo plano, esta caída no duraría más de 18 meses. Y si luego descubrimos que…oops! hemos cometido un error (…) Hubo un episodio de Twilight Zone en el que unos científicos simulaban una amenaza alienígena con el fin de conseguir la paz mundial. Esta vez necesitaríamos esa amenaza para conseguir un poco de estímulo fiscal.”

Al parecer, si fingimos una amenaza alienígena entonces podremos crear inflación y salvar al mundo de supuestos males como la caída de los precios y la insuficiente demanda.

Lo que se ve y lo que no se ve

No cabe duda de que puede haber un gran salto en el PBI si luchamos contra los extraterrestres (reales o imaginarios). ¿Y luego qué?

Debido a que el efecto a largo plazo de asumir tontamente una deuda totalmente improductiva es negativo, los economistas keynesianos demandarán más y más estímulo fiscal, ¡tal como lo hace Krugman constantemente!

“Lo que se ve” en el contexto de la lucha contra los alienígenas es el impulso a corto plazo del PBI. “Lo que no se ve” es la sustracción neta al crecimiento en el largo plazo que los economistas keynesianos nunca toman en consideración.

La trampa

Caer en la trampa es tomar en serio a los economistas keynesianos como Krugman, ya que al hacerlo cavamos cada vez más profundo dentro del pozo de la deuda.

La solución es valuar de manera realista la deuda improductiva, no aumentar el estímulo fiscal.

Sin embargo, los bancos centrales intentan meter más y más deuda en un sistema claramente sobrecargado de deuda.

Entre todas las creencias económicas ampliamente aceptadas pero claramente falsas, está la absurda idea de que la caída de los precios al consumidor es mala para la economía y que algo se debe hacer al respecto.

En sus intentos de combatir la tendencia defalcionaria de los precios al consumidor, los bancos centrales crean burbujas de activos muy destructivas que con el tiempo estallan, provocando lo que en realidad deberían temer –la deflación de las burbujas de activos que sigue al exceso de crédito bancario invertido en activos inflados–.

Deflación de activos

Los bancos centrales deberían temer a la deflación de los activos, no a la deflación del IPC (Indice de Precios al Consumidor). Incluso el BIS (Banco de Pagos Internacionales) está de acuerdo con esa afirmación.

Sin embargo, tanto los economistas keynesianos como los bancos centrales permanecen unidos en su objetivo autodestructivo de producir inflación.

Los resultados hablan por sí solos: auges y caídas de amplitud creciente.

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