Bitcoin Core / Blockstream no es el problema

Me han preguntado por qué le doy tanta importancia al asunto del tamaño de los bloques, si de todas formas hemos progresado y seguimos progresando a pesar del persistente conflicto por ese “pequeño detalle”. ¿Acaso no viene aumentando la adopción de Bitcoin? ¿Acaso no tenemos un ecosistema cada vez más vibrante? ¿Acaso no hay miles de cosas maravillosas que están siendo contruidas en el mundo Bitcoin? Todo esto es cierto, pero cuidado: sin un adecuado sistema de incentivos, cualquier cosa que sea construida sobre la base de la cadena de bloques será tan fiable como un castillo en el aire.

monopoly

No hay nada más importante en este momento que recordarles a ustedes, bitcoiners, el poder que tienen sobre el destino de Bitcoin. Bitcoin fue creado por Satoshi Nakamoto precisamente para que ningún grupo de iluminados pueda meterse con nuestro dinero. No importa si ese grupo está integrado por ancianos incontinentes al servicio del Estado o por idiot savants al servicio de una compañía (si es que esta compañía no es en realidad un testaferro de algún gobierno).

La previsibilidad es crucial en un proyecto cuyo propósito último es establecer una moneda universal. Por lo tanto, cabe argumentar que el daño provocado por Blockstream (la empresa que pretende lucrar a expensas de Bitcoin) es mucho más profundo que aquel directamente relacionado con la congestión de la red, aunque no tan visible. ¿Cuántos inversores y empresarios del sector han estado postergando decisiones hasta ver un futuro más claro? Nunca lo sabremos con exactitud, pero indudablemente no son pocos. Es normal que ellos vean con preocupación el espectáculo de una discusión amarga y empantanada entre los esbirros de Blockstream y la inmensa mayoría de los usuarios de Bitcoin. No podemos esperar que todos entiendan los mecanismos que gobiernan un sistema monetario basado en código abierto –y por lo tanto la razón por la cual Bitcoin es inmune al control monopólico--.

Sin las maniobras de Blockstream (introducción de obstáculos que eventualmente habrá que pagarles para superar; difamación de los desarrolladores no alineados con sus intereses; censura de la oposición en los foros; ataques de DDoS contra empresas y mineros disidentes, etc.), el precio del bitcoin probablemente sería hoy mucho más alto; la inversión necesaria para mantener un nodo sería, por lo tanto, insignificante en bitcoins; la economía en su conjunto sería más fuerte, la confianza más firme, el efecto de red más intenso… Todo lo cual minimizaría la probabilidad de un ataque gubernamental –no por falta de interés en un Bitcoin lisiado sino todo lo contrario: por la ubicuidad de un Bitcoin cada vez más robusto–.

El problema, sin embargo, no es Bitcoin Core (el cliente Bitcoin que ha sido secuestrado por Blockstream): este no es más que un software que permite al usuario interactuar con la cadena de bloques. Si Core nos trae más problemas que soluciones, podemos desecharlo sin dar ninguna explicación, tal como hacemos con cualquier otro servicio que no cumple con nuestras expectativas. El problema es que muchos creen que necesitamos a la camarilla de Blockstream / Core para que custodie los atributos de Bitcoin y decida quiénes y cómo pueden usarlo.

Nada más lejos de la verdad. Bitcoin sólo mantiene sus propiedades intrínsecamente valiosas (apertura, resistencia a la inflación arbitraria y a la censura, independencia de sustitutos monetarios) precisamente porque el software no puede ser controlado por ninguna entidad monopólica. Así que difundamos la verdad, pongamos en evidencia las intenciones de los Blockstream boys, el obvio conflicto de interés jamás reconocido por ellos, el fraude que aspiran a cometer y sus estrategias para llevarlo a cabo; divulguemos los abusos, la corrupción y la incompetencia de Blockstream… Es importante hacerlo, pero no deberíamos conformarnos solo con eso, porque hay algo aún más importante: fomentar el uso de alternativas a lo que ellos presentan como la única opción.

Bitcoin va a sobrevivir a este ataque –ha sido específicamente diseñado para resistirlo–. Es más: Blockstream muy bien podría estar haciéndonos un favor, involuntariamente, al ayudar a catalizar la descentralización del desarrollo de Bitcoin, y por lo tanto a fortalecerlo en su flanco más débil. En cualquier caso, habrá que prepararse para los coletazos, porque nadie renuncia a un espacio de poder sin dar pelea, especialmente si ha invertido decenas de millones de dólares para conseguirlo.

Recordemos que Blockstream no ha invertido en el futuro de Bitcoin –el precio del bitcoin le tiene sin cuidado– sino en su propio jardín amurallado. El desvío del valor de Bitcoin hacia sus arcas es una estrategia a la que a estas alturas no van a renunciar los Blockstream boys –no pueden hacerlo sin contrariar a un grupo de inversores cada vez más ansiosos y propensos a hacer preguntas incómodas, como por ejemplo “¿cuándo empezaremos a ganar dinero?”–. Y no importa si Bitcoin es destruido en el proceso; de hecho, su visión exige la destrucción de Bitcoin tal como fue diseñado por Satoshi Nakamoto.

Así como en 2011 me pareció de vital importancia ofrecer la píldora roja de Bitcoin a quienes estaban atrapados en la matrix del dinero fiat, hoy me parece fundamental despertar a los bitcoiners que han confundido a Bitcoin Core con Bitcoin, y recordarles que hay alternativas respetuosas de la visión de Satoshi Nakamoto.

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